Luz Casal pone el broche al SoNna con una noche para recordar en la Cartuja de las Fuentes

Más de 2.000 personas, con las entradas agotadas, acompañaron a la artista galega en la clausura de la séptima edición del festival de la DPH. Casi medio siglo de trayectoria atravesó un concierto que viajó de sus nuevas canciones a “Rufino”, “Negra Sombra”, “Piensa en mí”, “Un año de amor” o “Te dejé marchar”.

13 septiembre, 2026. 11:28
Luz Casal, en su actuación en el Sonna | Foto: DPH

Faltaba todavía media hora para el comienzo del concierto y Carmelo esperaba junto al escenario con una fotografía de Luz Casal tomada en 1989. Fotógrafo ya jubilado, había ampliado aquella imagen con una intención muy concreta: entregársela personalmente 37 años después. “Esperaré lo que haga falta”, decía.

A su alrededor, más de 2.000 personas llenaban la Cartuja de las Fuentes de Sariñena. Las entradas se habían agotado el día anterior y la expectación estaba a la altura de una noche especial: Luz Casal era la encargada de cerrar la séptima edición del SoNna, después de más de dos meses de programación por las diez comarcas altoaragonesas.

Y esperó Carmelo. Como esperaba el público. Hasta que apareció Luz Casal.

Casi medio siglo de canciones

Luz Casal | Foto: DPH

La artista galega salió al escenario con la seguridad que proporcionan casi cinco décadas de trayectoria. Su primer sencillo llegó en 1980 y, a sus 68 años, afrontó la cita de la Cartuja sin necesidad de convertir el pasado en un ejercicio de nostalgia. Porque hubo canciones que forman parte de su historia, pero también presente.

El recital comenzó alternando temas como "Lo eres todo" y "Volver a comenzar" con composiciones de "Me voy a permitir", su último trabajo y el disco que da nombre a la actual gira.

Entre las primeras sonó "Lágrima", su homenaje en castellano a Amália Rodrigues. Luz Casal explicó desde el escenario por qué había optado por no cantarla en portugués: “No me atreví a hacerlo en portugués por el respeto que le tengo y por si no salía bien”.

También tuvo palabras para el escenario excepcional que la rodeaba. Al conocer las características de la Cartuja bromeó: “Me han dicho que es Barroco tardío. A mí me gusta todo, pero soy bastante barroca; me gustan las cosas adornadas”.

Una voz que fue creciendo con la noche

Luz Casal | Foto: DPH

La complicidad con el público atravesó el concierto. Luz Casal fue ganando intensidad a medida que avanzaba el repertorio y su voz adquiría fuerza y matices.

Más que limitarse a cantar sus canciones, las interpretó. Los años de escenario se hicieron visibles en la manera de manejar los tiempos, los silencios, los movimientos y cada cambio de intensidad de un repertorio construido a lo largo de décadas. El tramo final convirtió la Cartuja en una celebración.

"Rufino" llevó el concierto hacia uno de sus momentos más rockeros, después de que hubiera sonado también su nuevo "Blues de la cebolla". Y todavía quedaban algunas de las canciones que explican por sí solas la trayectoria de Luz Casal.

Para la recta final reservó "Negra Sombra", interpretada en galego, antes de encadenar tres canciones inevitablemente vinculadas también al cine: "Piensa en mí", "Un año de amor" y "Te dejé marchar".

Terminada la música, Luz Casal saludó junto a su banda, recogió un ramo de flores y permaneció inclinada ante el público en una larga reverencia. Desde el otro lado del escenario llegó la respuesta en forma de aplausos.

Era el final de un concierto exigente. La artista abandonó después el escenario visiblemente cansada y acompañada hasta el camerino, tras una actuación en la que volvió a mostrar que la veteranía no ha rebajado su entrega sobre las tablas.

Con ella se cerraba también la séptima edición del SoNna, el festival organizado por la Diputación de Uesca que durante más de dos meses ha recorrido las diez comarcas altoaragonesas.

Carmelo seguía esperando

Mientras el público comenzaba a abandonar la Cartuja camino de las zonas de aparcamiento, alguien permanecía todavía cerca del escenario. Era Carmelo.

Seguía sujetando aquella fotografía de 1989, protegida dentro de una gran carpeta. Le advirtieron de que Luz Casal necesitaba descansar la voz antes de poder atender a nadie.

“No importa. Esperaré”, respondió. Para entonces llevaba casi cuatro horas esperando.

Parecía que tendría que marcharse sin cumplir su propósito. Pero finalmente Luz Casal salió. Carmelo pudo acercarse a ella y entregarle aquella fotografía tomada casi cuatro décadas atrás.

Una pequeña escena después de más de dos horas de concierto para cerrar una noche construida, precisamente, sobre eso: canciones, recuerdos y el paso del tiempo.

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