Ucrania, 1690

Ucrania acumula 1.690 días de guerra en un conflicto marcado por el fracaso de los acuerdos de Minsk y las negociaciones de Estambul. El papel de la OTAN, primero bajo el liderazgo de Joe Biden y después con Donald Trump en la Casa Blanca, centra este análisis sobre las oportunidades perdidas para alcanzar una salida negociada.

13 octubre, 2026. 09:30
Trump, Putin y Zelensky.

No es una fecha histórica del XVII; es el número de días que la OTAN de entonces, liderada por los EEUU de Joe Biden, y la de ahora, lleva impidiendo mediante los acuerdos de Minsk uno, Minsk dos, incluso más tarde por los acuerdos de Estambul, la resolución pacífica de los conflictos de nacionalidad en Ucrania.

Un tercio de la superficie y población de Ucrania, con sentimientos, idioma, costumbres y religión rusas, se quiso aplastar mediante la fuerza desde 2014 (con un golpe de estado que destituyó al presidente legítimo Yanukovich y a la acción del llamado Occidente) con un objetivo: adelantar los misiles nucleares de la OTAN mil doscientos kilómetros más al Este, auténtica línea roja para Moscú.

En esos casi cinco años de conflicto impuesto por el Occidente Otanista, las intenciones de Estados Unidos y los países belicistas de la OTAN, al frente Reino Unido, Alemania y Francia, han variado. Del intento de aplastamiento mediante el frente militar y el económico, vía sanciones, de la Federación Rusa, el tiempo está poniendo las cosas en su lugar. Lo peor, un millón de vidas truncadas (este mismo 12 de octubre Trump ha insinuado dos millones de muertos ucranianos) un país fallido durante dos generaciones y un reparto de los despojos en el aire.

EXPLICACIÓN DEL MAPA. Actualmente, la práctica totalidad de los cinco oblas en conflicto están liberados por las fuerzas rusas. La línea roja sería el límite de posesión rusa en el plan de paz que propuso EEUU a finales de 2025 con la anuencia, en principio, de Rusia. El resto de territorios en Sumy y Jarkov serían abandonados por el ejército ruso en esa hipótesis de acuerdo de paz. La zona rayada de Donetsk sería posesión rusa desmilitarizada.

La Federación Rusa, a fecha actual y en el terreno económico y geoestratégico, está más fuerte que nunca. Su petróleo, su gas, su ascendencia con los BRICS, su relación con China, el progresivo desmoronamiento del petrodólar, su posición de líder mundial respecto a las tres cuartas partes del planeta, han conducido al maremágnum de lo que, en estos momentos, es la OTAN, al convencimiento de que les es imposible poner de rodillas a Rusia. El propio acuerdo entre Trump y Putin sobre el diesel ruso lo confirma.

Por otro lado, Europa, la Europa de los mercaderes, de los belicistas, la Europa de Bruselas que hace tiempo abandonó sus posiciones socialdemócratas para caer en las que flirtean, abiertamente, con las ideologías de extrema derecha, es la gran perdedora. Su economía, falta de la sangre en forma de gas ruso, su posición ante el mundo, falto de políticas claras de bienestar social, su integrismo reaccionario ante fenómenos como la inmigración, han devaluado, hasta extremos increíbles apenas una década antes, su posición como faro moral en el mundo. Hoy, Europa es una sombra de lo que fue, tanto en el plano económico como en el social, en el moral o en el ideológico. Hoy, esa Europa representada por Rütte, Von der Leyen, Kallas, Merz, el Reino Unido de la City o ese patético neo napoleón, ante la visión de los países africanos, asiáticos o latinoamericanos, está por los suelos éticos.

Los EEUU también han girado su posición bélica en Ucrania. Su actual mandatario, más cercano a un aprendiz de dictador, ególatra, narcisista, estúpido, aunque avaricioso y rayano con la enajenación mental, se ha decidido por el negocio y solo por el negocio en esta parte del mundo. Quiere sacar tajada de las riquezas ucranianas al tiempo que de su armamento y está dispuesto a dejar en el arroyo a un discípulo, otro más, del Adolf de 1940. Zelensky ya no les sirve. Por otra parte, sabe que la guerra la tiene perdida (como uno de los contendientes que es al frente de la OTAN) y quiere sacar los máximos réditos del negocio de la paz.

Al principio de este año se filtraron unos posibles acuerdos para finalizar el conflicto bajo la tutela de los EEUU de Trump y la real política de la Rusia de Putin.

Los puntos esenciales del acuerdo (28 puntos) pasarían por el reconocimiento de la Ucrania rusófila como parte de la Federación Rusa (reconocimiento por parte de Ucrania, Europa, los EEUU y de Rusia). Serían los oblas de Donetsk, Lugansk, Jerson, Zaporiyia y Crimea. El abandono por parte de la OTAN de adscribir a Ucrania y de Ucrania consagrarlo en su nueva Constitución. La limitación de las fuerzas armadas de Ucrania a 600.000 efectivos, el olvido por parte de la OTAN de desplegar tropas en Ucrania, la posibilidad de que Ucrania pueda solicitar su adhesión a la UE, un paquete de ayudas de 200.000 millones de dólares (con un 50% de los beneficios de estas ayudas para los EEUU) para la reconstrucción del país en donde los Estados Unidos, el FMI controlado por los EEUU y, en menor lugar, Europa, recogerían los despojos, hipotecando el país para dos generaciones.

A cambio, Rusia sería reintegrada a la economía global y se descongelarían los activos rusos secuestrados. Invitada, de nuevo, a participar en el G8 y se levantarían todas las sanciones de cualquier tipo.

Otros detalles menores del acuerdo pasarían por la posesión rusa de la central nuclear de Zaporiyia y su producción repartida a partes iguales entre Ucrania y Rusia. La adopción de Ucrania de los estándares europeos para protección de minorías lingüísticas o religiosas, la convocatoria de elecciones en Ucrania en el plazo de tres meses, la autorización del uso comercial por parte de Ucrania del río Dniéper, devolución de todos los prisioneros de guerra y la prohibición de simbología, actividad o ideología nazi en Ucrania.

Meses más tarde del avance y filtración de estos puntos para un hipotético acuerdo de paz, la situación sigue igual. Evidentemente, la posición de Rusia es cada vez más fuerte y la de la OTAN y el régimen nazi de Zelensky mucho más débil en todos los aspectos. A mi juicio, Rusia, por medio de un Putin fortalecido por las urnas y por su posición estratégica en el mundo, mucho más después de la situación petrolífera en Ormuz y en Bab el Mandeb, esperará poco tiempo. El guante de seda que tenía en el conflicto hasta la fecha lo ha arrojado y los avances y bombardeos, a partir del verano se han hecho mucho más intensivos y determinantes. Mucho más desde que Zelensky y sus patrocinadores de la OTAN decidieron llevar la guerra a lo más profundo de la Federación, a las estructuras energéticas y sin demasiadas concesiones hacia los civiles.

El futuro de Ucrania como país, si la cerrazón de la Europa, en este caso Otanista, sigue hacia la continuación de la guerra, pasaría por unos horizontes mucho más oscuros y por la posibilidad de un país fallido para dos o tres generaciones. La población de Ucrania, desde los 47 millones de febrero de 2022, se ha reducido (juntando las emigraciones, la pérdida de soldados y las segregaciones de los cinco oblas) a poco más de la mitad, alrededor de 26/27 millones de habitantes. No está descartado, si la debilidad como país sigue por un gobierno títere que no tiene más horizonte, ahora, que la corrupción y el mantenimiento de su bienestar personal e incluso de sus vidas físicas, de que se convierta en un país troceado en base a la parte que reclama Polonia desde antiguo, la que reclaman Rumanía y Hungría, más la porción que la Federación Rusa se anexionaría finalmente, todos los oblas de población rusa. Es decir, añadiendo los oblas de Jarkov, Dnipropetrovsk, Micolaev y Odesa.

Es una posibilidad demasiado cercana a la realidad, caso de que la guerra se prolongue gracias a la cerrilidad de los mandatarios del régimen con Zelensky a la cabeza y a la agitación belicista y de rearme de una parte de la Europa, con Alemania y el Reino Unido a la cabeza, que tapa y disfraza su pobreza económica, política y sus canales de corrupción que acaban, y a veces comienzan, en Bruselas, el territorio ucraniano, entonces, se puede reducir a la zona en azul. Sin salidas al mar y con menos del 50% de su territorio inicial.

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