Al grito le sucede la razón: entre la rabia y la idea

21 julio, 2026. 09:55

"Será difícil hacer entrar en razón a los vivales que no creen en el cambio climático y sí en el cambio crematístico de sus bolsillos. Pero nos va la vida y la del medio natural que debemos de legar a las generaciones posteriores".

Pasado el mal trago, hay que aplicar la razón, la idea y hacer esfuerzos por evitar el grito. Pero no la rabia que saque a la luz las excusas de mal pagador de unos dirigentes con caras compungidas solo en el rato de las entrevistas por televisión y que huyen del debate sobre las causas.

El incendio de las Cinco Villas, una catástrofe que ha quemado 16.000 hectáreas de masa forestal, una de las biodiversidades mejor conservadas de la península, ha de ser un punto de inflexión. Desde la idea sí, pero hay que exigir a nuestros dirigentes, sean azules, azulones o rosas pálidos, la obligación que tienen respecto a materia de sostenibilidad, biodiversidad y apoyo a la naturaleza.

Será difícil hacerlo en aquellos vivales que ni siquiera creen en el cambio climático y solo rezan por el cambio crematístico en sus bolsillos. Pero, los ciudadanos, debemos exigirles la priorización de recursos de grado o de fuerza. De grado, por la idea, la razón y la rectificación de sus políticas. De fuerza, con la razón democrática de los votos o la exigencia de sus dimisiones por incompetentes, corruptos o las dos cosas.

Datos:

  1. Aragón tiene 2,7 millones de hectáreas de superficie forestal que comprenden 1,7 millones de arbolado disperso, dehesa, pastos, matorral y superficie desarbolada más un millón de hectáreas de masa arbolada densa.
  2. Cada hectárea quemada de masa forestal, además del incalculable perjuicio paisajístico, climático, medio ambiental y de biodiversidad, la propia extinción, más la limpieza posterior, aclareo y repoblación, cuesta a la comunidad una media de 8000 euros.
  3. Una pérdida de 35.000 hectáreas de masa forestal en Aragón, como se malaventura en esta campaña con el mejor de los optimismos, equivaldrá a 290 millones de euros el montante necesario para su extinción, limpieza, aclareo y eventual repoblación. Sin mentar lo que, todavía, es más importante, la pérdida de paisaje, de biodiversidad, casas y estructuras en municipios y, lo peor, eventual pero posible, vidas humanas.
  4. La DGA ha destinado 54 millones de euros a la campaña contra incendios de 2026. El importe incluye a 627 efectivos. Seis veces menos que lo que va a costar las pérdidas materiales de los incendios. Los acontecimientos indican, machacones, que se queda cortísimo si se exige apagar los incendios en invierno y primavera como indican los técnicos, los científicos y el sentido común. Es decir, limpiar maleza, aclareo de foresta, eliminación de combustible innecesario, creación masiva de cortafuegos, mantenimiento de la masa forestal, impulso a la ganadería extensiva ovina y caprina y prevención, prevención, prevención.
  5. El número de personal de las brigadas contra incendios de la DGA, actualmente, es de una persona por cada 3.000 hectáreas de superficie forestal.

El camino: un buen decálogo al que se pueden añadir ideas

a. Un buen gestor antepone el criterio de priorización y proporcionalidad en el reparto de los recursos en una sociedad. Si no hay dinero en abundancia para todo, que no lo hay, prioriza, por escalas, en lo crucial. Y crucial es nuestra riqueza forestal. Cualquiera que no sea estúpido, corrupto o las dos cosas, gastará antes en dotar de amplios recursos contra incendios a la comunidad que en cuestiones suntuarias o de mero entretenimiento. Antes para dotar a los colegios públicos de refrigeración en sus aulas, que en festivales de lucecitas, macetas, estrellitas o caprichos millonarios en Cosos suntuarios y absurdos. Antes en dotarnos de medios aéreos y humanos más amplios, mejor pagados y para todo el año, que en pelotazos en centros comerciales disfrazados de campos de fútbol que solo tienen un objeto: especular y beneficiar a los que son, ya, más ricos: priorizar recursos.

b. Mucho más cuando, cualquiera que no sea estúpido, corrupto o las dos cosas, ve que priorizando en función de lo esencial es menor, mucho menor ese gasto puesto que, solo evitando la mitad de lo incendiado sin recursos, evitaría una buena parte del costo total.

Concretando en nuestra comunidad

c. Aumento del presupuesto de la DGA hasta una cantidad de 180 millones al año, como mínimo, que incluya recursos humanos con 2.000 brigadistas a tiempo completo/año. Es decir, una persona por cada 1000 hectáreas de masa forestal efectiva. La parte humana supondría, aproximadamente y mejorando sus condiciones laborales, una cuantía de 100 millones euros/año. El resto, para soporte mecánico y compra de medios contraincendios.

d. Esa masa laboral de 2.000 efectivos dedicarla durante 9 meses al año, junto a partidas de vecinos en los municipios contratados por los ayuntamientos, para limpieza, aclareo y eliminación de combustible surgido por lluvias y sequedad del territorio.

e. Parte de esa masa laboral y maquinaria, junto a medios de otros ministerios, estructuraría una red, lo más amplia posible, de cortafuegos de, al menos, 25 metros de ancho. Un dato que puede dar luz para la creación de estos cortafuegos es el de 1,5/2 hectáreas por cada cien de masa forestal. Por supuesto, limpiar y mantener la red que existe, muy deteriorada, a la fecha.

f. Articular entre las distintas administraciones, central, la comunitaria y los ayuntamientos, un Plan Especial Contraincendios, un acuerdo marco entre partidos y administraciones que establezca, en un objetivo a medio plazo y largo plazo, cuantas medidas sean precisas para prevenir incendios, limpiar bosques, establecer cortafuegos y estructura adecuada para los medios contraincendios, repoblación masiva y continuada de especies adecuadas y las leyes necesarias para cortar, radical, las apetencias y avaricia de quienes se lucran con los incendios. No estaría de más, estudiar las mancomunidades sorianas de prevención en sus pinares.

g. Impulsar y potenciar las ayudas necesarias para crear una cabaña ovina y caprina extensiva que vuelva a ejercer de eficiente limpiadora y mantenedora de bosques. Impulsar cooperativas de pastores, medidas que mejoren, y mucho, sus condiciones laborales e incentiven la creación voluntaria de muchos puestos de pastor-ganadero. Es el mejor tipo de ganadería posible para nuestro país. Carnes con menos plagas y pestes, menor contaminación por desechos y, dentro del consumo alimenticio, con buena relación carne/alimentación saludable. En Aragón hay una cabaña de 1,7 millones de ganado ovino y caprino. Se trata de multiplicar por dos esa cifra, siempre en régimen extensivo, y rebaños grandes cuyos responsables sean, en su mayor parte, estas cooperativas de pastores y ganaderos.

h. Impulsar una urgente y extensa protección de espacios naturales por ley. Comenzando por Canal Roya-Anayet y continuando por los espacios naturales que nos quedan: joyas que debemos legar a las generaciones posteriores. Actualmente, con algún tipo de protección existen 1600 km2 de los 47.000 km2 de todo Aragón. Una vergüenza este pequeño número gracias a las presiones de los especuladores del ladrillo y a la incompetencia legisladora. De algo que no crea riqueza, las urbanizaciones, sino solo especulación. Por lo mismo que no se protegió a Castanesa ni el ejecutivo actual quiere hacerlo con Canal Roya-Anayet.

i. Estudiar la conversión, a corto plazo, de una industria, la de la nieve. Cualquiera que no sea un especulador, un estúpido o un corrupto, y actúe como dirigente político, tiene que ver su término a plazo medio, veinte años vista. Además, ir replanteándose esa industria en otra más acorde con la sostenibilidad, con un futuro seguro, con el mantenimiento y aumento de los puestos laborales (y la población estable de los núcleos rurales). Podemos fijarnos en la vertiente francesa, por ejemplo y no hacer burradas tipo Castanesa o telecabinas que arruinan el medio solo para que algunos empresarios e Ibercajas se froten las manos.

j. Impulsar una congelación general de las recalificaciones urbanísticas de terrenos que tengan como finalidad construir urbanizaciones de viviendas fuera de los cascos poblacionales de los municipios aragoneses. Hoy por hoy, con el terreno actual calificado para construcción en su interior tendríamos para multiplicar por dos la población sin necesidad de más urbanizaciones que solo conllevan pelotazos, corrupción urbanística y aumento de riesgos de incendios.

Este es un mínimo común denominador para exigir a todos nuestros políticos a partir de ahora. Incluso a los ineptos.

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