¿Sólo hay una salida?

23 junio, 2025. 08:47

La actual situación política española ha sumido a la izquierda del PSOE, sobre todo a las formaciones que apoyan al gobierno actual, en una maraña de contradicciones que amenaza su estabilidad (la del gobierno y de las propias formaciones). Hay una respuesta rápida, y quizás mayoritaria, entre gentes de izquierda: seguir apoyando al PSOE ante el temor del ascenso de la derecha y la posible formación de un gobierno de coalición PP – Vox.

Pero apoyar a un partido impregnado de corrupción (desde Felipe González el PSOE ha tolerado sin empacho la corrupción de muchos de sus dirigentes) y que en muchísimos aspectos practica una política similar a la que hace la derecha, implica abandonar los presupuestos que dicen conforman la misma esencia de la izquierda del PSOE.

Algunas, quizás muchas, que nos afirmamos en este sector, pensamos que uno de los factores (y, en mi parecer, no liviano) del auge de la derecha autoritaria es, precisamente, esta renuncia a la reivindicación y defensa de nuestras identidades.

En el periodo de la Transición muchas criticamos las renuncias del PCE (bastantes incluso dentro del mismo PCE) a principios básicos de su ideología (el republicanismo, la denuncia del concordato con la iglesia católica y del tratado militar con los USA, etc.) con el argumento de que la correlación de fuerzas no permitía otra cosa; “se hizo lo que se podía hacer” ha sido la frase que ha retratado esta actitud y sigue usándose también para justificar esa renuncia actual. Por ejemplo, no es difícil escuchar que, tras 50 años de “transición”, “ahora no toca hablar de la República” pero, entonces, ¿cómo lograr adeptos a una causa si se prohibe siquiera mencionarla?

Pero no tuvo que ser, forzosamente, así y hay muchísimas evidencias históricas de fuerzas que, la mayoría de analistas y observadores, sentenciaban que su evidente inferioridad haría imposible su triunfo en una confrontación, resultaron totalmente victoriosas. Ejemplos fáciles son los de Vietnam, Cuba, las antiguas colonias americanas y africanas… pero hay muchísimos más.

En la valoración de la correlación de fuerzas suele olvidarse de una importantísima parte del asunto, muchísimas veces el fundamental, que reside en la subjetividad de las fuerzas confrontadas. Así un pequeño pueblo unido y empeñado en mantener su independencia puede ser, a medio y largo plazo, invencible. Lo mismo puede suceder, aunque reconozco que puede ser más difícil, en confrontaciones puramente sociales y políticas.

Son muchas las renuncias a las que está abocada la izquierda del PSOE si decide seguir apoyando a este gobierno sin exigirle al PSOE un radical cambio de política y una limpieza transparente y ejemplar de sus “modus operandi” colusorios. Renuncia a la República, a un estado federal, a la laicidad del estado, a romper el concordato que otorga un enorme poder a la iglesia católica y a sus obispos, a la sumisión al belicismo de la UE y a sus políticas en beneficio de las grandes empresas a costa de la pobreza de sus trabajadoras, a la manipulación obscena de la derecha sobre el aparato judicial, a la tolerancia de la destrucción del medio ambiente, a las políticas racistas y represivas contra los migrantes pobres, a la tolerancia de paraísos fiscales en Europa, a las implicaciones de la banca con la circulación de enormes cantidades de dinero negro, a la colonización de la derecha y promoción masiva de las noticias falsas en los medios de comunicación incluso los de propiedad pública, la permisión de la terrible especulación sobre la vivienda… y un largo etcétera.

Poner todo ello encima de la mesa y exigir que estos problemas se vayan abordando y buscando soluciones a corto y medio plazo (muchas de ellas ya funcionan en Europa desde hace decenas de años) podría ser la única oportunidad que tiene esa izquierda para sobrevivir y ser verdaderamente opción de futuro. Seguir como hasta ahora invocando “la débil correlación de fuerzas”, podría hacer caer a este gobierno y aupar al PP – Vox (“horribilis casus”) pero mantendría la credibilidad de esa izquierda para el futuro lo que actualmente está en entredicho.

Hay que tener mirada larga y no estar en permanente refriega cainita por los tacticismos de la inmediatez. A esta izquierda nos falta mucha generosidad, mucha visión estratégica, mucha empatía con los sectores que más sufren y nos sobran muchas egolatrías y ambiciones ruines.

La política genocida de Israel, y todo lo que ella conlleva e implica al gobierno español, y la actitud de los USA que, tras su ilegal ataque a Irán, nos acerca una tercera guerra mundial con armas nucleares involucradas, es otra faceta del problema, de enorme importancia, a la que esta izquierda nuestra debe responder con contundencia y dejarse de ambigüedades: no queremos guerra, no queremos militarismo, no queremos que en Aragón se forme el “hub” militar y nos dediquemos a fabricar más ingenios de muerte.

¿Las organizaciones de esta izquierda estarán a la altura de lo que sus gentes desean y reivindican desde su formación?

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