Entre el pan y las rosas, Nata Moreno vuelve a Uesca para recibir un premio que habla de sus raíces

La cineasta, ganadora de un Goya, recibió el reconocimiento en el Teatro Olimpia, en una gala dedicada a las mujeres que abrieron camino y a las que siguen contando historias

04 octubre, 2026. 17:33
Nata Moreno | Foto: Manuela Roig

Uesca volvió a convertirse este sábado en un lugar de encuentro para las mujeres que cuentan historias a través del cine. A las 20:30 horas, el Teatro Olimpia acogió la gala inaugural de la Muestra de Cine Realizado por Mujeres, una cita que arrancó poniendo en primer plano a quienes, a lo largo de la historia, han abierto camino para que otras puedan contar, crear y ocupar espacios que durante demasiado tiempo estuvieron reservados a los hombres.

La gala comenzó con un mosaico de rostros de mujeres de distintas épocas, junto a las directoras cuyas películas forman parte de la programación de esta edición. Después, las alumnas de los talleres municipales de teatro recorrieron los pasillos del Teatro Olimpia poniendo voz a frases fundamentales de la historia del feminismo. Pasado y presente se encontraron así en un mismo espacio para recordar que cada generación recoge el testigo de las anteriores y deja, a su vez, un camino abierto para las que vienen detrás.

“Las mujeres ya estamos ahí. Dirigimos. Escribimos. Producimos. Fotografiamos. Montamos. Sonorizamos. Contamos”, señaló Chus Fenero, presidenta de la Asociación Oscense Pan y Rosas, durante su intervención.

Fenero reivindicó la necesidad de mirar no solo a quienes aparecen delante de la cámara o a quienes dirigen una película, sino también a todas las mujeres que trabajan detrás de ella: en el montaje, el sonido, la fotografía, la producción, el vestuario, los efectos visuales o la composición musical. “Las mujeres llevamos mucho tiempo haciendo cine”, recordó.

La presidenta de la Asociación Oscense Pan y Rosas destacó también que la lucha por la igualdad convive con una realidad diferente a la de generaciones anteriores: cada vez son más las mujeres que recuperan voces olvidadas y ocupan espacios desde los que pueden contar sus propias historias. “El relato está también en nuestras manos”, afirmó.

Un premio que vuelve a casa

Y en esa idea de memoria, de camino recorrido y de mujeres que abren puertas a otras mujeres encaja especialmente el Premio Pan y Rosas de esta edición, que recibió la cineasta Nata Moreno.

El reconocimiento tiene además un componente muy especial: Moreno mantiene un profundo vínculo con Uesca, donde pasó sus años escolares y donde descubrió el cine. Allí acudía al desaparecido cine Odeón y se aficionó a los cortometrajes gracias al Festival Internacional de Cine de Huesca. Según recordó Fenero durante la gala, aquella niña llegó incluso a recoger tapas de yogur y cartones de leche para conseguir un pase.

Este sábado, aquella niña regresó al Teatro Olimpia, el mismo lugar en el que se sentaba para dejarse llevar por otras realidades e imaginarios, pero esta vez para recibir un reconocimiento como cineasta, ganadora de un Goya y autora de una trayectoria vinculada a la creación cinematográfica.

El premio fue entregado por Sonia Latre, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Huesca, quien dedicó también unas palabras a la trayectoria de Moreno y a su vínculo con la ciudad.

En su intervención, Nata Moreno habló precisamente de ese regreso y de todo lo que comenzó aquí. Recordó sus primeras películas, sus primeros libros, sus primeras historias y, sobre todo, aquellas primeras miradas al mundo que, sin que ella lo supiera entonces, acabarían convirtiéndose en el deseo de contar historias. “Yo soy de aquí, yo crecí aquí”, recordó emocionada.

Moreno quiso compartir el premio con todas las mujeres que hicieron posible que ella y otras muchas pudieran imaginarse como artistas. Mujeres que ocuparon espacios que antes parecían imposibles, que escribieron, pintaron, crearon y contaron cuando todavía eran pocas las que podían hacerlo.

“Gracias a todas las mujeres que han hecho que pasen las páginas para que las que veníamos detrás pudiéramos pasar”, afirmó.

Su discurso fue también un agradecimiento a quienes la acompañaron en ese camino y una reivindicación de la capacidad del cine para abrir puertas y permitir imaginar otras vidas. Una idea que conectó de lleno con el espíritu de una gala que quiso recordar que la igualdad no es únicamente una cuestión de ocupar espacios, sino también de poder decidir qué historias se cuentan y desde qué miradas.

Pan y rosas: lo necesario para vivir y lo que hace que la vida merezca la pena

El propio nombre del premio resume buena parte de ese espíritu. Como explicó Moreno durante su discurso, el pan representa aquello que necesitamos para vivir, mientras que las rosas simbolizan todo aquello que hace que la vida merezca ser vivida: la educación, la música, el deseo, las emociones, la amistad y, por supuesto, el cine.

Un cine que para aquella niña que creció en Uesca fue primero una ventana para mirar el mundo y que ahora, muchos años después, se ha convertido también en una forma de contarlo.

La gala inaugural terminó con la proyección de “Conoce a los bárbaros”, largometraje dirigido por Julie Delpy, dando paso así a una semana de cine realizado por mujeres y a una programación que pone sobre la mesa historias y realidades tan diversas como la sanidad y sus desafíos laborales, la inmigración, los abusos sexuales y su recorrido judicial, la discapacidad, la salud mental, la presión en el deporte, la eutanasia o el desarraigo.

Una muestra que, un año más, reivindica el cine hecho por mujeres, pero que sobre todo celebra algo que durante demasiado tiempo fue necesario reclamar: que las mujeres cuenten sus propias historias y que esas historias tengan un lugar en la pantalla.

Porque, como recordó Chus Fenero al cerrar su intervención: “No estamos pidiendo permiso para entrar en la historia del cine. Hace mucho que estamos escribiéndola”.

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