Los tiempos cambian, las cárceles no

Este domingo se celebrará la XV Marcha contra la Macrocárcel de Zuera, en un fin de semana plagado de actividades informativas y reivindicativas en torno a la privación de libertad

08 abril, 2016. 19:09

Este domingo, 10 de abril, decenas de personas volverán a encontrarse en la cárcel de Zuera, en una jornada reivindicativa que pretende visibilizar la situación de las personas privadas de libertad.

Una vez más, como desde hace quince años, los muros de Zuera serán testigos de voces solidarias, radio, música en directo, mesa redondas, teatro y otras actividades que completarán esta jornada de solidaridad entre las doce y las seis de la tarde.

Además, diversas actividades, organizadas por la Iniciativa Ciudadana Contra las Macrocárceles, tienen lugar durante todo el fin de semana, en el Centro Social Okupado Kike Mur, situado en el edificio de la antigua prisión de Torrero.

La Iniciativa Ciudadana Contra las Macrocárceles son un grupo de personas y colectivos con el objetivo de denunciar la constante y cada vez más represiva política penal, penitenciaria y social del Estado Español, que no hacen sino perpetuar las desigualdades e injusticias sociales, que incrementan el sufrimiento de las personas presas, así como de sus familiares y amigos.

Este domingo, la marcha en bicicleta a la Macrocárcel de Zuera será la primera en partir. A las 9.30 horas decenas de ciclistas partirán desde la Plaza de la Madalena de Zaragoza. A las 11.00 será el momento de quienes deseen acercarse hasta Zuera en autobús, que lo harán desde la Plaza Rebolería de Zaragoza. Los bonos de viaje y comida se pueden adquirir en diversos espacios a 6 euros. También se puede colaborar con un bono de apoyo de 3 euros.

[alaya_toggle status="open" title="Comunicado de la XV Marcha contra la Macrocárcel de Zuera"]

Los tiempos cambian, las cárceles permanecen. Solidaridad dentro y fuera de los muros

Una de las que parecen no cambiar es el sistema penitenciario y todo lo que lleva aparejado. Por un lado por el mismo sistema en sí. Aún con tímidos intentos de mejora en las condiciones de vida en las últimas décadas el concepto de cárcel como almacén de personas marginadas esencialmente no cambia.

Las últimas reformas, de hecho, han incidido en la idea de la cárcel de siempre: del puro concepto punitivo. Si no es así ¿Qué otro sentido puede tener el implantar la cadena perpetua si no es la idea del castigo? Ni tan siquiera se recurre a maquillar las penas de prisión con la idea de reinserción. En el mismo espíritu de la ley parece que se asuma ya poco menos que la intrínseca maldad del condenado.

No nos podemos llamar a engaño. Porque en los últimos años haya descendido levemente el número de personas encarceladas en el Estado español hasta las 65.000 que hay en estos momentos, eso no quiere decir que haya desaparecido el hacinamiento, o que las condiciones carcelarias sean mucho mejores.

Muchos males endémicos ahí siguen. Las las personas presas enfermas que mueren entre rejas, los suicidios o la dispersión aplicada a quien se atreve a plantar cara. Tampoco ha desaparecido la idea que llevó a construir las macrocárceles totalmente alejadas de cualquier población, como pena añadida a las familias y amigas que quieren acudir a las visitas. Familias para las que, a menudo, supone un gasto considerable.

Es positivo que existan alternativas al talego, algunas hay, aunque se aplican poco. Pero pensamos que es malo que no cambie el concepto social de la cárcel como vertedero de personas. Una parte de la ciudadanía ve normal que un adicto o un enferma mental termine en el talego. No falta quien vea normal que sean inmigrantes los que pueblen las cárceles o que una persona transexual tenga muchas más posibilidades de terminar encarcelada. Es más fácil normalizar esto que pararse a pensar que son las condiciones económicas las que crean el delito y no la procedencia, la elección de género o simplemente la enfermedad. No queremos olvidarnos de los y las presas políticas. Sí, las hay. Por montajes policiales y por sentencias de ese auténtico tribunal de excepción que es la Audiencia Nacional. Con penas totalmente desproporcionadas y sometidos a dispersión.

También es conveniente meter el dedo en la llaga y asumir que la cárcel, como reflejo fiel de la sociedad, no deja de ser un espacio donde muchas personas permanecen pasivas. En el que se echa en falta que sean las personas presas las que generen la resistencia a sus condiciones de vida. Aunque fácil no es. Quien planta cara sabe lo que le espera. Por lo pronto bien puede ser que una paliza y luego un largo viaje a otra cárcel. Eso, por no hablar del oscuro lado de la medicación forzosa.

No queremos agobiar con datos. La realidad está allí y esperamos que no tengas que conocerla desde dentro. Pero te invitamos a hacer una visión crítica de lo que sucede tras los muros. Aquella que rara vez se refleja en los medios.

Porque parece que algunas cosas cambian, pero otras siguen igual de mal o peor. Nos tememos que la cárcel es una de ellas. Las cárceles no sirven, las macrocárceles tampoco.

Más información: Facebook.com/marchazuera

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