Francesca Albanese, relatora de la ONU para Gaza, acaba de aventurar, una cifra aproximada de muertos, asesinados civiles, en la Franja que podrán llegar a superar los 500.000, medio millón. Muy lejos de la cifra oficial de 66.000. La razón estriba en los centenares de miles de cadáveres que deben existir debajo de los millones de toneladas de escombros.
Señora Natalia Chueca, sus declaraciones ante los medios de comunicación sobre la situación en Gaza me han llevado a la reflexión. Cierto es que usted merece pocos segundos de atención, pero la falta de empatía en ellas es tan enorme que me mueve a hacerlo, a escribir unas líneas.
Dan náuseas, sencillamente. A pesar de que, por dentro, calificaciones a las que ustedes son muy aficionados y que versan con la fruta se agitan leyendo tal ausencia de sensibilidad, el desprecio que subyace hacia los miles y miles de niños y niñas muertas en el genocidio de Gaza, me impongo, como siempre lo hago, evitar cualquier asomo de insulto a su persona.
Pero dan náuseas. Vómitos en donde se mezclan asco hacia su cinismo y la aversión para quien mira a otro lado. Sus intentos de salir del atolladero cuando le preguntan si es genocidio lo que ocurre en Gaza, me recuerdan, no puedo evitarlo, a la actitud del alcalde de la Linz nazi cuando olía la peste de carne quemada del campo de exterminio cercano de Mauthausen y se ponía el pañuelo perfumado en sus narices cerrando la ventana.
Mezcla cualquier cosa para salir del aprieto; multitud de palabras, de conceptos, salen de sus labios, atropelladamente, para evitar decir, claramente, lo pedido: su opinión. Confunde Hamás con ETA, Ucrania con antisemita, polarización con Bildu, Venezuela con Gaza. Pero calla ante la pregunta clave. Aunque no hace falta que diga mucho más. Con lo que NO dice, se alinea, profundamente, con las tesis de quien matan por placer, por exterminar a todo un pueblo. Ayer, los judíos por los nazis de Hitler. Hoy, los palestinos por nazis sionistas. Por cierto, como supongo que su nivel cultural no da para más, tan semitas son los palestinos como los judíos. Aprenda un poco si es que puede.
Su sonrisa servil −cada día que pasa me recuerda más a una sonrisa artificial, postiza, tan falsa como sus declaraciones− produce espasmos. He de pensar que le han dicho lo que tiene que expresar, repetir en estas circunstancias si es que quiere seguir su carrera política; salir en una foto que le dará, seguramente, mucho más dinero que su trabajo anterior. También produce pena y el extravío de su conciencia, además de arcadas a parte de quienes escuchamos.
Supongo que conoce la acepción que la RAE determina para la falta de ánimo y de valor. Probablemente, tendrá que aprenderla. Su compañero y mentor, ante la misma pregunta que a usted, lo ha calificado de “desgracia”. También es nauseabunda semejante comparación.
No me representa. Reniego de ello. Creo que esta repulsión es compartida ampliamente. Es posible que usted también se alegre de que yo, y muchos y muchas más, no seamos representados suyos. En mi caso, no quiero tener la menor relación moral o ética con alguien que, al igual que el alcalde, alcaldesa en esta ocasión, de la ciudad nazi de Linz, mira hacia otro lado con su cenefa perfumada. Pañuelo que, a su pesar, no evita las miasmas de mensajes que hieden peor que la carne quemada.
Siga usted con su pan y circo, con sus opciones fáciles y su sonrisa aduladora, con sus luces de neón y figuras de polichinela, sus maceteros de flores desmochadas y sus poses para la prensa o selfis para Instagram. Siga vertiendo declaraciones de esta guisa sobre la concienzuda limpieza étnica −genocidio− y horrores aplicados por unos nuevos nazis. Corre el riesgo real de difuminarse entre ellos. Espero el día que mis conciudadanos y conciudadanas la envíen, a usted y a quienes son como usted, al ínfimo estercolero de la Historia.
Termino con el principio: “Allá usted con su conciencia… Si es que la tiene o encuentra”.





