Entre la calma del trazo y el ruido de la guitarra, Bobbi Relac sigue tejiendo una obra que se mueve entre la introspección y el estallido. Tras el intimismo folk de "IV" y la luz más expansiva de "Sólo sobreviven las ánimas", el artista vasco consolida un universo propio en el que música, ilustración y diseño dialogan sin jerarquías impuestas ni artificiales. Bobbi Relac pasa este fin de semana por Aragón: el viernes 14 en Arrebato, Zaragoza, y el sábado 15 en el CSA L'Argilaga, Massaliò. En esta entrevista reflexiona sobre los ciclos vitales que atraviesan su creación, la reconciliación con sus raíces en el Bidasoa y la libertad de un proceso que huye de las prisas y las fórmulas.
IV hablaba de la familia… ¿Que hay en este “Solo sobreviven las ánimas? En principio parece una vuelta al rock tras pasar por la el folk de IV, que fue un proyecto muy íntimo, aunque creo que los grabaste prácticamente a la vez…
Ciertamente fueron discos paridos a la vez, aunque “Sólo sobreviven las ánimas” salió un año más tarde, lo dejé reposar. Este último es quizás más luminoso y “IV” mucho más íntimo, tanto que casi lo dejo sólo para mí.
Eres un artista multidisciplinar… ¿Cómo dialogan en tu caso la música, la ilustración y el diseño? Y… ¿De todo lo que haces, qué disciplina revela más sobre tí mismo?
Son dos maneras de mostrar lo mismo con cara diferente. Suelo decir que la ilustración es la paz, la calma, la meditación y la música la guerra, el ajetreo.
Has crecido entre Barakaldo, Errenteria e Irún. Un espacio geográfico con el que, ya comentaste en alguna ocasión, te comenzaste a reconciliar en algún momento vital cercano. ¿Cómo ha influido ese contexto a la hora de crear, de componer música…?
En el fin de mi vida anterior aterricé de nuevo en la comarca del Bidasoa y empecé a ver el espacio de otra manera, a integrar esa parte de mi vida de la que estaba escapando. Bobbi nació regresando ahí y todo lo que ha nacido a partir del verano de 2022 tiene que ver con esa vuelta. De hecho, estuve unos 12 años sin hacer canciones con textos, sin cantar. Y es un redescubrimiento volver a ver nacer la voz.
Tu música mezcla rock, folk, blues y elementos experimentales. ¿Qué parte de esa mezcla surge de una decisión consciente y buscada y qué parte nace del azar, del dejarse llevar, del ser tú mismo en toda tu explosión artística?
Nunca sé qué responder a esto porque no me planteo mucho estas cosas, disfruto de la creación, de ese camino que va desde la aparente nada hasta el nacimiento de una obra. Cuesta darle un fin y una forma definitiva porque lo que me atrapa es todo lo del medio.
En tus discos hay una tensión entre luz y oscuridad, entre calma y ruido. ¿Es un reflejo de tu propio proceso vital?
Claro que sí, no me interesa ocultar ni lo oscuro ni lo brillante. Es cierto que por temporadas y ciclos una se deja ver más que la otra. Pero siempre están ahí todos los lados, que no son solo dos, sino infinitos.
Tu obra visual tiene un carácter muy reconocible. ¿Cómo decides qué estética acompaña a cada álbum o etapa? ¿Primero surge la música o la imagen? Eres tú propio ilustrador, ¿no?
Sí, yo hago todos los diseños y me gusta el concepto disco, álbum, capítulo vital, que va acompañado de su imagen. Esa labor artesana homogénea aunque dentro de la heterogeneidad artística. Hay veces que tengo varias portadas hechas para discos que no existen, aunque también tengo un montón de canciones que no sé a dónde van a ir. Se suele ir ordenando ello a su manera. Los paseos sientan muy bien para essa tarea.
En tiempos de inmediatez, tú abrazas la autoedición y los procesos largos. ¿Qué valor encuentras en trabajar sin prisas, sin filtros externos y con formatos que cada vez son menos vendibles?
Pues es una fortuna poder hacerlo así. Conlleva que no llegue a tanta gente, a veces me gustaría mucho que alguien me llevara la cara sucia y de oficina del faranduleo y que se dedicara a financiar mis paridas, pero de momento no ha aparecido nadie que cuadre para prestarse a ello.
“Disfruto de la creación, de ese camino que va desde la aparente nada hasta el nacimiento de una obra”
Si tuvieras que explicar a alguien que no te conoce cuál es el hilo conductor que une todos tus trabajos, ¿cuál sería?
Pues no tengo ni idea. Que me llame, me tomo algo con esa persona que lo quiera saber e intentamos llegar a algo.
Tus letras a menudo son introspectivas, casi confesionales. ¿Hay límites personales que nunca cruzas al escribir?
Creo que no me pongo límites. Lo que no trato es simplemente porque no me sale. Quizás sí que evito la literalidad, hacer baladas autobiográficas de atormentadillo o el panfletarismo.
Muchos artistas trabajan con la idea de “identidad sonora”. ¿Sientes que ya has encontrado la tuya, o sigues en permanente búsqueda?
Espero no encontrarla nunca pues así sigo caminando con asombro.
Si miras hacia atrás, ¿qué trabajo artístico dirías que marcó un antes y un después en tu trayectoria como Bobbi Relac o en tus vidas pasadas?
Bobbi Relac es tan joven que todavía no se ha dado un punto de inflexión en su carrera. O eso o también que todos los días hay 327 puntos de inflexión.
¿En qué fase creativa estás ahora mismo? ¿Hacia dónde sientes que se mueve Bobbi Relac en este momento?
Estoy en medio de una mudanza, de un cambio de ciudad y de aires. Seguramente esto abrirá muchas puertas hacia destinos misteriosos, puede que dentro de un par de meses o tres tenga respuesta a esta pregunta. De momento, por un lado sigo haciendo canciones que aparecerán en algún disco futuro y, por otro, voy moviendo mis currelos gráficos.





