
LA DIRECTA | Quique Badia | El 29 de mayo, el Campus Mundet de la Universitat de Barcelona (UB) acogió una jornada para tratar la cuestión de la violencia de género a los entornos virtuales, organizada por el grupo de investigación GrediDona. Desde las tres de la tarde hasta muy entradas las nueve del anochecer, un auditorio formado casi exclusivamente por mujeres, provenientes tanto del mundo académico y de la administración pública cómo de entornos activistas, abordó la realidad del acoso contra las mujeres a las redes sociales desde diferentes puntos de vista.
La periodista de Píkara Magazine Andrea Momoitio fue la encargada de comenzar el encuentro con una primera aproximación a la cuestión. Momoitio introdujo datos referidos en la rendija digital entre hombres y mujeres: “Nosotros empleamos las redes un 7% menos que los hombres”, aseguró. Su intervención continuó con un repaso de diferentes casos de violencia machista, de entre los cuales quiso destacar la campaña #JusticiaParaEneko, un joven de Barakaldo condenado por violación, a quien una parte significativa de la localidad apoya mediante una campaña a las redes sociales que –justo es decir– no ha tenido mucho eco fuera de este municipio vasco. La redactora de la publicación feminista acabó su ponencia recordando que la red también es una herramienta de empoderamiento mostrando una diapositiva donde se podía leer: “La guerra contra las mujeres se entrega en muchos campos de batalla: Internet también es uno”.
El perfil activista de Momoitio ayudó a dos investigaciones académicas. La primera, del Laboratorio de Estudios sobre la Convivencia y la Prevención de la Violencia de la Universidad de Córdoba (LAECOVI); la segunda, del grupo organizador, GrediDona, en colaboración con el Grupo de Investigación Enseñanza y Aprendizaje Virtual (GREAV).
Carmen María Viejo-Almanzor, de LAECOVI, empezó explicando que su grupo ha concluido, después de un proceso de encuestas a jóvenes adolescentes, que “estamos ante un cambio significativo en cuanto a la percepción de la juventud respecto al uso de las redes sociales. Antes, quien se relacionaba con otra gente por Internet era una friki. Pero, hoy, esto ha hecho un giro radical”. Viejo-Almanzor asegura que, ahora, la relación online facilita la expresión de los miedos y los sentimientos, cosa que, según su estudio, favorece, sobre todo, los chicos, “que generalmente tienen más problemas a la hora de expresarlos”. Por la investigadora cordobesa, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación están cambiando los patrones de flirteo y de inicio de las primeras relaciones de pareja de las adolescentes, hecho que se puede ver interferido por toda una serie de mitos del amor que pueden desembocar en violencia. El uso de perfiles falsos para vigilar la pareja es uno de los muchos ejemplos de este fenómeno que detectó el estudio de LAECOVI.
Por su parte, María José Rubio y Ruth Vilá, que han formado parte de la investigación llevada a cabo por GrediDona y el GREAV, explicaron que, principalmente, la violencia contra las mujeres a través de las redes era ejercida por parejas o exparejas. Vilá y Rubio afirmaron que el objetivo de la investigación era diseñar un instrumento para poder medir las violencias de género 2.0 y estudiar en qué grado se recibe, se ejerce o se observa esta violencia. Sin disponer de datos definitivos, las investigadoras aseguran que, a partir del estudio, se puede afirmar que la violencia dentro del ámbito de la pareja a menudo no se percibe como violencia.
¿Cómo combatir la violencia?
Según la jurista especializada en violencia machista Ester Garcia, hay muy poca regulación legal de la violencia contra las mujeres a la red. “El convenio de Budapest del año 2001 ya hablaba del uso delictivo de las tecnologías en relación con delitos contra la propiedad intelectual y la confidencialidad o de contenido”, ámbito donde se situarían las agresiones tratadas a la jornada, “pero, hoy en día, en el Estado español, sólo hay legislación sobre vulneraciones de contenido relacionadas con la pornografía infantil”, asegura Garcia. La abogada explicó que, a falta de legislación específica, se ve obligada a basarse en delitos que ya existen, como por ejemplo la revelación y el descubrimiento de secretos, las injurias y las calumnias o la estafa informática. En este sentido, Garcia planteó la conducta de la *exparella que vacía la cuenta compartida cuando ve que la separación es inminente como ejemplo de “violencia económica”.
Para mostrar la indefensión en que se encuentran las víctimas de este violencia, la jurista explicó el caso de una joven que recibió 225 mensajes de Whatsapp donde su excompañero la amenazaba de muerte. Garcia asegura que el juzgado de violencia de género de la localidad rehusó imponer una orden de alejamiento al maltratador porque la titular del teléfono era la agredida y no se podía asegurar que él hubiera sido la persona que profirió las amenazas.
Después de esta aproximación legal, vino la intervención de Nieves Prado, una técnica e investigadora de la Fundación Aspacia, que explicó que estaban llevando a cabo un estudio, bajo la coordinación de Trinidad Donoso (de GrediDona), sobre la incidencia de los discursos neomachistas a la red. “El neomachismo tiene un discurso políticamente correcto basado en principios de pretensa igualdad que no tiene el machismo tradicional”, explicó Prado. “En esta corriente, la inferioridad natural de la mujer –el discurso esgrimido históricamente como una de las bases de la jerarquía de poder– no se acepta como válida a priori o, como mínimo, no como un discurso enunciado, pero se mantiene intacta la esencia patriarcal contra las mujeres y contra las sexualidades que rompen el patrón normativo”, asegura la académica y militante del colectivo feminista 'maresmenc A caballo de Forques'. Para dotarse de unas conclusiones rigurosas, las investigadoras han monitorizado medio centenar de bloques, foros y páginas a las redes sociales que, según sus criterios, cumplen los requisitos para ser consideradas neomachistas.
El colectivo MEMES Feministas concluyó la jornada con una nota de humor explicando el porque de su iniciativa, que se situaría en el terreno de la respuesta a la llamada violencia 2.0. Ana Periférica empezó su ponencia recordando el origen del término: “La teoría de la comunicación define el MEME como la unidad mínima de comunicación, pero, hoy, a la red, toma la forma de una imagen muy expresiva con una frase arriba y otra abajo”, explica. Para ella, dentro del mundo de los MEME, hay una supremacía masculina muy clara, “una élite que decide qué es un MEME y que no es”. La activista recuerda que el grupo surge a partir de la etiqueta de Twitter #LenguajeFemenino, donde se leían frases del tipo: “Las mujeres, cuando dicen que no, en realidad quieren decir que sí”, una afirmación que –entienden– legitima el sometimiento y la cultura de la violación. “Despacio, nos fuimos familiarizando con un tono que funcionaba y decidimos apropiarnos de la herramienta”, explica Periférica. Su compañera, Elisa Mandillo, le toma el relevo afirmando que disponen de una tipología de trolls propia. Troll es el nombre con que se conoce la usuaria de la red que pretende provocar las personas que toman parte de una comunidad en línea, entre las cuales destaca el machista leninista (aquel que afirma que el feminismo divide la lucha de la clase trabajadora); los iluminadores, que escriben textos muy largos y, si no los contestan, responden: “¿Lo veis? ¿No queréis dialogar”, o el cutre-queer, que, para preservar sus privilegios, se apropia de la perspectiva teórica que niega el binarismo hombre-mujer. La intervención de este colectivo acaba con una afirmación sugerente: “Nuestra venganza es ser felices”.





