Alcañiz, 88 años después del bombardeo fascista: memoria frente al silencio

El 3 de marzo de 1938 la aviación fascista italiana, aliada del golpista Franco, descargó más de un centenar de bombas sobre la población civil de Alcañiz. La sociedad civil aragonesa recuperó a principios de este siglo la memoria de las víctimas, y desde el 2016, el Ayuntamiento de la capital del Bajo Aragón organiza un homenaje institucional a estas víctimas del fascismo internacional.

El fatídico 3 de marzo de 1938 la aviación fascista italiana, aliada del golpista Francisco Franco y por orden de este, descargó más de un centenar de bombas sobre la población civil alcañizana. Como resultado, centenares de personas fueron asesinadas y otros muchas heridas en uno de los ataques más devastadores de la Guerra de 1936-1939 en Aragón. Durante décadas, aquel crimen de guerra, triste precursor de las matanzas de militares a civiles indefensos que en la actualidad se han convertido en habituales, quedó sepultado bajo el silencio impuesto por la dictadura franquista y prolongado por una transición que miró, como en tantos otros temas, hacia otro lado.

Este 2026, 88 años después, la capital del Bajo Aragón conmemora una década de homenajes institucionales, que el movimiento memorialista primero, y la izquierda independentista aragonesa después, ya recuperaron unos años antes, y que recuerdan que la memoria no puede depender únicamente de actos simbólicos, y menos aún tras la derogación de la Ley de Memoria Democrática de Aragón por PP y Vox en la anterior legislatura de las Cortes.

Del silencio al rescate historiográfico

La recuperación pública de lo ocurrido no empezó en los despachos institucionales, sino en el ámbito de la investigación histórica y el activismo memorialista. En 2003, el historiador José María Maldonado publicó ‘Alcañiz 1938. El Bombardeo Olvidado’, una obra clave para documentar la magnitud del ataque y devolver nombres y contexto a las víctimas civiles del fascismo.

A ello se sumó el hallazgo de fotografías aéreas en un archivo militar en Roma, imágenes tomadas por la propia aviación italiana tras el bombardeo, que mostraban la ciudad de Alcañiz arrasada desde el aire. Aquellas fotografías no solo confirmaban la dimensión de la masacre: evidenciaban la planificación y la voluntad ejemplarizante del ataque contra población civil. Tristemente, Alcañiz fue precursor de los crímenes de guerra que los ejércitos han venido cometiendo después durante todo el siglo XX y comienzo del actual.

Ya en 2012, AraInfo publicaba un pequeño reportaje que incidía en el carácter silenciado del bombardeo y en la necesidad de verdad, justicia y reparación. Aquella cobertura formaba parte de un esfuerzo más amplio por situar el 3 de marzo de 1938 en el mapa de la memoria democrática aragonesa, donde durante mucho tiempo había ocupado un lugar marginal en comparación con otros episodios de la contienda. Y que las entidades memorialistas consiguieron después que fuese oficialmente declarado en Aragón como Día de la Memoria democrática.

La memoria desde abajo: homenaje y reivindicación

En los últimos años, organizaciones de la izquierda independentista aragonesa han realizado actos propios de homenaje a las víctimas, reivindicando no solo el recuerdo, sino también el contexto político: el bombardeo fascista italiano se produjo en el marco de la ofensiva franquista sobre el Aragón republicano y democrático. Poco meses antes se había desmantelado el Consejo de Aragón, antecedente en autogobierno y como institución democrática del actual Gobierno de Aragón o Diputación General de Aragón (DGA), que fue eliminado  por el centralismo republicano madrileño.

Estos colectivos han insistido en señalar la responsabilidad del fascismo internacional —en este caso, la aviación italiana aliada de Franco— y en vincular la memoria histórica con las luchas actuales contra el autoritarismo y el negacionismo. Para estas formaciones soberanistas aragonesas, recordar el bombardeo no es un gesto ritual, sino una afirmación política: sin memoria no hay democracia sólida.

Diez años de actos institucionales

Desde 2016, el Ayuntamiento de Alcañiz organiza un homenaje anual a las víctimas, independientemente del signo político de la alcaldía. Este 2026 se cumple pues una década de estos actos de carácter oficial.

El programa oficial previsto para este año incluye: el mismo 3 de marzo a las 17:30 horas, un acto conmemorativo en la plaza 3 de marzo, con ofrenda de claveles rojos y actuación del alumnado de la Escuela Municipal de Música y Danza. Una visita guiada a uno de los refugios antiaéreos, símbolo de una protección que aquel día no funcionó, pues el sistema de alerta falló y la población fue bombardeada sin previo aviso. Y, a las 19:00 horas, en el Auditorio Palacio Ardid, una conferencia del historiador y escritor Pedro Ciria, titulada “Alcañiz y el Consejo de Aragón a través de la novela. La última bandera”.

El 6 de marzo continuará la programación con la representación teatral ‘El dolor del silencio’, adaptación de la novela homónima de Maldonado, a cargo del grupo juvenil La Cucarachona. Además, el Hall del Liceo acogerá la exposición “3 de marzo de 1938: el bombardeo silenciado” del 3 al 7 de marzo, y la Oficina Municipal de Turismo ofrecerá visitas guiadas gratuitas al refugio antiaéreo durante el fin de semana.

Además, el año pasado se instaló una placa en la plaza 3 de marzo en memoria de todas las víctimas, consolidando ese espacio como lugar físico de recuerdo colectivo.

Memoria democrática contra involución trumpista

Sin embargo, esta conmemoración se produce en un contexto político marcado por la derogación de la Ley de Memoria Democrática de Aragón por parte del Partido Popular y Vox. La supresión de ese marco legal ha sido criticada por colectivos memorialistas y organizaciones sociales, que advierten de un retroceso en las políticas públicas de exhumación, investigación y reconocimiento de las víctimas del franquismo.

La paradoja es evidente: mientras en Alcañiz se consolida una década de homenajes municipales, el paraguas aragonés que debía garantizar políticas estructurales de memoria ha sido desmontado. Sin apoyo institucional sostenido, la memoria corre el riesgo de depender del voluntarismo local o del empuje de asociaciones y familiares.

Conviene recordarlo: el bombardeo de 1938 no fue un “daño colateral” en una guerra entre ejércitos. Fue un ataque deliberado contra población civil, ejecutado por la aviación de la Italia fascista en apoyo al golpe militar franquista. Nombrar las cosas con precisión no es reabrir heridas; es evitar que se cierren en falso y procurar que no vuelvan a repetirse.

Ochenta y ocho años después, la pregunta sigue siendo incómoda pero necesaria: ¿puede una sociedad democrática como la aragonesa permitirse el lujo de relativizar su propia memoria antifascista? En Alcañiz, cada 3 de marzo, la respuesta se construye con flores rojas, investigación histórica y la convicción de que el silencio nunca fue neutral.

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