A vueltas con la Memoria

La historia de la represión sobre las clases populares es muy vieja en nuestro país y, en realidad, en todos los rincones del mundo. El deseo de cambiar la realidad para llegar a conseguir un mundo más igualitario y más justo para la mayoría es una aspiración universal. Esta represión en nuestra tierra, adquirió una dimensión especial a partir del 18 de julio de 1936 cuando un numeroso grupo de militares conservadores traicionó su juramento de lealtad a la joven democracia española y se lanzó a una feroz caza de todo aquel que se pudiera oponer a sus aspiraciones involucionistas. A la …

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La historia de la represión sobre las clases populares es muy vieja en nuestro país y, en realidad, en todos los rincones del mundo.

El deseo de cambiar la realidad para llegar a conseguir un mundo más igualitario y más justo para la mayoría es una aspiración universal.

Esta represión en nuestra tierra, adquirió una dimensión especial a partir del 18 de julio de 1936 cuando un numeroso grupo de militares conservadores traicionó su juramento de lealtad a la joven democracia española y se lanzó a una feroz caza de todo aquel que se pudiera oponer a sus aspiraciones involucionistas.

A la muerte del dictador de este régimen ilegítimo se creyó en las cosas podían volver, de alguna manera, a su cauce.

Vimos, con contención y estupor, cómo el franquismo pactaba a su conveniencia con las fuerzas políticas democráticas para mutar amparándose en un gran pacto del olvido, que aún perdura.

¿Si tan legítimo fue lo que hicieron, porqué tanto interés en el olvido?

Y así tuvimos:

Los mismos jueces, con pequeños cambios en la denominación de los tribunales, que pasarían de dictar sentencias de muerte a aplicar la nueva legislación democrática en una mutación milagrosa.

Los perseguidores de los demócratas, sus torturadores, convencidos defensores de la dictadura, pasaron a cambiar el color de su uniforme a la vez, parece ser, que su mentalidad, para convertirse en los defensores de la ley democrática.

Las empresas que me medraron con la represión franquista y vieron una oportunidad mayor que nunca de ampliar sus objetivos comerciales, apuntándose estos “Neo demócratas” al desmantelamiento de INI obteniendo pingües beneficios.

De los militares para que hablar, se olvidaron de los “úmedos” que habían luchado en el seno de la organización más franquista del Estado por su democratización, y les dieron más beneficios que a cualquier otro estamento del organigrama postfranquista. Había que tenerlos contentos.

Y, por supuesto, el Rey impuesto por Franco como sucesor, era una pieza fundamental para la transformación del régimen. A la institución no le valía con su reimplantación y su asentamiento tras el 23F, tenía que seguir con las prácticas que llevaron a su antecesor también al exilio. Se le olvidó atrás su hijo, para nuestra desgracia.

A no olvidar el franquismo sociológico, ese lavado de cerebro que duró cuarenta años y había apresado a una sociedad donde todo está “atado y bien atado” y aún nos dura.

El régimen se blanqueó así mismo y preparo a la sociedad cautiva para aceptar las premisas que hicieron aceptables hasta leyes de Punto Final y, para la aparente transformación que he descrito, los intentos de enseñar a la ciudadanía para introducirles en el conocimiento de las instituciones y sus derechos y deberes de la Nueva Democracia fueron considerados adoctrinamiento por los franquistas (y ellos de esto sabían mucho) y descartados.

El control de los medios de comunicación también fue fundamental para hacer que los humildes se miraran de reojo y votarán a las opciones de sus patronos en contra de sus propios intereses.

La derecha de nuestro país es la derecha de siempre: la que reprimió a los mineros de Riotinto para favorecer a una empresa británica, la que mandó pistoleros mercenarios para desmovilizar a balazos a los obreros de la “Canadiense” (por cierto, otra empresa extranjera), la que sacó ametralladoras a la calle para disparar sobre quienes protestaban contra las guerras colonialistas; ese último empeño imperialista de militares y monarcas, qué tantas vidas costó a los hijos de los trabajadores.

Esa derecha que se hizo fascista en los años 30, con esos lemas de JEFE, JEFE, JEFE al más puro estilo del Fúhrer y del Duce.

La que preparó el golpe de Estado del 36 (aunque ni ahora lo reconocen como tal) y que señaló a los mejores elementos de sindicatos agrarios e industriales en largas listas de la muerte. Que vivió muy a gusto en una sociedad que reprimió a la mujer y mantuvo a toda la sociedad bajo la bota militar.

Naturalmente ellos consideran que la represión fue justa y hasta la reivindican.

¿Qué ha pasado para que una gran parte de esta sociedad haya aceptado esa premisa? pues que ya no nos acordamos de todo lo que sucedió, bien se han preocupado de conseguirlo.

La amnesia es muy beneficiosa para los herederos de los asesinos y también muy cómoda para el resto de la sociedad acomodaticia que han sabido conformar.

De ahí nuestra insistencia para que las víctimas tengan Verdad, Justicia y Reparación y para ello es necesario:

  • La condena al franquismo en sede parlamentaria, para que quienes no quieran hacerlo se retraten públicamente
  • Un Libro Blanco hecho con el trabajo de los expertos que analicen a fondo la magnitud del problema histórico (muertes, desapariciones, robos de identidad, compensaciones por cárcel, trabajo esclavo o ejecuciones, exiliados, topos, devolución de patrimonio robado, etcétera, etcétera, todo esto con nombres y apellidos)
  • La derogación de la Ley de Punto Final que es la preconstitucional de amnistía
  • Exhumaciones oficiales y también a petición de las familias
  • Y en paralelo a todo esto por justicia, por cultura, por reconocimiento y por garantía de no repetición: estudios, homenajes, exposiciones, y educación, sobre todo mucha educación

El conocimiento del pasado, sobre todo cuando es traumático es fundamental para una sociedad. Una guerra civil tarda, al menos, tres generaciones en ser superada por una comunidad, pero si tergiversamos los hechos, ocultamos la verdad y negamos las evidencias esta realidad no será nunca superada y tendremos un alto riesgo de repetir los graves errores del pasado.

La juventud no sabe lo que fue el fascismo y ahora aparecen nuevos profetas que les consiguen vender la porquería de siempre en tarros nuevos.

Es una responsabilidad de nuestras instituciones que no han hecho nada para que esto no fuera posible.

Ésta es pues, hoy día, la tarea más importante que debemos afrontar las asociaciones memorialistas ante la inacción potencialmente criminal del Estado.

Clamamos en el desierto, pero seguimos haciéndolo pues sabemos las consecuencias de dejar crecer al monstruo.

Ahí estaremos frente a ellos, siempre.

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