Victoria del preso anarquista Nikos Romanós después de 31 días en huelga de hambre

LA DIRECTA | Treinta y un días de huelga de hambre ha necesitado el joven griego para conseguir que el gobierno le otorgara la demanda que motivaba su lucha: estudiar en la universidad, de forma presencial, la carrera de administración de empresas.

11 diciembre, 2014. 11:45
nikos romanos
A la derecha se aprecian las lesiones producidas por la policía a Romanos. A la izquierda la foto retocada y difundida a los medios.

LA DIRECTA | David Bou | Este miércoles por la mañana, Nikos Romanos –que permanecía desde hacía días en la tercera planta del hospital Gennimatas de Atenas, rodeado de grandes medidas de seguridad– anunciaba su voluntad de llegar hasta el final de la lucha y se declaraba también en huelga de sed. Pero a mediodía, saltó la noticia desde el parlamento griego en Plaza Syntagma: los y las diputadas aceptaban una enmienda propuesta por el Ministro de Justicia, donde se recogían en esencia las propuestas presentadas por Syriza que el Parlamento había rechazado días atrás. La decisión de última hora ha provocado que Nikos decidiera acabar con la huelga de hambre y sed después de conocer la noticia.

La cámara griega ha aceptado que Romanós se matricule en la universidad y curse el primer semestre del curso presente por internet. El hecho que ha motivado el abandono de la huelga de hambre del joven, de tanto sólo 21 años, es que podrá asistir presencialmente a la universidad –controlado mediante un brazalete de geolocalización- a partir del segundo semestre, y siempre y cuando apruebe un tercio de las asignaturas a las cuales se matricule este primer periodo del curso. Romanos ya ha empezado a ingerir alimentos sólidos bajo supervisión médica.

En un comunicado hecho público el pasado 3 de diciembre, Romanós afirmaba: “sigo denegando cualquier posibilidad de retroceder, y respondo diciendo lucha hasta la victoria o lucha hasta morir”. Su misiva llegaba después de que la fiscal de la prisión de Koridallos, donde cumple condena, ordenara su alimentación forzosa. Aún así, los médicos del hospital donde permanece ingresado se negaron a ejecutar la orden. Días antes el preso anarquista ya había rechazado la posibilidad de ser tratado con cualquier tipo de suero.

Una lucha cargada de simbolismo

La figura de Nikos Romanós es muy conocida desde hace tiempo por la sociedad griega. El joven anarquista vio morir en sus brazos su amigo Alexis Grigoropoulos el diciembre de 2008. Grigoropoulos, que tenía quince años cuando fue asesinado, fue abatido de un disparo por un policía de servicio en medio del barrio ateniense de Exarhia, feudo del movimiento anarquista griego. Este hecho provocó una gran oleada de protestas en Grecia que desencadenó en el mayor periodo de disturbios de las últimas décadas en el país heleno, presagio del estallido de la crisis económica que ha asolado el país los últimos cinco años.

Cuatro años más tarde, en febrero de 2013, Romanós perpetró dos atracos armados a dos bancos situados en una zona rural del interior del país. Las acciones tenían motivación política: varios testigos explicaron que, durante uno de ellos, los jóvenes afirmarían "no tenemos nada en contra vuestra: nuestro enemigo es el Estado”. Pretendían conseguir dinero para entregarlos al movimiento anarquista y financiar así sus luchas. Pero la acción no tuvo éxito: además de no conseguir el botín deseado, los jóvenes fueron interceptados por la policía durante su fuga. El caso saltó a los medios de comunicación rápidamente, todavía más teniendo en cuenta el peso mediático que las principales cabeceras del país dieron a la amistad de Romanós con el joven Grigoropoulos. En un periodo donde amplias capas de la sociedad griega ya percibían los bancos como los principales causantes del empeoramiento de sus condiciones de vida, el debate estaba servido.

La polémica se intensificó cuando las cámaras de televisión captaron las imágenes de la entrada a comisaría de algunos de los cuatro detenidos, fuertemente custodiados por la brigada antiterrorista y al grito de “viva la anarquía”. Las caras de los jóvenes presentaban fuertes contusiones y heridas fruto de los golpes que habían recibido por parte de los agentes durante su detención y posterior custodia en los calabozos. La escena corrió como la pólvora. Días después, la policía hizo públicas sus identidades y unas fotografías que –tal como confirmaría posteriormente el mismo ministro de orden público– habían sido manipuladas para esconder las torturas de las cuales habían sido víctimas. El pasado mes de octubre un tribunal declaró culpables a Nikos Romanós y sus compañeros, condenándolos a una pena de 15 años y 11 meses de prisión por los cargos de asociación criminal, atracos en serie, secuestro, tenencia ilícita de armas, uso de identidades falsas y daños materiales. A la vez, fueron absueltos por el mismo tribunal de formar parte de la Conspiración Células de Fuego, una organización considerada terrorista por la ley de la cual se desvincularon desde un principio a pesar de confesar a la policía ser miembros de una “guerrilla urbana”.

La movilización obliga al gobierno a dar marcha atrás

Desde el inicio de la huelga de hambre el pasado 10 de noviembre, han sido incontables las muestras de apoyo que Nikos Romanós ha recogido en todo el territorio griego y en numerosos lugares de la geografía europea y mundial, como por ejemplo Barcelona, donde el pasado viernes se llevó a cabo una concentración solidaria convocada por la Red Antifascista por Grecia en la Villa de Gràcia.

El día que Nikos abandonó la huelga de hambre había una cuarentena de edificios públicos ocupados en todo el país en solidaridad con su causa. Ayuntamientos, facultades y sedes sindicales han sido los espacios desde donde se han organizado las movilizaciones para dar a conocer el caso y forzar el gobierno a aceptar las demandas del joven.

El punto más álgido de las protestas fue el pasado sábado 6 de diciembre, coincidiendo con el sexto aniversario del asesinato de Alexis Grigoropoulos y con la visita del Primer Ministro turco a la capital griega. Aquel día, el gobierno ordenó un cordón de seguridad alrededor de Atenas y desplegó 18.500 agentes para proteger comisarías de policía y edificios públicos. A pesar de la previsión, finalmente no pudieron evitar una jornada de disturbios que cerró con la cifra de 296 personas detenidas, 43 de las cuales pasaron a disposición judicial.

La lucha de Romanos ha provocado que se volvieran a ver juntos en las calles la inmensa mayoría de grupos de izquierda, parlamentaria y extra-parlamentaría, así como el amplio espectro de grupos anarquistas del país.

La movilización popular y la creciente inestabilidad social que estaba provocando la lucha de Nikos Romanos, entre otros cosas, ha forzado el estado a dar marcha atrás, a pesar de que el Ministro de Justicia afirmaba hace unos días que no cederían “aunque baje Dios y me lo pida”. A pesar de la victoria, no parece que esto vaya a acabar aquí.

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