¿Cómo responden los mamíferos a un cambio climático global? ¿Se comportan todos igual? El registro fósil ofrece una oportunidad única para responder a esta pregunta al permitir estudiar durante millones de años cómo las especies se adaptaron -o no- a transformaciones ambientales de gran magnitud.
Un estudio publicado en la revista internacional BMC Biology ha analizado la respuesta de un équido que habitó Europa hace aproximadamente 16 millones de años—un periodo marcado por importantes cambios climáticos y ambientales. Los resultados muestran que, pese a las variaciones esperadas, el animal mantuvo un patrón de crecimiento similar a lo largo de diferentes periodos climáticos y en distintas regiones de Europa. La investigación ha estado liderada por paleontólogos de la Universidad de Zaragoza y en colaboración con investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y de la Universidad Halle-Wittenberg de Alemania.
El protagonista del estudio es Anchitherium, un pariente ya extinto de los caballos, de tres dedos y tamaño mucho menor, que estuvo ampliamente distribuido durante 10 millones de años en lo que hoy en día es Europa y que experimentó los cambios ambientales ocasionados por el Óptimo Climático del Mioceno y otros periodos de inestabilidad climática, lo que lo convierte en un modelo especialmente adecuado para estudiar cómo los mamíferos respondieron a las transformaciones ambientales del pasado.
Los investigadores han estudiado fósiles de Anchitherium procedentes de cinco yacimientos europeos (tres españoles y dos alemanes) correspondientes a diferentes periodos antes, durante y después de los principales eventos climáticos del Mioceno.
La investigación se basa en el análisis microscópico del esmalte de los dientes, un tejido que se deposita siguiendo una determinada periodicidad y que conserva señales del proceso de crecimiento del animal. Estas señales permiten reconstruir las pautas de desarrollo de los individuos y estimar aspectos relacionados con su historia vital. «Como la historia vital depende en gran medida del ambiente, la hipótesis de partida era que la alteración de las condiciones ambientales propiciadas por los cambios climáticos del Mioceno (especialmente la creación de hábitats más abiertos y estacionales) podría haber favorecido ritmos de crecimiento más rápidos en Anchitherium; sin embargo, los resultados no respaldaron esta predicción»—menciona Teresa Calderón, investigadora Marie Curie y primera autora del estudio.
Los individuos mostraron patrones de crecimiento muy similares independientemente de su procedencia geográfica y del periodo al que pertenecían. «Lo más interesante es que no encontramos una única respuesta asociada al cambio climático: Anchitherium parece haber mantenido una estrategia de crecimiento muy conservadora durante un periodo en el que los ecosistemas europeos estaban experimentando transformaciones importantes» —recalca Daniel DeMiguel, coautor del estudio, e investigador del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA).
Estos resultados contrastan con los obtenidos previamente para otro herbívoro europeo del Mioceno, que sí experimentó un cambio hacia una estrategia de vida más rápida ante los mismos cambios climáticos. Estas diferencias ponen de manifiesto que no existe necesariamente una respuesta única ante un mismo cambio climático. La reacción de cada especie puede depender de sus características biológicas, de su capacidad para modificar la dieta y de las oportunidades que encuentre en los ecosistemas transformados.
La investigación demuestra así el valor del registro fósil como una herramienta imprescindible para comprender cómo las especies han afrontado los cambios ambientales en el pasado y qué factores pueden favorecer su persistencia ante escenarios de transformación ecológica como el actual calentamiento global.





