Fracaso de las negociaciones en la Cumbre de Lima contra el cambio climático

Desde que en 1994 entrará en vigor la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático -UNFCCC- obligando a los estados firmantes a cumplir el objetivo de reducir las concentraciones de gases de efecto invernadero -GEI- en la atmósfera, han pasado muchos años y muchas cumbres de estado.

15 diciembre, 2014. 07:09
Foto: COP
Foto: COP20

Desde que en 1994 entrará en vigor la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático -UNFCCC- obligando a los estados firmantes a cumplir el objetivo de reducir las concentraciones de gases de efecto invernadero -GEI- en la atmósfera, han pasado muchos años y muchas cumbres de estado. Todas ellas sin resultado práctico alguno, cuando no han supuesto retrocesos en la lucha contra el cambio climático.

Hemos conocido los fracasos del Protocolo de Kioto en 1997, de la Ruta de Bali en 2007 y de la Plataforma de Durban en 2011. Aunque los gobiernos y gran parte de la prensa internacional hayan ‘vendido’ estas reuniones y sus acuerdos como “avances en la lucha global contra los efectos del cambio climático”, siempre han resultado papel mojado al enfrentarse en la práctica a los intereses de las corporaciones capitalistas.

Así, la Cumbre del Clima de Lima no ha sido una excepción. Ayer, pocas horas antes de su clausura se aprobó “El llamado de Lima para la Acción Climática”, una declaración, que una vez más, deja todos los temas abiertos hasta la próxima cita, París 2015. Eso sí, una vez más se nos dice que se han alcanzado compromisos “cuantificables de reducción de gases de efecto invernadero de una manera clara, transparente y entendible por todos”.

Una delegación del estado español, encabezada por la ministra española de Agricultura, Isabel García Tejerina, ha participado en la Cumbre de Lima. En declaraciones a agencias afirmaba que “el acuerdo confirma que se puede lograr un pacto global”, y que la Cumbre recién concluida en Lima “ha sido compleja, y para llegar al texto final se ha requerido de mucho esfuerzo de todas las partes, por lo que este acuerdo alcanzado es la clara evidencia de la voluntad de todos los países para frenar el cambio climático”. Y así llevamos dos décadas.

COP 20: Chau Lima, chau clima

ALAI | Gerardo Honty | Una vez más, las negociaciones climáticas muestran la incapacidad de nuestros líderes políticos de comprender la profunda contradicción que hay entre el afán de desarrollo, la sostenibilidad ambiental y la equidad.

Tal como se preveía [i] la reunión de Lima terminó en un rotundo fracaso. Más allá de los esfuerzos que la Presidencia, la Secretaría de la COP y de varios delegados en demostrar avances, no se puede ocultar el sol con las manos. Y este no es un ‘nuevo fracaso’, es el mismo viejo fracaso que se viene arrastrando desde la propia firma de la Convención en 1992 y que ha sido vanamente disfrazado de acuerdos exitosos como el Protocolo de Kioto (1997), la Ruta de Bali (2007) o la Plataforma de Durban (2011).

Todos ellos, acuerdos a los que se les podría aplicar el aforismo futbolístico de ‘patear la pelota para adelante’; es decir hacer pasar por avances lo que no era otra cosa que postergar decisiones. Y no hay absolutamente ningún indicio que a un observador más o menos objetivo le permita anticipar que el resultado de París el año entrante será diferente.

El verdadero principio que rige la Convención es de las ‘Irresponsabilidades Comunes e Indiferenciadas’. Nadie se hace cargo de la parte que le toca y cada uno exige a las otras partes que resuelvan el problema. Cuando se firmó la Convención en el año 1992 y se adoptó el Principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas establecido en la Declaración de Río, nadie pudo predecir los cambios que en el mundo se darían 20 años después.

Los países ‘desarrollados’ (tal como se los llamó en aquel entonces) no se hicieron cargo de lo que firmaron y los países ‘en desarrollo’ no han sabido transitar otro camino que el de repetir los errores de los ‘desarrollados’. Hoy tenemos 200 países que quieren ser ‘desarrollados’ sin importar el precio ambiental que ello conlleva.

El común denominador de todos los fracasos es la inviabilidad de conciliar los tres objetivos principales de la Convención: reducir las emisiones, hacerlo de manera equitativa y no detener el desarrollo. No detener el desarrollo en un mundo equitativo implica que todos los pobres del planeta deben acceder a los niveles de consumo del mundo desarrollado. Esta utopía supone, entre otras cosas, que el consumo energético debe multiplicarse por cinco, con lo cual las emisiones de carbono nos llevarían muy por encima del peor de los escenarios del IPCC. Si se pretende mantener la senda del ‘desarrollo’ necesariamente deberá ser sin equidad (como ha sido hasta ahora, por otra parte, y no hay indicios que pueda ser diferente).

Puede haber reducción de emisiones sin equidad y con desarrollo, o desarrollo con equidad pero sin reducir las emisiones. Pero lograr las tres cosas a la vez es imposible. Si se pretende reducir las emisiones de carbono con equidad, no hay otra alternativa más que desandar el camino del desarrollo. Para los países desarrollados esto significará -probablemente- recorrer la senda del decrecimiento [ii] y para los demás países iniciar una etapa de transiciones hacia alternativas al desarrollo.

En un momento pareció que algunos países de América Latina levantaban la bandera del Buen Vivir como una nueva utopía alternativa al desarrollo, pero rápidamente confundieron el buen vivir con el crecimiento económico, el aumento de los ingresos y la calidad de vida asociada al consumo. La abundancia de la Pacha Mama se convirtió en recursos nacionales a ser explotados para mejorar los ingresos fiscales, la vida en armonía con la naturaleza se abandonó para poder extraerle los minerales y los hidrocarburos que demanda el mercado global y hasta el ‘fuego sagrado’ de los ancestros se confundió con la energía nuclear [iii].

Lo que no arregle la Convención lo arreglará el planeta y su natural tendencia al reequilibrio. A América Latina el cambio climático ya le cuesta entre el 1,5% y el 5% de su PBI [iv]. Este porcentaje seguirá aumentando en la medida que los efectos del calentamiento global se acrecienten. Inevitablemente la economía caerá como consecuencia de las sequías, las inundaciones y los eventos extremos que se avecinan. La restricción económica hará reducir el consumo, la producción, los ingresos, la calidad de vida y el ‘desarrollo’. Por las buenas o por las malas el deseado desarrollo no ocurrirá.

Es tiempo de que todos los países (pero particularmente los de la región latinoamericana que es la que más nos preocupa a los que por aquí habitamos) adviertan lo absurdo de sostener la utopía del desarrollo. Es tiempo de reconocer que la equidad que le exigimos a los países desarrollados en la Convención de Cambio Climático debe comenzar a aplicarse en casa: mayor equidad entre los países de la región, mayor equidad entre las regiones dentro de cada país, mayor equidad entre las personas que habitan cada territorio. Basta de exigir afuera lo que no hacemos adentro.

Es tiempo de empezar a reconocer que la ‘deuda ecológica’ que se les reclama a los países desarrollados también existe entre nosotros, con regiones y elites sociales que se han apropiado por decenios de la riqueza de otras regiones y de otros grupos sociales. Reconocer que perseguir la senda del desarrollo implica necesariamente la inequidad y la destrucción de la naturaleza.  Comprender final y cabalmente que ‘todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra' [v]. Porque la Pacha Mama es abundante para darnos todo lo que necesitamos para vivir, pero es lo suficientemente sabia para no darnos más de lo que necesitamos.

Gerardo Honty, analista de CLAES (Centro Latinoamericano de Ecología Social)

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[i] Ver nota anterior “Al fin nadie es inocente”

[ii] Corriente de pensamiento, principalmente europea, que promueve la contracción ordenada y regulada de la economía.

[iii] Álvaro García Linera, vicepresidente boliviano: “La energía atómica es el fuego sagrado del siglo XX y XXI”

[iv] CEPAL: “The economics of climate change in Latin America and the Caribbean: paradoxes and challenges”. Santiago de Chile, 2014

[v] Extraído de la famosa carta atribuida al Jefe Seattle dirigida al presidente Pierce de Estados Unidos en 1855.

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Declaración de Lima, Cumbre de los Pueblos Frente al Cambio Climático

Lima, 11 de diciembre de 2014

La Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático, realizada en Lima del 8 al 11 de diciembre de 2014, es expresión de los procesos de movilización y resistencia emprendidos por una diversidad de organizaciones, movimientos, plataformas, redes y colectivos sociales, sindicales, de mujeres, campesinos, indígenas, juveniles, ambientalistas, religiosos, artísticos y culturales peruanos e internacionales. Nos reunimos para seguir debatiendo y compartiendo las múltiples formas de lucha y resistencia, por la construcción de la justicia social, contra el sistema capitalista patriarcal, racista y homofóbico, por el respeto de las diversas formas de vida, sin explotación ni expoliación de los bienes de la naturaleza, por la capacidad de los pueblos de decidir sobre sus fuentes de energía, comunitaria, por la reducción de las desigualdades sociales así como promover el Buen Vivir como modelo de vida en armonía con la Naturaleza y la Madre Tierra.

El capital busca hacer frente a su crisis sistémica imponiendo la captura el agua, el saqueo de los territorios y el patrimonio natural, la depredación, la producción de combustibles fósiles, la mayor explotación de los trabajadores y trabajadoras, la represión de los movimientos sociales y la violencia física y psicológica, aumenta múltiples formas de criminalización de las luchas, de los pueblos, de militarización y control territorial. Todo esto es alentado por las corporaciones mediáticas. Además, a esta realidad hay que sumarle la captura de los Estados y de sus burocracias por el poder económico, el pago de las deudas injustas y corruptas, y una diversidad de hechos que benefician exclusivamente a los verdaderos poderes tras los gobiernos de turno, dóciles al mandato de las empresas nacionales y las grandes corporaciones transnacionales y sus operadores políticos.

En esta coyuntura la Cumbre de los Pueblos representa la voz de los sectores explotados y oprimidos del mundo, de los marginados por un sistema económico y cultural que los subordina a los sectores racistas, fundamentalistas, machistas y patronales que se benefician del modelo capitalista. En este momento crucial que atraviesa la humanidad, en el que el gravísimo cambio climático que sufrimos exige acciones urgentes de parte de la sociedad global, demandamos a los Gobiernos –y al Sistema de Naciones Unidas reunido en la COP 20–la adopción de acuerdos que respeten y valoricen la vida de los pueblos originarios, campesinos y urbanos, y que promuevan la preservación de la biodiversidad global. Rechazamos cualquier mecanismo de mercado que se plantee como solución a los problemas climáticos y ambientales.

Quienes nos reunimos en esta cumbre, recogemos y hacemos parte de procesos de luchas anteriores que se han tejido en nuestros pueblos, y llegamos a este momento con esa fuerza y construcción colectiva. A partir de ello expresamos y demandamos:

A los Gobiernos del mundo que respeten nuestros territorios, derechos y modos de vida, nuestras culturas, costumbres y cosmovisiones sobre la vida y el mundo que habitamos. Denunciamos la explotación de nuestros recursos naturales y territorios por parte de las industrias extractivas, que afectan nuestras formas de sustento, nuestra fuente de identidad y la relación armoniosa de nuestras comunidades con la Madre Tierra.

Demandamos el reconocimiento de la propiedad territorial de las comunidades que tradicionalmente han vivido en sus tierras. No aceptamos el control externo de los territorios, ni los procesos de negociación e implementación de las falsas soluciones al clima. Los Gobiernos deben tener como eje central el respeto de nuestras formas de vida ancestrales y el reconocimiento a nuestra autodeterminación como naciones y pueblos originarios.

Asimismo, aclaramos que el conjunto de iniciativas orientadas a revertir la destructiva tendencia climática hacia la que ha sido conducido nuestro planeta, deben considerar las responsabilidades históricas de los países desarrollados y el reconocimiento y reparación de la deuda histórica y ecológica que tienen con el Sur global. En particular, las corporaciones transnacionales de capital privado de los países desarrollados deben ser responsabilizadas por sus acciones y prácticas a nivel global. Exigimos plena justicia en los casos de contaminación por parte de Newmont, Doeran en Perú, y la Chevron-Texaco, entre otras, la cual en su paso por la Amazonía dejó como legado uno de los mayores ecocidios de la historia del planeta.

A los Gobiernos y empresas les exigimos aceptar y respetar nuestro derecho humano a un trabajo digno, con pleno ejercicio de los derechos individuales y colectivos, y que se garantice un proceso de transición justa en un mundo que nos permita mejorar la calidad de vida. Demandamos garantías al acceso universal a los sistemas de protección y seguridad social, el respeto de nuestra libertad sindical y a una repartición justa y equitativa de la riqueza producida con nuestro trabajo y conocimientos.

Consideramos que ninguna acción para enfrentar el cambio climático será eficiente o viable si no se promueve con políticas públicas efectivas a favor de la pequeña agricultura familiar y campesina, la reforma agraria, la soberanía y seguridad alimentaria de nuestros pueblos, la producción auto sustentable, con base agroecológica, autóctona y libre de transgénicos y agrotóxicos, orientada al consumo humano y a la preservación de nuestra biodiversidad. Creemos que para avanzar hacia un mundo justo y una economía local, solidaria, cooperativa, feminista y comunal, es fundamental reconocer el derecho humano a la alimentación, así como el gran aporte de la agricultura familiar campesina, que contribuye con más del 70% de la alimentación del mundo. Exigimos frenar la producción y expansión de los agrocombustibles, que promueven la deforestación, erosión de las tierras, contaminación de las fuentes del agua y aire, y significan una forma de recolonización territorial.

Como expresión de esta estrategia del capital, en los últimos años se han agudizado los procesos de privatización, mercantilización y financiarización de la naturaleza, expresados en los principios de la economía verde, que nos presenta las falsas soluciones a la crisis climática. Algunas de ellas son: Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), proyectos de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques (REDD), transgénicos, agrocombustibles, geoingeniería, megaproyectos hidroeléctricos, centrales nucleares, fractura hidráulica (“fracking”), agricultura climáticamente inteligente.

La estrategia del capital pasa también por lo que llamamos arquitectura de la impunidad de las corporaciones transnacionales y gobiernos, a través de los tratados de libre comercio y protección de inversiones, entre otros, que pretenden privatizar servicios esenciales como el agua, la educación, salud y vivienda, y atentan contra los derechos humanos de trabajadores y de los pueblos. La Cumbre de los Pueblos rechaza todas estas estrategias del capital.

Como expresamos antes, denunciamos el sistema capitalista-patriarcal que sostiene la opresión y control sobre el cuerpo, el trabajo y la vida de las mujeres, promueve la violencia sexual y la trata, las margina de diversos ámbitos de la vida social y pública. Es necesario transitar hacia otra división social del trabajo, que elimine la subordinación del trabajo femenino, que no invisibilice el trabajo del cuidado –que hace posible la reproducción social– ni lo subordine a los mandatos del mercado. Exigimos un cambio radical que reconozca el trabajo reproductivo como la base de la sustentabilidad humana y de las relaciones entre las personas y comunidades.

Todas las alternativas deben incorporar la perspectiva feminista y promover una relación más justa entre hombres y mujeres.

Abogamos por la promoción de un consumo responsable y no alienado, basado en la adopción de hábitos y pautas de consumo saludables, y de acuerdo con la necesidad humana, no sujeta a la ambición del capital. Un  consumo que no contribuya a la contaminación ambiental ni al cambio climático. Alentamos el uso responsable de los recursos vitales, el reciclado y el manejo sustentable de los residuos sólidos. Nos comprometemos a promover la conciencia ciudadana respecto a las acciones que podemos llevar adelante individual y colectivamente para avanzar hacia un mundo más justo.

Los Estados deben tomar decisiones y medidas inmediatas de protección, conservación o restauración de las cuencas, los ecosistemas, las altas montañas, bofedales, humedales, páramos, estepas, bosques, acuíferos, lagos, ríos, manantiales, zonas marinas costeras, que alimentan a la Madre Tierra. Esos ecosistemas y fuentes de agua son afectados por las actividades de las industrias extractivas, como la minera, petrolera, carbonífera y gasífera, por las talas de árboles y el arrojo de desechos, entre otras causas. Se debe garantizar el derecho humano al agua y al saneamiento, en igualdad de condiciones, acceso y salubridad. Esto sólo se puede garantizar con empresas públicas en manos públicas.

La Cumbre de los Pueblos cuestiona la incoherencia del Gobierno peruano en su calidad de presidente de la COP 20. Por las políticas ambientales, laborales y tributarias adoptadas recientemente a favor de la inversión privada –rebajando estándares y regulaciones que afectan derechos colectivos, ambientales y culturales–. Denunciamos la represión que sufren representantes indígenas, dirigentes sindicales y campesinos, activistas ambientales, así como los hostigamientos a delegaciones que arribaron a la Cumbre de los Pueblos desde diversas regiones del país y el exterior.

La Cumbre de los Pueblos cuestiona la captura corporativa de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Las grandes corporaciones transnacionales “acompañan” a los gobiernos en las negociaciones globales para acordar medidas que tienen por único fin limpiar de responsabilidades a los países industrializados por sus emisiones de gases de efecto invernadero y por ser los principales responsables del cambio climático. Exigimos que los pagos por servicios de la deuda externa e interna –que ahogan a los pueblos y limitan la capacidad de los Estados para atender necesidades básicas de las poblaciones–, se destinen a hacer frente a la crisis ambiental y climática, porque de ello depende la sobrevivencia de la Humanidad y todas las especies vivas del planeta.

La Cumbre de los Pueblos saluda la movilización comprometida y entusiasta de las decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo que participaron de la Gran Marcha Global en Defensa de la Madre Tierra (10/Dic) en Lima y en otras ciudades del planeta. Esta gran concentración de organizaciones, movimientos y delegaciones del Perú y numerosísimos países es la expresión más clara de la posición de los pueblos a favor de un mundo justo y democrático, que garantice la armonía entre la existencia humana y los derechos de la Naturaleza y la Madre Tierra.

Seguiremos fortaleciendo la articulación de nuestras luchas, de forma activa y permanente en las múltiples movilizaciones del 2015, con un especial momento de activismo en París, Francia, donde se llevará a cabo la COP 21. Desde ya los movimientos sociales del mundo nos preparamos para dar continuidad a las luchas desde nuestros territorios en defensa de la vida, hasta que nuestras exigencias sean atendidas. Seguiremos en lucha hasta cambiar el sistema... No el Clima!

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