Me lo comenta el presidente de una comunidad de vecinos de la cercana calle Barrioverde, ambas en el Barrio de la Madalena. Una persona sin techo me dice que el albergue está lleno y que lleva así todo el invierno. No está activada la campaña de frío, pero llevamos varias semanas de lluvia constante, aún así no se habilitan plazas extra. Esto pese a que, desde fuentes municipales, se difundió en los medios que se iban a alojar a todas las personas sin hogar afectadas por la crecida del río Ebro, a orillas del cual se encuentran varios asentamientos de precarias tiendas de campaña y toldos que hacen de casa a quien no la tiene.
No lejos, aunque no revelaré el lugar, duermen algunas de las personas que fueron desalojadas del cercano Parque Bruil el pasado 3 de diciembre. Este tema se dio por zanjado, pero para varias de las personas desalojadas se tradujo en un empeoramiento de sus condiciones de vida. Simplemente se alejó el problema del foco mediático, no se solucionó.
También hay decenas de infraviviendas en la zona, hecho denunciado en varias ocasiones por la Asociación Vecinal de la Madalena Calle y Libertad, que acogen temporalmente la realidad del sinhogarismo.

Las sintecho se mueven de unas zonas a otras. Son conocidos varios asentamientos fijos, como los que hay en el entorno de la Intermodal de Delicias. También los de la ribera del río.
Allí que me fui. Bajo el puente de L’Almozara malviven hasta una treintena de personas. Bajo el de las Fuentes un número indeterminado que se reparten por las huertas cercanas y alguna caseta agrícola abandonada.
El río alcanzó la mañana del jueves su cota más alta al paso por Zaragoza, inundando sotos, caminos, algunas explotaciones agrícolas y un puñado de viviendas. Bajo el puente de L’Almozara la riada anegó las pocas pertenencias y las penosas techumbres de un grupo de las personas que allí hacen la vida.
Un colchón flota pegado a uno de los pilares del puente. Una mesa asoma por encima del agua fangosa y varias de las chabolas sobresalen por encima del imponente caudal de agua.
La crecida también ha sacado a las ratas de sus escondites habituales y corretean por la parte del asentamiento que no se ha inundado y por los alrededores. Cuento una decena más o menos que permanecen visibles, aunque con las ratas opera el principio de que por cada una que ves puede haber cien más.

Un habitual de la zona me dice que algunos sin hogar se han mudado al entorno de la Intermodal, que otros están por Echegaray y Caballero. Pese a todo estamos en la parte rica del mundo. La comida y la higiene están más o menos garantizada. Hay varios lugares como el mismo Albergue Municipal que ofrecen ducha, ropa y las comidas diarias. También organizaciones de caridad.
Pero varias personas siguen en la puerta de calle Arcadas sobre las seis de la tarde. Esperan su sitio en el Albergue y ya se han hecho una especie de parapeto de cartones. El cierzo sopla recio y por la noche bajará la temperatura.
Una vecina dice que no le molesta en sí la presencia de estas personas, aunque reconoce que es frecuente que hagan sus necesidades en la calle por la noche, sobre todo en la zona cercana a la muralla, cuyo foso interno tiene bastante basura.
En el paseo he visto que están montando las instalaciones de Zaragoza Luze. La ciudad brillará este fin de semana, por supuesto en el centro urbano.
En el extrarradio humano, porque el sinhogarismo también se concentra en el centro de la ciudad consolidada, habrá pocas luces que mostrar y muchas sombras que oculten donde nadie quiere mirar.





