Más municipios, más actividades, más desplazamientos, más presupuesto, más profesionales que coordinar, más materiales y más necesidades de producción hicieron de esta la edición más exigente de su historia. Pero también fue la edición con mayor respuesta, arraigo y comunidad.
MAR termina “feliz y exhausta, fortalecida y con más ganas que nunca de seguir sumando voces, ganar espacios y reivindicar mejoras en el sector”, dicen desde la organización.
Una fotografía que resume el festival
Es la de Bea Silvestre, al terminar MiMeYo, diario poético de una náufraga, contando una a una a las personas que habían acudido hasta Hespitalet. MAR había lanzado el reto de que un pueblo de apenas ocho o nueve habitantes recibiera a 30 personas. Fueron más de 50.
Una pequeña conquista que para la organización demuestra que programar cultura en los núcleos más pequeños tiene sentido cuando existe una comunidad dispuesta a acompañarla. Y que el tamaño de un núcleo rural no tiene por qué convertirse en una frontera cultural.
Durante dos semanas, el MAR Festival ha recorrido Fiscal, Tella, Hespitalet, Sant Chuan de Plan, El Pueyo de Araguás y Tierrantona. Transformando, con sus más de 50 actividades, plazas, escuelas, bibliotecas, claustros, merenderos, frontones y salones sociales en espacios de creación. Y evidenciando que los pueblos no tienen por qué ser consumidores pasivos de cultura, sino que pueden producirla, acogerla, nutrirla y rentavilizarla.
El Sobrarbe no fue escenario. Fue parte del festival
MAR no llegó al Sobrarbe con un festival cerrado. El festival se construyó con muchas manos: vecinas y vecinos ayudaron a coordinar espacios, trasladar materiales, hacer rosquillas y cafés, colocar sillas, montar carpas y resolver imprevistos de última hora.
Colectivos y entidades del territorio como Escuela O Chinebro, Pirineo Digno, Stop Baterías Samitier, Festierrantona y Plataforma No Centros de Datos en Aragón, se incorporaron a la programación para hacer de sus luchas algo colectivo que nos atraviesa a todas, y para compartir victorias y proyectos esperanzadores que ya están en marcha.
Propuestas como La épica de lo cotidiano de Montechochori hicieron que la propia memoria de las mujeres de La Fueva formara parte del festival y dejaron en las calles y fachadas de Tierrantona una ruta de relatos sonoros para la posteridad. Y los tres conversatorios con creadoras del Sobrarbe sirvieron para ejemplificar lo mucho que cuesta vivir de la cultura, la falta de apoyo institucional y la necesidad de que la población entienda que la cultura es un derecho y que se sostiene entre todas.
El resultado fue algo más parecido a una red de personas, creadoras y luchas, que una sucesión de actividades. Un espacio de convivencia en torno a la cultura rural hecha por mujeres, y no un festival más.
En Fiscal, primera parada del festival, la programación combinó reivindicaciones, creación contemporánea, y recuperación de saberes y prácticas artesanales en torno a la lana. En Tella, el taller de plantas medicinales reunió a alrededor de treinta personas, la mayoría vecinas del pueblo, interesadas en recuperar conocimientos vinculados al territorio y en compartir los que ya traían de casa. En Sant Chuan de Plan hubo conversatorio, taller de tapices abarrotado y un espectáculo de clown con el que la gente rió a pierna suelta. Y en El Pueyo de Araguás, Levadura, poesía en movimiento dejó uno de los momentos más emocionantes del festival, colocando en el centro los sueños de generaciones de mujeres y los sacrificios de todas ellas. Y un taller de escultura en gres que abrazó la diversidad y las múltiples identidades y corporalidades.
La Fueva convierte el cierre en una celebración colectiva
Más de 700 personas participaron en las distintas actividades programadas en Tierrantona el pasado fin de semana. Las calles y los aparcamientos junto al merendero comenzaron a llenarse ya durante la tarde del viernes y el sábado fue especialmente multitudinario.
Las actividades del viernes se concentraron en tres espacios ante el temor de una posible tormenta. La exposición multidisciplinar que acogió la biblioteca de Tierrantona concentró la obra de 16 artistas llegadas de diferentes puntos de Aragón con pintura, escultura, cerámica, fotografía, cianotipia, dibujo, arte botánico, audiovisual, y una instalación colectiva realizada por las vecinas de Troncedo (La Fueva), en un taller participativo que tuvo lugar en el mes de agosto.
Abarrotada la iglesia de la Asunción donde tuvo lugar el espectáculo Cuentos y otros deseos, y un reparto improvisado de rosquillas que realizaron las vecinas de Charo. El salón social acogió el tercer y último conversatorio con creadoras de la comarca conducido por la periodista Marina Fortuño; la proyección del documental Semillas: planta una escuela y te crecerá un pueblo, de Lucía Castillón y Ana Valle; el concierto de Las Guindillas y la pinchada de Materias Primas Dj,s venidas desde Gúdar Javalambre.
La lluvia no llegó y la organización respiró tranquila
La previsión de lluvia obligó a la organización a preparar hasta tres planes de contingencia. Caneto, L'Aínsa, Boltaña y la Comarca del Sobrarbe cedieron carpas y, aunque el montaje previo se realizó bajo la lluvia y la muralista, Carmen Escario, tuvo que comenzar a pintar antes de tiempo, el viernes por la tarde dejó de llover y el cien por cien de la programación pudo llevarse a cabo.
La jornada del sábado arrancó con la inauguración del mercado artesanal que reunió a una veintena de creadoras de distintas comarcas aragonesas. Los talleres, trece en total, no solo completaron sus plazas sino que tuvieron que aumentarlas tratando de absorber la alta demanda. Colas para escarmenar e hilar lana en el taller De la oveja a la madeja instalado en el merendero y un espacio juego que aglutinó a grandes y pequeñas la mañana y la tarde del sábado. En ese mismo lugar tuvo lugar al mediodía la comida popular a cargo de La Tarara de Guaso que sentó a la mesa a 250 personas con un menú que fue celebrado y saboreado por todas.
El éxito del espectáculo Las Mortero de Cía. Estigma obligó a la organización a colocar el cartel de completo en el salón social. Y el silencio se apoderó de esa misma sala durante la intervención de Cristina Fallarás: relatos demoledores que hicieron llorar a muchas de las presentes, incidiendo en la necesidad de seguir construyendo espacios seguros y redes de apoyo contra las violencias machistas y el patriarcado.
La noche llegó a Tierrantona con Vuelo y Raíz, un espectáculo de circo en formato cabaret que hizo que La Fueva retumbase en aplausos. Los conciertos de la noche, Cumbiazepam y Dominica La Coja, se trasladaron al salón social que se llenó hasta la bandera y DJ Luna Roja fue la encargada de cerrar la noche con una sesión que se alargó hasta las cuatro y media de la mañana.
Un altavoz de luchas colectivas
El Teatro Social del Valle rompió el hielo el domingo por la mañana poniendo sobre la mesa con grandes dosis de humor y somardería las grandes problemáticas que enfrenta el pirineo con los fondos buitre y el negocio de la nieve como telón de fondo. Tras ellos arrancó A Pedregada: habitar, cuidar, decidir un espacio pensado para denunciar las amenazas a las que someten a nuestro territorio, y para visibilizar lo opuesto, victorias conseguidas gracias a la presión social y maneras de habitar y cuidar el territorio desde lo esencial.
Un “capazo” que siguieron medio centenar de personas, tejido por Katerina Buil, conducido por Teresa Bardají y en el que participaron Pirineo Digno, Stop Baterías Samitier, Plataforma No Centros de Datos en Aragón, Siricueta, Alparcera y Vivienda Digna Viello Aragón.
El broche final de esta séptima edición lo puso La Corral con un concierto que puso en pie a todas las presentes, y tras el cual, una hilera de mujeres, sonrientes y visiblemente exhaustas, se acercó al micrófono para clausurarlo. En nombre del colectivo, habló Paula Oliva, quien agradeció a entidades, empresas, instituciones, artistas, vecinas y vecinos todo el esfuerzo realizado para poder llevarlo a cabo, insistiendo en la idea de que proteger el tejido cultural local es responsabilidad de todas, y de que las mujeres rurales no necesitan que se hable de ellas, sino condiciones dignas para poder trabajar y mantener sus negocios abiertos. “Esto no consiste únicamente en llevar actividades a los pueblos, sino en generar condiciones para que las mujeres creadoras rurales podamos desarrollar nuestra actividad profesional”, indicó Oliva mientras animaba a las presentes a acceder al buscador online de MAR cuando necesiten a una artista y/o artesana.
La mejor edición y también la más exigenteu
La organización coincide al señalar que la del Sobrarbe ha sido la mejor edición hasta la fecha y también la más exigente por la extensión territorial, el número de actividades en programa y la financiación a conseguir. También por el grado de participación y colaboración alcanzado con empresas, entidades y colectivos de la zona, y la enorme implicación de las creadoras del Sobrarbe a la hora de producir y coordinarlo todo.
En esta edición han sido 67 las artistas contratadas directamente por la organización y el 92% del presupuesto del festival se ha destinado al pago de cachés profesionales. El resto de personas implicadas en su desarrollo, no percibe remuneración alguna.
Pese al balance positivo, la asociación lamenta la falta de apoyo de instituciones aragonesas como el Gobierno de Aragón, en detrimento de otras estatales como el Ministerio de Cultura que financia el festival por segundo año consecutivo, ya que a su entender “invertir en cultura rural también significa invertir en empleo, participación, comunidad y territorio”.
Después de ocho jornadas, seis localidades y más de 1.000 participantes, el MAR Festival deja Sobrarbe con una certeza: los pueblos no son solo lugares a los que llevar cultura, sino lugares desde los que crearla y extenderla.





