Son muchísimas las noticias en torno al mercado inmobiliario. Tantas que abruman e inundan de tantas realidades, a veces hasta contradictorias, que daría para pensar que sirven de cortina de humo para no hacer absolutamente nada que favorezca a las miles de víctimas de la situación irracional de la vivienda.
De hecho, no deja de ser chocante que, en los últimos 30 años, por lo menos, el asunto de tener un piso ya sea en alquiler o propiedad, ha sido noticia de forma constante por ser una cuestión que preocupa y llega a asfixiar la economía de muchísimas personas.
Pero todas estas décadas han sido tiempo perdido en el que no se han implementado políticas públicas de asuntos tan básicos como una política seria de alquiler asequible.
En Aragón lo sabemos bien. Tuvimos la tomadura de pelo de las Viviendas de Protección Oficial que hicieron ricas (más aún) a varias constructoras y promotoras y extendieron las ciudades de todo el Estado. Lo vimos especialmente en Zaragoza, que ha duplicado su extensión sin aumentar significativamente su población.
Unas VPO que llegaron a una parte afortunada de la población entre 2004 y 2011, para luego verse envueltas en el estallido de la burbuja inmobiliaria.
Luego vino un breve impasse y los años recientes en que el mercado inmobiliario ha enloquecido.
Subidas en los alquileres de dos dígitos anuales (En Aragón el interanual brinca el 11% ahora mismo con un pico en Teruel capital del 16%). En la venta cifras como que en Zaragoza la vivienda nueva sobre plano esté sobre los 400.000€ de media y la vivienda usada haya llegado a duplicar su precio.
La cosa se resume rápido: las personas más jóvenes simplemente no pueden independizarse porque los requisitos y los precios son inasumibles.
Las más precarias sobreviven como pueden: varias familias en un piso, locales sin cédula de habitabilidad donde se apiñan varias personas, trasteros usados como infravivienda, edificios en ruinas ocupados como solución habitacional.
Al mismo tiempo la vivienda como activo económico vive un momento de bonanza para quien pueda invertir en ella.
Pero esos inversores no suelen ser personas físicas. Lo de los pequeños propietarios, que sí existen, aunque cada vez son más minoría, son la excusa para que grandes tenedores y fondos de inversión estén copando el mercado.
Y cuando hablamos de copar el mercado es todo el mercado literalmente.
Lo mismo alquiler de habitaciones que plazas de garaje, venta de lujo o pisos turísticos. Un sistema casi de oligopolio que avanza, pero parece que nadie quiere ver el problema.
Se habla mucho, se promulgan leyes que han resultado ser brindis al sol y cuando se habla de topar precios o intervenir el mercado de la vivienda parece que se esté proponiendo poco menos que la revolución social.
Los medios de comunicación, más tendenciosos que nunca en este asunto, generan no noticias. Hablan de morosidad, de ocupas que nadie ve y de inquilinos que abusan de sus pobres caseros.
Mientras, los desahucios siguen, la infravivienda o los alquileres abusivos son lo habitual. La realidad de tener un techo es un agobio cada vez para más gente, cuando no un imposible.
Y el hablar mucho, para no hacer nada, de la clase política se ha convertido en norma.
Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.





