Aske Gunea marca un hito contra la represión política

20 abril, 2013. 12:48
Durante tres días
Aske Gunea: Un muro popular desobediente más allá del Boulevard. Foto: Idoia Zabaleta / ARGAZKI PRESS

Ion Tellería y Oihane Larretxea | GARA | En cuestión de minutos las sirenas de las que disponía Aske Gunea para avisar de la llegada de los ertzainas sonaron dos veces. Instintivamente, sin contemplaciones, los presentes se encadenaron unos a otros enlazando sus brazos hasta tejer este muro popular que ha marcado un antes y un después.

Las sirenas también despertaron a los vecinos y vecinas de la Parte Vieja. A la mayoría les pilló con un ojo abierto. Tal y como relataron a GARA algunos de ellos, conciliar el sueño había resultado casi imposible: "Sabiendo que podían llegar en cualquier momento, hemos pasado la noche en un 'ay".

La cacerolada que estaba prevista en caso de una intervención policial también surtió efecto en esta zona. Prácticamente con lo puesto, desde el interior de este barrio, todavía de noche, salían vecinos que intentaban en vano acercarse hasta el Boulevard. Nadie pudo arribar, ni siquiera acercarse, al mantener decenas de agentes todos los accesos bloqueados. Resultaba imposible salir y entrar al barrio; había que desplazarse hasta el muelle o hasta el Teatro Victoria Eugenia. El tráfico también estuvo totalmente cortado durante varias horas hasta la Avenida de la Libertad.

La de ayer no era la primera alarma, pero existía la sensación de que era la última. La noche anterior, antes de echarse a dormir, la tensión resultaba palpable. Las sospechas se confirmaron al ver, alrededor de las 6.00, las decenas de furgonetas.

Los más de 200 agentes enviados hasta Aske Gunea formaron un fuerte cinturón alrededor del muro popular, para entonces formado sólidamente.

Los jóvenes no se amedrentaron, y se multiplicaron los gritos en apoyo a los condenados. También los abrazos eran una constante. Ante la intención de permanecer en el lugar, el mando que dirigía la operación advirtió mediante megafonía de que aquella actitud podría acarrear faltas administrativas o penales. El agente repitió tres veces el mismo mensaje, respondido con silbidos y gritos de "Presoak kalera amnistía osoa".

Después de llevarse primero a las personas que estaban fuera del muro popular, comenzaron por la primera fila de este tupido bloque humano. Voces y más voces pedían que nadie cediera y se sujetaran con firmeza. La Policía autonómica solo pudo avanzar metro a metro.

Cantando ante las agresiones

A partir de ahí comenzaron los golpes, los tirones de pelo y las amenazas -una chica denunció intimidaciones sobre violaciones-. Una a una, las personas eran conducidas, incluso arrastradas, hasta la entrada de la calle Mayor, donde se fueron congregando cada vez más personas. Algunas de ellas, una vez que se reencontraban con conocidos y amigos, sufrieron ataques de nervios y leves mareos, debido a la tensión acumulada durante los últimos días y en especial durante las últimas horas.

Cerca de allí había una ambulancia para atender a los heridos, pero quienes se encontraban en este punto de la calle Mayor no podían acceder hasta ella debido al cordón policial. Aquí también la solidaridad fue un hecho, ya que los jóvenes se atendieron los unos a los otros. Los voluntarios sanitarios de Aske Gunea también estaban preparados.

Los ertzainas soltaban a los que iban desalojando con un empujón o zarandeo final. Para calmar el dolor de los golpes y porrazos, se llevaron hasta el lugar agua y hielo, empleados para enfriar los hematomas.

Los sentimientos de rabia, de impotencia, de dolor... provocaron más de una lágrima. Se las secaban, se abrazaban, y volvían a posicionarse. Nadie estaba dispuesto a abandonar el lugar, a rendirse.

La gente se fue agolpando de tal manera junto al Teatro Principal de la calle Mayor que parte de la multitud dio la vuelta a la manzana para crear otro muro de apoyo en la calle Igentea. Cuando este espacio también se quedó pequeño, levantaron otro en la calle Hernani. Cientos de personas decidieron entonces sentarse en el suelo a fin de bloquear el paso.

A medida que los agentes accedían al interior de Aske Gunea la violencia aumentaba, aunque en un principio parecía que la actitud general de los más de 200 agentes era de relativa calma. En los puntos de apoyo de la calle Mayor, Igentea y Hernani hubo más de un amago de agredir a los jóvenes. En una de las ocasiones estos respondieron cantando el 'Eusko gudariak' puño en alto. También se escuchó con fuerza "Lepoan hartu ta segi aurrera", como señal de que esta lucha será larga pero no faltarán los relevos. Todo ello de modo totalmente pacífico. De hecho, la noche anterior desde Aske Gunea avisaron de que si alguien de los presentes utilizaba la violencia no sería "uno de nosotros"», sino un agente infiltrado.

Habían pasado dos horas desde que se activó el dispositivo cuando la Ertzaintza llegó hasta el corazón del muro popular, llevándose a Adur Fernández, el primero de los condenados que detuvieron. Detrás de él sacaron a Ekaitz Ezkerra, Egoi Alberdi, Aitor Olaizola, Mikel Arretxe y Oier Lorente, este último cuando el reloj iba ya hacia las 9.00. Es decir, tres horas después de la llegada de la Ertzaintza.

Las furgonetas en las que fueron introducidos los seis detenidos arrancaron la marcha en sentido contrario por la calzada del Boulevard. La sentada reaccionó en seguida: se levantó y corrieron hacia la plaza Gipuzkoa para impedir, sin éxito, el paso de los vehículos.

Hacia las 9.45, el dispositivo que se llevó consigo a seis donostiarras se dio por finalizado, dejando tras de si un intensísimo amanecer que difícilmente se olvidará.

"Para siempre"

De vuelta al kiosko del Boulevard, era la hora de ponerse a trabajar: limpiar la zona, recuperar los objetos personales y apilar todo lo desperdigado, como zapatos sueltos -hubo quien acabó descalzo-, bolsos, sacos de dormir, etcétera.

En seguida desde Aske Gunea publicaron un tuit de felicitación. El amargor por las detenciones era innegable, pero sobre él flotaba la sensación de que habían ganado. «Lo que hemos construido permanecerá para siempre», aseguraron.

Horas más tarde hicieron una valoración más extensa, en la que denunciaron la injusta orden que llegaba desde Madrid y que Lakua había obedecido. No obstante, también en esta ocasión resaltaron "la victoria del pueblo en defensa de los derechos políticos y civiles", insistiendo en que "hemos dado un paso adelante".

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Iñaki Soto | NAIZ | No todo es posible con violencia

La Ertzaintza dejó claro ayer de madrugada en Donostia que sin violencia no se pueden hacer cumplir leyes injustas. Ellos, al menos, no saben hacerlo. Tampoco el PNV, inventor del mantra de "sin violencia todo es posible", que llegada la hora ha demostrado que ese lema se refería al resto, no a ellos mismos.

Por el contrario, Imanol Vicente, Nahikari Otaegi, Ekaitz Ezkerra, Aitor Olaizola, Adur Fernández, Oier Lorente, Mikel Arretxe y Egoi Alberdi han demostrado que sin violencia muchas cosas son posibles. Los jóvenes condenados por pertenecer a Segi decidieron resistir pacíficamente a una condena injusta. Tal y como hacían antes de ser detenidos, torturados y encarcelados, su labor ha sido pública, política. Y humana, muy humana, cabe añadir. Con su compromiso, con su propuesta táctica y estratégica y con la solidaridad de las miles de personas que durante estos días les han arropado, han vuelto a demostrar que su lucha es política y que el Estado no los condena por los medios utilizados (que tal y como describe la sentencia del Supremo son reuniones, movilizaciones, tenencia de libros y documentos...), sino por los objetivos que persiguen: la independencia y el socialismo. Unos objetivos tan legítimos como cualquier otro que sea democrático, tan legítimos como la violencia que en abstracto corresponde al Estado (también le corresponderá al nuestro cuando lo logremos), que sin embargo en este caso concreto utiliza para intentar que esos objetivos democráticos no se puedan lograr. Esto está cada vez más claro para más gente en este país, lo cual ya es un avance sustancial en este camino.

Una cosa es reivindicar la necesidad de sacar a los presos políticos cuanto antes y otra pensar que en este país no vaya a haber presos políticos en adelante. Los habrá, en la medida en que se articule una estrategia eficaz hacia la independencia que el Estado responderá con mayor represión. Lo uno no quita lo otro. Algunos pensaron que la nueva estrategia era una rendición, que no se asumían las consecuencias de la lucha. Pues no, tal y como demuestra que algunos de los promotores de ese cambio estén en prisión hoy en día.

A ellos y a todos sus compañeros dispersados por decenas de cárceles en los estados español y francés se le suman desde hoy estos jóvenes. No se ha podido evitar que los encarcelen. Pero sí se ha logrado que su encarcelamiento adquiera el pleno sentido político que tiene su lucha, la lucha por el derecho a ser pueblo, a decidir nuestro futuro libremente. Se ha demostrado igualmente que con violencia la Policía puede detener y entregar a las autoridades españolas a jóvenes que no han cometido otro delito que hacer política, pero no puede acallar una demanda de justicia, democracia y libertad cada vez más atronadora. Y se ha logrado además dar un paso de gigante para que a través de ese muro ciudadano, cada vez más alto, cada día más inexpugnable, en este país quede en evidencia quiénes buscan la libertad y quiénes la quieren ahogar, y también quiénes ejercen de brazo ejecutor en esa innoble labor.

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[Más información en el Especial Aske Gunea de NAIZ]

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