Agustín Comotto: “Lenin sería un influencer hoy en día”

Agustín Comotto (Buenos Aires, 1968) aprendió a dibujar cómics de Alberto Breccia y Leopoldo Durañona, colaborando con diversos medios en Argentina y Estados Unidos. Desde los años 90, se ha dedicado exclusivamente a los libros, tanto como ilustrador como autor. Le entrevistamos con motivo de su último libro, una biografía ilustrada de Lenin.

27 mayo, 2024. 14:03
Agustín Comotto: “Lenin sería un influencer hoy en día”
Foto: Anna Canyelles

Comotto ha publicado libros en México, Venezuela, Argentina, el Estado español, Corea e Italia. En el año 2000, recibió el premio “A la orilla del Viento” de la editorial Fondo de Cultura Económica, y en 2001, la mención White Raven por su álbum "Siete millones de Escarabajos", del cual es autor e ilustrador. Desde 1999, reside en Corbera de Llobregat, un pueblo cercano a Barcelona. En la editorial Nórdica, ha ilustrado "La muerte de Iván Ilich", "Veinte mil leguas de viaje submarino", "La maravillosa historia de Peter Schlemihl" y "La caída de la casa Usher". Le entrevistamos con motivo de su último libro, una biografia ilustrada de Lenin.

¿Cómo empezaste a dibujar?

Mira, la leyenda dice que… (ríe) No, fuera de broma. Dibujo desde que soy muy niño.

El acto para mí más decisivo fue cuando me contagié de hepatitis en el colegio cuando vivía en Madrid y tenía nueve años. Me quedé dos meses en casa sin salir, porque en esa época se trataba así la enfermedad. Y descubrí que dibujando el tiempo era más rápido y se pasaba mejor. Y ahí empecé a dibujar cómics, porque me encantaba Spirou, Asterix, y copiaba las viñetas. Ahí aprendí que lo que en realidad me gustaba es explicar historias, mucho más que dibujar.

No me entretenía tanto dibujar una escena y listo, sino que pensaba: ¿Qué pasa después y antes de esto que estoy dibujando? Y para responder a eso está el cine o el cómic. Y como era más barato el cómic, me dediqué al cómic. Y aquí estamos, sigo dibujando cómics y hago novelas gráficas.

Llegaste al Estado español en 1999, ¿echas de menos Argentina?

Para nada. Yo viví en España desde el 76 al 82. Luego volví a Argentina. O sea, que tengo la EGB. Y tengo toda la memoria de mi generación española. Luego volví a vivir a España al área de Barcelona, en el año 99. Y sigo viviendo en el mismo sitio.

(Suenan Los Secretos de fondo) Mira, esto es de mi época.

La cuestión es que no extraño a Argentina. Argentina es un país lejano en mi cabeza. Lo visito porque ahí viven mi hermano y mi madre, mi hermana vive en Madrid.

Creo que la mejor manera que tengo de relacionarme con el país es vivir fuera. Es un país complejo, convulso. Y tengo en él una historia convulsa también de familia, producto de las movidas políticas de los 70.

Aquí estoy a gusto. Y me siento parte, no me siento extranjero. También me pasa una cosa divertida. Tengo acento argentino, pero matizado. Se me mantiene, en gran medida, porque vivo en Catalunya. Y vivo en un entorno catalán, hablando otro idioma. Con lo cual, de alguna manera, protegió mi castellano originario. Cosa que agradezco.

¿Qué te aporta a tu arte, a tu manera de contar historias, o a tu manera de dibujar, el hecho de haber cabalgado entre dos países? ¿Tú crees que se ve reflejado en tu arte?

Sí, porque los países tienen estéticas. Y cada estética, en el caso de la gráfica editada, hay escuelas muy concretas. Argentina tiene una escuela muy rica de ilustración y de cómic, que viene de otro espacio que no es España. Una parte sí, pero no todo. Creo que la gran influencia que genera lo que se llama la escuela argentina de historieta, de cómic, con valores como Brecha, Durañona o Hugo Pratt también, porque vivió en Argentina, es parte de eso.

Es muy diferente a la escuela de cómic española, que también me influencia. Especialmente toda la época de la revista El Víbora, y también un poco de 1984. Tengo influencia de todo eso. Pero de Argentina tengo influencia de otras revistas y otros autores. Con lo cual bebo de ambos lados.

Si no hubieras sido ilustrador, ¿Qué hubieras hecho? ¿Tienes alguna otra vocación?

Si me lo preguntas mañana diría otra cosa, pero hoy te diría que me hubiera dedicado a estudiar física, especialmente física cuántica. Me fascina. Otra actividad que me fascina es la historia, me gusta mucho leer libros de historia densos, que sean de lectura densa.

Me gustan periodos históricos y, cuando me engancho en uno, lo estudio de manera compulsiva. Y leo desde diferentes ángulos, y busco situaciones opuestas, contraponer discursos.

Para el libro que presentas, Lenín, ¿has hecho esa investigación exhaustiva histórica?

En mi personaje, he hecho una investigación de unos siete meses, el tiempo que me costó hacer el libro. Pero es que vengo leyendo sobre ese periodo histórico muchos años. Tengo más trabajos hechos en torno a esa época, y tengo bastante lectura, sobre todo desde ángulos diferentes, especialmente las vanguardias, la cuestión estética, y la creación de la Unión Soviética. Al mismo tiempo sucedieron cosas estéticas extraordinarias en Rusia. Te pongo un caso. El cine de Eisenstein. Se le ocurre cortar los fotogramas y empalmarlos, y se da cuenta que puede hacer un sistema narrativo con eso. Y él crea las primeras. Potemkin o Octubre es una prueba.

Generan ciencia ficción, que me fascina. Aelita, por ejemplo, es una película de ciencia ficción rusa, donde toda la estética del planeta, donde viaja el hombre soviético a comparar las civilizaciones, está diseñada por vanguardistas de la época, grandes pintores y escenógrafos.

De la misma manera me fascina la literatura. Es un periodo que lo tengo muy estudiado en diferentes ángulos.

Vamos a hacer un ejercicio de imaginación. Llega Lenin y, en un ejercicio de entretenimiento de máquina del tiempo, llega aquí, llega ahora. Y te dice: Agustín cuéntame: ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Tengo cabida?

¡Qué buena pregunta! Si analizamos desde un punto de vista ideológico, es decir, lo que es la creación del comunismo, no lo sé. Porque no sé si es algo aplicable al día de hoy. Es probable que él hubiera hecho otro desarrollo del marxismo acorde al siglo XXI.

Sí te diría que se fascinaría en gran medida sobre las armas que podría llegar a tener para influenciar en la sociedad. Creo que va por ahí tu pregunta. Es decir, el otro día hablábamos sobre cómo se hubiera desarrollado delante de TikTok.

¿Sería un influencer?

Yo creo que sí que, en gran medida, iría por ahí. De hecho, es la manera más efectiva de manipulación de masas que existe actualmente. Entonces, si nos ponemos por caso, fuera de hablar del comunismo, una persona que entiende de manera absolutamente natural la manipulación de masas actual, que es el caso de Donald Trump, un verdadero maestro en mantenerse siempre pendiente a qué pasa día a día. La gente quiere saber qué hace día a día.

Y eso es gracias a que no tiene ningún tipo de prejuicio moral en estar en primer plano porque abusó de una mujer; en estar en primer plano porque intentó dar un golpe de Estado a su país o porque está vendiendo Biblias mormonas o lo que sea que esté haciendo ahora para recaudar fondos para su campaña.

A él no le importa todo eso, lo que le importa es estar en el escenario todo el tiempo. Y va a ganar las elecciones probablemente, si no lo para la justicia. Tiene muy claro cómo manipular la imagen y el discurso. ¿Qué discurso tiene? Es muy simple, América para los americanos. ¿Qué quiere decir eso? Nada y todo. No tiene discurso. O sí, no sé. El discurso de este tipo de autoritarismos es ese.

Por ejemplo, el discurso: “En Madrid sí que sabemos lo que es la libertad” ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué quiere decir libertad? ¿En qué contexto? ¿Libertad para qué? ¿Para tener un Rolls Royce? ¿La gente de Vallecas tiene cada uno un Rolls Royce? ¿Es libre de tenerlo? ¿Qué es la libertad?¿ A ver quién tiene más, quién acapara más, quién menos?

¿Libertad de un transexual para sentirse una persona? En Madrid no la tiene. Pero ella dice eso. Y no la quiero citar, no quiero que ocupe espacio en mi entrevista.

Vivimos en una época post-orweliana en donde la manipulación de las palabras está al orden del día. Y la apropiación de las palabras. Porque, por ejemplo, esto es una cosa que es interesante en relación a Lenin. La satanización de la palabra Lenin, de la palabra socialismo, es una cosa muy propia del siglo XXI, en donde se ha llevado el significado del concepto socialista prácticamente al concepto terrorista.

Y los que se dicen socialistas y trabajan en partidos políticos para ganar el socialismo, no practican el socialismo. Son de centro-derecha. Entonces, si no estamos en el mundo como se imaginó Orwell en 1984, que alguien me lo explique.

Es increíble. Mira Putin. Dice que no hace guerras, hace operaciones militares. No existe el concepto de guerra.

La importancia de las palabras. Lo que no nombras no existe. Hablando de palabras. Cuando uno empieza un libro en el que vas a ser responsable total, ¿Con qué se empieza? ¿Se empieza con las palabras? ¿Se empieza con los dibujos? ¿Cómo es ese proceso?

Cada autor te dirá algo diferente. Te cuento una experiencia: a veces empiezo por palabras, y a veces empiezo por imágenes. En mi cuaderno apunto frases sueltas que me llaman la atención, y a veces me disparan a imágenes.

Y a veces es una imagen que me dispara a escribir sobre ella. Tengo un cerebro muy visual, en ese sentido, producto del oficio, yo diría. En este contexto, Lenin empezó con palabras, porque empecé escribiendo sobre él. Y antes de las palabras, Lenin empezó leyendo mucho. Y la imagen salió sola.

¿Y entonces el inicio de Lenin? ¿Alguien te dice de hacerlo o sale de ti?

No. El Lenin es producto de un encargo editorial. Yo estaba trabajando en mi novela gráfica, Stein, que toca bastante el tema soviético también, porque uno de los personajes, que es el que le da el nombre al titulo del libro, fue parte de la Guardia Roja de Trotsky y termina de Mayor en la Segunda Guerra Mundial emigrando a Argentina, donde conoce a la protagonista del libro.

Estaba haciendo este libro y la editorial Nórdica y Capitán Swing, que hacen cada cierto tiempo libros gráficos con compromiso político e histórico y me dijeron: ¿Cómo ves hacer un libro sobre el Lenin? Y le dije: Lo veo muy bien, porque es un personaje que me fascina y, además, me estáis dando la oportunidad de meterme de pleno en el personaje, que no todo el mundo tiene suerte de eso. Y ahí comienza un esfuerzo muy grande para ponernos de acuerdo, porque yo veía de una manera el libro, ellos lo veían de otra, entendí lo que veían y me puse en función de eso.

Me costó, porque es más difícil el libro que he hecho que ponerme a escribir de firme muchas páginas sobre el personaje. Es un ejercicio de no poner cosas y mostrar mucho en el libro.

Claro, porque has hecho un ejercicio de resumen enorme porque en realidad es un libro muy corto, que se lee muy rápido.

Y tratando de abarcar. Te pongo un ejemplo: sería como cortar una tarta así y cada capa es un espacio, un estrato diferente social o de análisis. Me preocupé tanto de la época de los nihilistas, como de las vanguardias rusas, como de las mujeres olvidadas que hay por ahí abajo dando vueltas, como de la personalidad de él, como del culto a la personalidad, como de la Primera Guerra Mundial y como de los anarquistas rechazados en la Guerra Civil Rusa.

Me preocupé de muchos estratos diferentes para tratar de que el espectador, el lector, pueda tener un conjunto mucho más global. Como en la novela Manhattan Transfer, que cuentan cosas sobre Nueva York y al mismo tiempo no cuenta nada, porque te está dando una visión global.

Yo quería un poco eso, que te pongas contemporáneamente con el personaje para entender por qué hace lo que hace. Por ejemplo, tú te pones a hablar y yo puedo hacer un perfil de cómo eres. Si te veo en el metro, a 20 metros, mirando tu móvil, también me estoy haciendo un perfil de cómo eres. Y si tienes una crisis con una amiga en la calle y yo oigo algo, también veo cómo eres. Entonces, ¿cómo eres? La suma de todos esos pequeños trocitos van a conformar en el espectador, que nunca te ha visto, un personaje diferente. Me interesaba esa manera de contar.

Es como cierta teoría que hay una tendencia dentro del teatro, por ejemplo, de poner gente de espaldas al espectador hablando en el escenario. Estás mostrando una escenificación diferente. Porque en la vida, la mitad de la gente con la cual estás, está de espaldas. Yo tengo gente en mi espalda, alguien está mirando a mi espalda.

Tienes un estilo muy particular cuando lo dibujas, muy explosivo, muy llamativo, que parece que se mueven las cosas aunque estén en un papel. ¿Ese estilo cuando tú te pones a dibujar es como muy concienzudo o fluye a lo largo del proyecto porque tú eres así?

En general, cuando uno dibuja, salvo raras excepciones, hace lo que puede, no lo que quiere. Lo que parece fácil no lo es y hay mucho curro en el sentido de repetir dibujos que no me acaban de gustar. Termino un libro y hago una ilustración entera de nuevo porque no me gusta en contexto con el resto porque existe la masterización, es decir, visualizar de manera entera el libro y ver donde las cosas se hacen así, se balancean. En el caso concreto de este libro busqué deliberadamente estos colores y busqué deliberadamente reproducir imágenes que ya existían mediante fotografía.

Por ejemplo, hay una imagen concreta que hay un monumento absolutamente constructivista y está Lenin hacia arriba. Esa imagen es un cartel iconográfico propio de la época. Lo único que hice es reproducirlo y cambiarle estéticamente un par de cosas y le pongo palabras. Me interesaba puntualmente porque quería reproducir exactamente ese cartel porque creo que significa muchas cosas. Sé que es un tostón repetir un cartel exactamente igual pero me importa en función del libro y por eso lo hago.

En este caso concreto trabajé con muchísima documentación la cual distorsioné para que quede en un estilo mío y después hay otra parte que no distorsioné tanto porque tengo que reproducir caras que existieron y quiero que sean reconocidas. Y ahí me preocupo porque las cosas sean como eran de una manera naturalista.

En otros libros utilizo otras técnicas narrativas. Tengo esta suerte o desgracia de tener un estilo bastante adaptable o que el texto me dispara de manera diferente con lo cual puedo mover la mano para un lado o para el otro, donde me sienta más cómodo con la narrativa. Si la narrativa es de un libro o de un texto es satírica, puedo hacer sátira con la mano.

Tengo la capacidad de dibujar de una manera más divertida o más gag. Pero también puedo ser muy fotográfico si quiero o interpretar fotografías y en este caso utilicé parte de las cosas de ambas cosas.

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