Españolazos

16 octubre, 2026. 06:00

Son tiempos de patriotismo enfermizo. De españolazos de pro que proclaman que esto que llaman España es suya, que no existen los pueblos y las culturas más allá de la española (lo que quiera que sea tal cosa) y solo hay una forma de vivirla y entenderla.

Sí, enfermizo e irracional son palabras que podrían definir la avalancha de banderitas ondeando y de una ultraderecha sin complejos que ya está en las administraciones públicas y que apunta a gobernar tras las próximas elecciones generales.

La epidemia ultra que recorre todo el planeta y que ha encontrado su hueco sobre todo en América Latina y en EEUU también está aquí. Y la gente con ideas progresistas o transformadoras (son cosas distintas, pero no nos meteremos en ese jardín) vamos perdiendo terreno.

Poco se puede hacer cuando la irracionalidad más absoluta se impone y cuando, como decía Machado, las cabezas embisten y no piensan. Quizá exponer las contradicciones vendrá bien.

La primera y más visible paradoja es que muchos de los líderes de esa ultraderecha son multimillonarios. Gente con fortunas de una riqueza indecente que hablan de un pueblo al que no pertenecen. Trump, Musk, Noboa, Keiko Fujimori, Bukele. Empresarios ultrarricos votados por gente pobre.

En la opulenta Europa el panorama es distinto, pero no por ello menos peligroso.

Tampoco vamos a entrar en lo que de sobra sabemos, y quien no lo sepa que se pille un libro de historia. La ultraderecha es odio al diferente, autoritarismo y nacionalismo exacerbado. Millones de muertos a sus espaldas lo demuestran. Y en Europa fuimos víctimas y victimarios.

Pero lo mejor, para quien tenga la oportunidad de echar una ojeada a los programas de los propios partidos ultras o ver su día a día, es leer la colección de delirios que sostienen. Si no fueran tan peligrosos sería para partirse la caja.

Por un lado, el pensamiento mágico. Si niego que una cosa existe no existirá, como el cambio climático o la violencia de género, o existirá porque yo lo digo, como los malvados ocupas que van tomando las casas de apacibles propietarios.

Uno de sus muchos absurdos, como las alabanzas al régimen franquista, que abanderaban el pasado fin de semana niñatos a los que les quedaban 30 años para nacer cuando murió el dictador y que acudían a la acampada de Sol por la vivienda este pasado fin de semana.

Con la delincuencia bajo mínimos, como demuestran las propias estadísticas policiales, en toda la Unión Europea, se pinta un escenario de terror en que la gente niega hasta su propia realidad. Es lo que se llama la lucha por el relato.

Lo que llaman la invasión migratoria y el gran reemplazo, una teoría presuntamente sociológica por la que todo Europa terminará profesando el Islam, no es más negar la realidad social.

A ver, señores ultras ¿Quieren echar a 65 millones de personas de la UE? No es una invasión, es una sociedad diversa, mejor y más rica.

Aunque si miramos el programa de Vox directamente contiene gilipolleces de dar vergüenza ajena.

Un ejemplo: con todos los impuestos que dicen piensan eliminar el Estado ingresaría unos 150.000 millones de euros menos. Esto es más que la suma del gasto en sanidad y educación pública, para hacernos una idea.

La política de vivienda, en la que es indistinguible ya Vox y PP, es seguir privatizando suelo público a mayor gloria de las empresas ajenas. Un adelanto: ya se hizo y no funcionó.

Mientras tanto se construye el relato del ciudadano parásito que sangra a su pobre casero. Esos caseros robados que se ponen al mismo nivel que las 22.000 viviendas que tiene CaixaBank por poner un ejemplo. Un truco de trilero muy viejo: desviar la atención de lo verdaderamente mollar.

Si os habéis fijado estamos hablando todo el tiempo en masculino. Porque sí, el ultra medio es un señor enfadado. No tiene por qué ser especialmente inculto, aunque la tontuna abunda en esos lares, sino alguien que busca un conservadurismo más rancio, con más cafeína de lo que proponen la derecha tradicional. Y esa derecha, que en el caso español viene del Franquismo no lo olvidemos, se ha subido al carro.

Y aunque hablemos de señoros es sorprendente la cantidad de mujeres que deciden votar contra sí mismas, aspirar a una vida peor. Sorprendente como poco.

El nuevo fascismo conecta con el neoliberalismo económico y es un ideario profundamente clasista que aspira a un cierto tipo de estatus, aunque luego buena parte de esos votantes no sean otra cosa que clase trabajadora.

Pero, tras todas estas ideas a boleo, como un borrador de algunas de las incoherencias de la ultraderecha surge una pregunta ¿Y si solo se trata de una panda (muy grande) de imbéciles?

Porque un tonto es mucho más peligroso que un malvado. El malvado puede saber lo que hace. El tonto no.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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