SALF, acrónimo estúpido de la extrema derecha rampante obtuvo casi 18.000 votos en las pasadas elecciones a las Cortes aragonesas. Un 2,74%. Parece una tontada pero no lo es. Les faltó poco para alcanzar en el global a la coalición IU-Sumar, con su trayectoria, imagen, reputación y compromiso social. Así está el tema electoral, democratizante a medio gas, a pesar de las propuestas excéntricas de Alvise y compañía (servicios de primera para las familias, que pagarán pocos impuestos; cerrar chiringuitos para acabar con la corrupción). Ellos también votan y se movilizan.
Su lema de campaña postula un mundo dual, mezclando lo español con lo aragonés: ellos o nosotras. Mientras hace unos días, en Madrid, villa y corte, Rufián y sus seguidores, muchos y variados, debatían sobre disputar el presente para ganar el futuro. El sentido común para frenar a Vox. La necesidad es virtud pero los egos masculinos —y alguno femenino— ya pavonean condiciones imposibles. Yo, yo y yo.
La izquierda nunca lo ha tenido fácil, por acción u omisión. Lo llamemos D'Hondt o Grosse Koalition del capital, la tecnocracia, la PPSOE y sus acólitos —verdes, rojipardos, siniestros— de la una, grande y libre. Lo llamemos II República o Suresnes, o 15M. Nos toca reflexionar a nosotras.
Aragón nunca ha sido Ohio de nadie pero sus resultados electorales han provocado un tsunami de análisis, afectos y efectos imprevisibles. Hace tres décadas ni nacionalidad ni comunidad histórica, ahora nos dan medallas de porcentajes de voto a la extrema derecha. En realidad, la composición electoral ha variado poco. Ahí está CHA, que replegó alas y abrió el aragonesismo al siglo XXI, con sus 64.000 votos, seis escaños, mejorando resultados y sensaciones de manera contundente. Veremos si aprovecha la oportunidad para renovar discurso y dinámicas, fer comunidat y convertirse en alternativa al PSOE.
Así que empujemos por un nosotras transformador, inclusivo y plural, y quizás confederal, que defienda la libertad desde el socialismo, la soberanía desde abajo. Feminista también, desde la virtud de contraponer al ellos posfascista alvisiano, impostor, mentiroso, régimen del régimen.





