Acción Solidaria Aragonesa cumple 40 años “tejiendo solidaridad” entre muestro país y los pueblos del sur global. Tras los actos de celebración en la Biblioteca Durán y Gudiol de Uesca el pasado mes de abril, le llega el turno a Zaragoza. Será el 30 de mayo a las 19:00 horas en el Cine Venecia del barrio de Torrero. En esta ocasión a las intervenciones de ASA se sumarán la música tradicional de La Almeta, la cuentera Cristina Verbena, la música y poesía de Acordes Conversos y los bailes de Danzas del Mundo.
Ya en junio, el día 6, ASA cerrará en Teruel las celebraciones de su 40 aniversario. Será a las 18:00 horas en el claustro del Obispado de Teruel, con un recital a cargo de la Plataforma de poetas por Teruel, música e intervenciones de ASA.

Un comienzo hace ya 40 años
Una cita en el Centro Pignatelli de Zaragoza, convocada en la prensa local a las 20:00 horas de un día cualquiera del mes de marzo de 1985, para reflexionar y debatir qué hacer ante el problema de la sequía del Sahel fue el origen de ASA. Los convocantes, Colectivo por la Paz y el Desarme, Asociaciones Vecinales, Comité cristiano de Solidaridad Oscar Romero, quedaron gratamente sorprendidos por la presencia y variedad de gente que llenó la sala 12 del Pignatelli.
“Nuestra idea de solidaridad”
La idea de organizarse y dar cauce a sentimientos compartidos por mucha gente “fue sentando las bases ideológicas de lo que sería Acción Solidaria Aragonesa. Se definió una organización plural y abierta en los aspectos confesional y partidista, pero comprometida con la defensa de un orden mundial basado en la justicia, la solidaridad y la igualdad entre los pueblos. Valores que se enmarcan en una crítica radical (en el sentido literal: profunda, que va a la raíz de los problemas) al estado de cosas existente”. Una organización “crítica con el modelo de desarrollo capitalista imperante y, por ello, comprometida en la defensa de una concepción de progreso respetuosa con la naturaleza y propiciatoria de una relaciones sociales igualitarias y solidarias entre todos los pueblos del mundo. Defendiendo, apoyando y cooperando, en la medida de sus posibilidades, con todas aquellas iniciativas y proyectos que, partiendo de los propios colectivos y movimientos sociales explotados o marginadas del sistema, persigan la construcción de alternativas al modelo desarrollista y consumista que padecemos”. Un grupo de personas “comprometida con todas las alternativas favorecedoras de un mundo más justo, igualitario y solidario, donde prime la resolución pacífica de los conflictos, en el que se respeten y profundicen los derechos humanos y en donde se favorezcan los mecanismos de cooperación y participación entre semejantes”.
Desde ASA destacan también que “se eligió para el funcionamiento un modelo asambleario, con el menor grado de dirigencia y en el que las decisiones y las responsabilidades se repartían entre todos. No se quería ‘profesionales’ de la solidaridad sino trabajo voluntario desde la misma base social”. La autonomía del proceso se garantizaba al delimitar como ámbito de acción nuestro país, Aragón, “se limitaba su crecimiento al ámbito aragonés para así no depender de lugares alejados en la toma de decisiones”, detallan.
“A la hora de pensar el nombre, la mayoría aceptó como bueno el de Acción, denotaba la voluntad de ser activos e ir más allá de la reflexión teórica, Solidaria, marcaba el núcleo duro de todo el proceso: la solidaridad, por último, Aragonesa, subrayaba la decisión de mantener una presencia en el entorno comunitario. No desagradó la idea de los significados que encerraban las siglas, mango, cogedor, agarradero, ASA”, explican con cierta somarderia.

Primeras decisiones: solidaridad con Etiopía y campaña a favor del 0,7
La primera decisión asamblearia “fue entrar en la grave crisis de la sequía y la hambruna de Etiopía. Se materializó en una campaña de sensibilización que llegó a todo Aragón. Se aprobó fletar un autobús de dos pisos similar a los buses londinenses, que alguien pudo conseguir. En él se instaló una exposición sobre el hambre en el mundo: su origen, sus causas, sus efectos, las soluciones. Constaba de carteles, fotografías, diapositivas, folletos y había vales – ayuda que pedían una colaboración económica para poder comprar harina y enviarla a Etiopía”, resaltan desde ASA.
“Además de la ayuda concreta para el país africano se solicitaba apoyo, por medio de firmas, a una solicitud dirigida a las Cortes de Aragón instando a la creación de un Fondo Aragonés de Cooperación al Desarrollo y al compromiso de las instituciones de destinar el 0,7 % de los presupuesto anuales a la ayuda al desarrollo. El 31 de octubre de ese año, 1985, todos los grupos parlamentarios firmaban una primera Proposición no de ley instando al Gobierno de Aragón a la creación de dicho Fondo”, recuerdan.
El territorio de Aragón se recorrió “de cabo a rabo, el mapa de las rutas y la multitud de contactos en todos esos lugares pueden dar fe de ello. En todos los lugares se completaba la presencia del autobús con conferencias o talleres. En todos los lugares hubo una excelente acogida”. Para articular la ayuda “se contactó con la ‘Plataforma 0,7% de Catalunya’ así como con ‘Justicia y Paz’. Nuestra idea inicial se modificó y se transformó en el flete de un taller movible que se ocupara de la reparación de vehículos ya que, según las informaciones, había mucha ayuda alimentaria pero el problema de la distribución estaba por resolver. Era julio de 1986 cuando salía el camión para Etiopía con la incomprensión de las dilatadas gestiones burocráticas que entorpecían la materialización de la ayuda”.

Fase de crecimiento
Desde el principio ASA apostó por la coordinación “con otros colectivos afines, dedicados a los temas medioambientales, a la paz, a la objeción de conciencia, a los derechos humanos. También en 1986, éramos admitidos en la Coordinadora Estatal de ONGD, recién constituida”.
“Uno de los problemas que primero surgió fue cómo compatibilizar nuestro compromiso con la injusticia y el desequilibrio del mundo con los ‘sures’ que teníamos en Aragón. La solución fue delimitar las tareas de ASA en el ámbito de la solidaridad con los países empobrecidos y animar e impulsar entre nosotros la pertenencia a otras organizaciones comprometidas con los problemas de aquí”. Así, ASA brindaría su apoyo “a las causas promovidas por otras organizaciones consideradas afines a nuestros trabajos. La doble o triple militancia revertía en la propia organización que de esa forma se integraba en los diversos movimientos socio – políticos”.
En esos primeros años, se preparó una Guía de materiales de la paz, la solidaridad y el medio ambiente. Se editó el primer número de la revista ¿Y el Sur?, y se organizó el I ciclo de cine sobre Solidaridad y Dependencia Norte – Sur.
“También se empezó a celebrar en 1987, junto con otras organizaciones el llamado Día de la Solidaridad, que fue creciendo paulatinamente hasta ocupar una semana en el mes de marzo con presencia en la calle y actividades que culminaban con una fiesta en uno de los parques de la ciudad. Íbamos ganando presencia social y creando tejido y red con otros colectivos que darían su fruto años más tarde en la Federación Aragonesa de Solidaridad (FAS) en 1994. ASA ha ocupado la presidencia de la FAS en tres ocasiones a lo largo de estos años”, destacan del extenso itinerario ya recorrido por el entidad.
En 1988, el Ayuntamiento de Zaragoza concedía a ASA el Primer premio por la Paz, en reconocimiento a la labor desarrollada en crear sensibilidad y conciencia solidaria en la ciudad.
ASA tiene presencia en todo Aragón, especialmente “con grupos de personas voluntarias en Bajo Aragón, Uesca, Teruel y Zaragoza. Personas no sólo comprometidas con la solidaridad con el Sur sino también con los movimientos sociales de aquí que trabajan por un mundo justo y con igual dignidad para todos sus habitantes. Y forma parte de plataformas como los Círculos de silencio de apoyo a migrantes y refugiados o Emergencia climática, centrada en los problemas medioambientales”.
En estos 40 años, desde ASA se han apoyado más de 500 proyectos en África (Costa de Marfil, Chad, Camerún, Senegal, RD Congo, Etiopía y Kenia), América Latina (Nicaragua, Guatemala, El Salvador, México, República Dominicana, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Brasil) y Asia (Filipinas, Nepal e India). “En su mayor parte, son proyectos que potencian la formación, la organización, la defensa de los derechos humanos y la atención a colectivos más vulnerables, pueblos indígenas, mujeres e infancia. También experiencias de agroecología o de economía social, así como apoyo a la cultura de paz”, destacan.

“El futuro es un campo abierto”
¿Tiene futuro ASA? “No lo sabemos, pero es indudable que ha cumplido un papel importante en el desarrollo de la solidaridad con el Sur en Aragón y que su contribución en la tarea de conseguir un mundo más justo tiene sentido”, entienden desde la entidad.
“Aún con todo, la clave de su existencia la dará el seguir impregnando nuestras vidas de la preocupación por ‘el otro’, con la convicción de que no vivimos aislados, sino relacionados, interpelándonos mutuamente. Si eso sucede dentro de ASA, o no, es secundario”, concluyen.




