Tres de enero, día de ignominia: Donald Trump, enemigo público mundial

05 enero, 2026. 06:10

La fase superior de la política occidental, practicada ya la de la traición o la compra de voluntades, no es otra que el crimen en nombre de la democracia.

Amanecer del día siguiente. Todavía me cuesta creer tal atropello de un gobierno filonazi al mundo, no a un país. Todavía me cuesta creer la pasividad de mi presidente obviando lo importante, la mirada a otro lugar, igual que hacían los alemanes cuando no querían saber de los campos de exterminio, de los corruptos dirigentes de Bruselas/OTAN. Me cuesta creer la línea roja cruzada por el gobierno de un país, dirigido por un ególatra con ribetes de esquizofrénico, calculador ambicioso que no debemos confundir, para nada, con un estúpido, solo parecido a aquel pintor de brocha gorda que incendió el mundo.

La incredulidad no es hacia el ataque a un país soberano. En un año de gobierno de Trump lleva siete países bombardeados, solo por la ley del más fuerte; con pretextos fútiles que disfrazan el verdadero: robar sus riquezas. El recelo parte de la nueva patada al derecho internacional: secuestrar a un presidente legítimo de un país −para colmo, con un pretexto tan falso como vergonzoso− y de las reacciones −tan tibias como hipócritas− de los dirigentes del llamado mundo occidental. El señor Pedro Sánchez, de los primeros.

Con ser importante la pregunta de por qué no se disparó un solo tiro a los helicópteros asaltantes, es decir, dejando abierta la hipótesis de la compra de voluntades por parte de la DEA o de la CIA, lo esencial es la agresión a un país soberano y el secuestro de su máximo dirigente.

Como si fuera un dictadorzuelo de los antiguos, Trump paseó al presidente raptado, junto a su esposa, maniatado, exhibiéndolo como un trofeo, como hacían los antiguos emperadores con los vencidos, uncidos al carro, en una suerte de espectáculo denigrante mientras disfrutaba del espectáculo en su mansión de Mar-a Lago.

Si la comunidad mundial, Occidente en especial, acepta y normaliza este precedente, estarán rotas todas las normas del Derecho Internacional. Estaremos bailando al son que marque el más fuerte, el que más poder militar exhiba y, además, lo haremos al son, en este caso, de una música que suena a fascismo puro.

Durante los ochenta últimos años Estados Unidos ha sido para el mundo el enemigo público número uno. Donald Trump, y el gobierno que dirige, son, hoy, el mayor peligro mundial para la paz. Un cáncer que debería de ser extirpado de la mejor forma posible: imputarle, el mundo que quiere la paz y el derecho como medio de expresión, como criminal de guerra para ser juzgado por el TPI. Por esta agresión, solo justificada por su torticera ambición hacia el petróleo y otras riquezas venezolanas, y por esa complicidad necesaria en el espantoso genocidio de Gaza por el gobierno paralelo de Netanyahu.

Imputarlo, juzgarlo y que pase en prisión, junto a su compadre Netanyahu, como reposición parcial de la creencia en la Justicia, el resto de su vida. Lo triste es que sería poco tiempo.

Lo contrario, bailarle el agua por miedo, por adulación servil, por cálculo interesado, por cinismo al más alto nivel, es el camino del mundo hacia el precipicio. Seguir en paralelo la senda marcada por Hitler en la década de los treinta, cuando apoyó el golpe militar contra la República española mientras las democracias europeas dejaban hacer, cuando estas mismas le daban palmadas en su espalda al invadir los Sudetes o miraban hacia otro lado al anexionarse Austria en 1938. El final, estaba cantado: segunda guerra mundial.

Se está a tiempo de evitar la que, probablemente, sería la última guerra. Y esto, solo se puede hacer con la determinación de la mayoría de países. En este tema, ni siquiera se debería hablar de derechas o de izquierdas, sino de una mínima democracia formal que preserve unas maneras mínimas de relacionarse los pueblos soberanos bajo normas del Derecho Internacional, rotas al completo hoy.

La mayoría de los países emergentes, los africanos y asiáticos, la América Latina, todos aquellos que no contemplan la motosierra como a su sagrada Constitución, lo harán. Con miedo hacia el energúmeno que sin portar la esvástica en la solapa lleva la gorra en la cabeza con el mismo propósito, pero lo harán. Expresarán la oposición a estas prácticas de la ley de la selva.

Falta Europa, sus ciudadanos; porque sus impúdicos dirigentes ya han apoyado, vuelto a lamer el culo de Trump. Falta, en nuestro caso, España, el gobierno español. Y no vale mentir con la semántica como los medios lo hacen cuando hablan de “captura” en vez de secuestro. No vale decir, como Pedro Sánchez, que, al igual que no reconoció el gobierno de Maduro tampoco lo hará con un gobierno resultado de esta agresión. En lo que hay que posicionarse es sobre si se está de acuerdo con la agresión militar a un país soberano, sobre si se está de acuerdo en el secuestro terrorista de un presidente legítimo. Ese es el meollo.

Y para quienes faltan a la verdad y se esconden en el subterfugio de que el gobierno de Maduro no estaba refrendado por el resultado de las urnas, decirles que esa votación y su efecto fueron refrendados por el máximo Poder Judicial de Venezuela, el único en cada país que puede, o no, darles el visto bueno.

Los y las ciudadanas que tienen a la democracia y a la palabra como los pilares de las relaciones mundiales, saldremos a la calle a expresar la indignación por estos hechos, tan obscenos e inmorales como el genocidio en Gaza. Saldremos a exigir a los gobiernos una condena sin paliativos, aunque el miedo, el cinismo y la indecencia moral de los gobiernos de la UE sean tan brutales que, ni siquiera, alcancen para un reproche tibio y, en la cima de la hipocresía, la impostura y la impudicia, apoyen, como Macron o Von der Leyen, semejante barbaridad contra todas las leyes de convivencia. Saldremos a exigir que la ONU retome su papel −aunque no seamos tan ingenuos pensando que es factible o fácil− y ordene la vuelta a la normalidad y la imputación al TPI de tales criminales de guerra.

Lo contrario, la pasividad de los gobiernos o peor, el apoyo de esta UE corrupta a semejante salvajada, la inoperancia de la ONU, nos puede llevar −salvo que este tipo esquizofrénico, filonazi, narcisista, ególatra e inteligente calculador para medrar en su ambición personal, fallezca de muerte natural más pronto que tarde− a la antesala de la última guerra mundial.

El declive del imperio, del absolutismo norteamericano de los últimos cien años, su resistencia a caer, a ser adelantado por otras economías, la creencia de que todo el continente americano les pertenece junto a sus riquezas, doctrina Monroe, el incremento del fascismo en la comunidad estadounidense, son las causas de estos hechos. Magnificados por la existencia de un tipo que se cree dueño del mundo, que se cree esa estupidez, pero que no es estúpido, sino malvado. Y eso es mucho peor.

Hay que parar la doctrina de la doble moral que normaliza que, un país como Estados Unidos, cometa todas y cualquiera de las iniquidades posibles y la comunidad occidental, entre ellas la nuestra, le dé palmadas de apoyo en la espalda. Y, si es otro país −que no sea, exactamente, de la cuerda que proponen unos medios informativos mentirosos− quien hace algo remotamente similar, se censura agriamente, se aísla y se ejecutan sanciones al margen de la ONU. A esa doctrina cínica de la doble moral “le ha de llegar su mármol y su día”, al decir de Machado cuando lo hizo para la España de charanga y pandereta.

¿Podemos imaginar que, desde nuestro gobierno legalmente constituido, se le llevara la contraria en un tema importante a Estados Unidos y, como respuesta, los norteamericanos nos bombardearan y raptaran, acusándolo de cualquier falsedad, al presidente? ¿Podemos ponernos en una situación paralela y parecida?

¿Qué diríamos, en base a esa doble moral, si Vladimir Putin ordenara, sin previo aviso, bombardear Alemania y raptar a Merz, su presidente, para enjuiciarlo? Ese es el equivalente a lo que ha hecho este tipo que, si el mundo continúa unos años más y la Historia persiste, será evaluado como un desquiciado filonazi, calculador ambicioso, inteligente ególatra y merecedor de la cárcel por crímenes de guerra.

Con la lógica de los hechos, hay que pedir la refundación de otra ONU, en otro lugar que no sea New York. Y para defenderse del cáncer que es Estados Unidos para el resto de los pueblos − ¿seguirán Colombia, México, Brasil, Groenlandia? − desgraciadamente, parece que la opción para evitar ser atacados sería dotarse del arma nuclear disuasoria.

O el escenario mundial, los ciudadanos al frente, le da jaque mate a este individuo, enviándolo al TPI o forzando un “Inpeachment” al Congreso norteamericano por locura manifiesta, o el gobierno nazi de este personaje, junto a su esquizofrenia y su enajenación, nos irá llevando a siguientes escaladas, bombardeos, expolios hasta que, en algún momento, se pasará de frenada y algún país −China y/o Rusia− parejo de su tamaño y fuerza, no tendrá más remedio que contestar a tales atropellos. Ahí comenzará la última guerra.

Hoy, igual que hace 80 años, es verosímil el alegato puesto en boca de Bertolt Brecht aunque original de Martin Niemöller “Vinieron a por los comunistas y guardé silencio porque no lo era. Encarcelaron a los socialdemócratas y guardé silencio porque no lo era. Volvieron a buscar a los sindicalistas y no protesté porque no lo era. Vinieron a buscar a los judíos y no pronuncié palabra porque no era judío. Finalmente, vinieron a buscarme a mí y no había nadie que pudiera protestar”. 5 de enero de 2026, dos días después de la ignominia mundial.

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