A contracorriente

27 noviembre, 2025. 06:23

A contracorriente, es un título que le va muy bien a lo que ha sido mi vida a lo largo del tiempo.

En la dictadura, que no dictablanda, milité desde los quince, y a lo largo de 18 años, en el PCE, la gran organización, por entonces, capaz de enfrentarse y resistir al franquismo. Es cierto que, a costa de detenciones, represión, torturas, cárcel y la vida para demasiados. Orgulloso de ello, en el `82 decidí dejar la militancia. En Zaragoza, una treintena de cuadros la dejamos sin alharacas y con pesar, al tiempo que creamos una Organización socio-cultural que continúa hoy.

La intransigencia de los comités centrales ante la cooptación, el debate que nunca se dio sobre los “liberados”, los polvos de la transición que muchos pensamos serían lodos en un futuro: amnistías a torturadores y jueces con sus manos llenas de sangre, mantener a un ejército golpista, a un poder judicial al que, incluso, a jueces del TOP, se les premiaría con ascensos o una estructura policial incólume de una Brigada Político Social (BPS) torturadora, hasta con ascensos en el escalafón —véase Conesa, Billy el Niño y tantos otros—.

Desgraciadamente, el tiempo, algo que pone a todos en su lugar (aunque tarda, a veces), ha dado la razón. El fascismo, con sus estructuras, sus baluartes íntegros, sus estructuras de poder minando las, aparentemente, democráticas, no ha tenido más que esperar. Esperar y volver hoy cuando, además, una seudoizquierda que nunca lo ha sido, los jerarcas del PSOE, junto a los múltiples ratoncillos de organizaciones que sí lo eran pero que, salvo contadísimas excepciones, una de ellas Julio Anguita, otra Pablo Iglesias, quizá, han trabajado, fundamentalmente, para “carreras” políticas −honestas, pero “carreras” al fin y al cabo−, les han puesto alfombra roja merced a que nunca blindaron determinados bastiones democráticos cuando hubo tiempo, ilusión y fuerza.

Hoy, una parte del poder judicial, aquel que tiene más tentáculos y repta por las estructuras de poder, hace política y plantea, cuando no da –“El que pueda que haga” − pequeños golpes de estado a una democracia titubeante. Hoy, las cloacas policiales están reforzadas y al servicio de cuantas sevicias puedan hacerse a las reglas democráticas. Hoy, una parte del estamento militar está mucho más cercano a posiciones parecidas a las del `36 y reniegan, por lo bajo, de la democracia. Eso, cuando no desean 26 millones de balas con destino a lo que llaman “rojerío”. Hoy, y esto es lo más preocupante, una buena parte de nuestra juventud, embaucada por los cantos de sirena que lanzan bulos, mensajes demagógicos, redes emponzoñadas y un desconocimiento total y premeditado de lo que fue nuestra historia reciente, dan vivas a los nuevos representantes de la Falange de siempre, a los que nunca abandonaron el brazo alzado y las ansias de revancha ¡otra vez!

Pero no es de las cuestiones pasadas de las que quiero dar cuenta, de ellas tenemos que aprender, aunque cada vez veo más difícil que algunos de nuestros representantes lo hagan. Tampoco muchos de los representados y representadas. Es de las actuales sobre las que hay que pensar.

Y me da por hacerlo siempre que observo que los medios oficialistas y oficiales impulsan un tema y lo golpean sobre nuestros oídos, ojos y conciencias machaconamente. Es, entonces, cuando pongo los sentidos en alerta porque algo quieren ocultar. Cortinas de humo que extienden sobre la ciudadanía para que se hable de algo mucho, y nada o poco de otras cuestiones. La experiencia, también algo que llamaría sexto sentido o sentido común, me ha llevado a desconfiar al completo de tales situaciones.

Ha pasado con la falaz “tregua de Trump” sobre Gaza. Una soez e infame mentira soportada sobre los muertos que siguen y siguen, al pairo de unas promesas que son poco más que un nuevo intento de colonización como en los principios del XX. Y, encima, con tomadura de pelo al gazatí y a todos los palestinos. Esa tregua ha servido para disolver, como un azucarillo, casi todas las manifestaciones que, a nivel mundial, se desarrollaban contra Israel, contra su gobierno nazi pidiendo, exigiendo su procesamiento por genocidio. Hoy, a pesar de la desvergüenza de los puntos, a pesar de los muertos diarios, a pesar del trato vejatorio, poco más que como esclavos, esa campaña mundial de acoso y derribo hacia un gobierno sionista, homónimo israelí del nazi alemán, ha terminado, se ha extinguido como lo hace una hoguera ante un chaparrón inopinado.

Y los medios oficialistas, los mismos medios que han mentido hasta la saciedad sobre el conflicto en el Donbás, en la guerra de la OTAN contra la Federación Rusa, glorificando a nazis redomados encabezados por Zelensky, a gobernantes corruptos que han robado miles de millones encauzándolos hacia sus bolsillos privados; los mismos medios que mienten, descaradamente, cuando intentan introducir el pánico en Europa al grito de “Qué vienen los rusos”, el mismo grito que se oía en la España del dictador Franco; los mismos medios que planean convencer a la opinión pública acerca de multiplicar por dos o por tres el gasto en armas −dos más dos, tres y me llevo otros dos− a costa de servicios sociales, de las pensiones, de la sanidad, de la educación pública; los mismos que corrompen en Bruselas, en lo más alto de la UE, y pastorean comisiones millonarias hacia sus bolsillos, esos mismos medios oficialistas y oficiales lo saben.

Saben que mentir, descaradamente, y decir veinte veces la misma mentira, se convierte en verdad ante ciudadanos desnortados y aborregados.

Y, ahora, lo vuelven a hacer −al menos, este sentido que llamo común, lo advierte− al comprobar el apoyo de estos medios −de los mismos que mintieron y blanquearon a un ladrón llamado rey, que han seguido mintiendo y blanqueando a un rey felón que apoyó un 23F, que difunden bulos sobre partidos políticos si es que estos suben en las encuestas más de lo aconsejado, que se vuelcan con cientos de páginas, o imágenes, ante un bulo de ese tipo, sean comisiones bolivarianas, informes PISA, cloacas del estado…, pero solo un desmentido pequeñito y en página escondida cuando no tienen más remedio que rectificar− con un asunto que no deja de ser crucial y vergonzoso para la especie humana: la violencia de género.

Me resulta sospechoso que estos mismos medios se desgañiten ahora y abunden en cientos de fotos, horas de televisión en privadas y públicas, titulares impresos a toda plana para, entre toda la parafernalia, abundar y difundir esta peste de la que nos debemos avergonzar. Pero, al tiempo, que ayude a olvidar el genocidio en Gaza, difumine la barbaridad que Trump está a punto de cometer con Venezuela, se siga mintiendo, con más descaro que nunca, sobre la guerra de la OTAN contra Rusia y se trate, casi con condescendencia, a un tipejo que es capaz de las mayores villanías al frente del imperio.

Me resulta sospechoso, máxime cuando una buena parte de esa izquierda, la falsa y la cierta, no dicen casi nada sobre esas cuestiones, ni se posicionan, claramente y sin ambages, sobre esa amenaza de Trump por invadir la soberanía de Venezuela, derrocar a alguien que no traga y poner en su lugar a Corina Machado para rapiñar a gusto la riqueza venezolana, sobre el fascismo de Trump, sobre la salida de tono de este mismo ante México, ante Colombia, sobre nuestra necesaria salida de la OTAN, sobre las causas reales del conflicto en Ucrania, sobre la realidad de las sanciones de Bruselas, sobre los BRICS, sobre la rapiña de la UE hacia África…, sobre tantas cosas.

Imagen de archivo con la que el autor ilustra su Altavoz. | Foto: AZ

Mucho más si me encuentro, como esta misma mañana, que Vox se ha puesto en el mismo lado de la pancarta que todos los demás en este tema de la violencia de género. Un partido franquista, confeso y machista, con idéntica finalidad: difuminar, olvidar, desdibujar asuntos cruciales para la especie humana como es el caso de paralizar las presiones contra el estado sionista, las imputaciones sobre crímenes de guerra de Netanyahu o Trump al inducir y ejecutar genocidio, las ejecuciones extrajudiciales de este último, solo porque es el más fuerte, de las lanchas en el Caribe.

Repito, a riesgo de posicionarme en contra de las posturas oficiales, oficialistas, serviciales, incluso de algunas que se llaman progresistas, esta cortina de humo me produce algo en qué pensar. Y, como casi siempre, presumo que seguiré estando a contracorriente muy a mi pesar. No puedo dejar de decirlo.

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