Treinta y nueve años han pasado desde aquel 27 de abril de 1986 en el que, en el despacho de Cristina Almeida, en Madrid, nació Izquierda Unida.
Antes había estado la "Mesa por el Referéndum" que después se constituyó en "Plataforma Cívica". Las diferentes organizaciones que participaban en ella (PCE, PASOC, PSUC, Izquierda Republicana, Federación Progresista, Partido Humanista, Partido Carlista, PST y Unificación Comunista) decidieron convertir la plataforma en una organización política para concurrir, unidas en coalición, a las elecciones generales que se iban a celebrar el 22 de Junio de 1986.
Habíamos coincidido mucha gente y organizaciones políticas y sociales en la campaña contra la pertenencia de España a la OTAN. Fue la campaña aquella del "OTAN, de entrada NO" que pedía el PSOE al inicio, pero que pidió el SI en el referéndum. Ganaron y entramos en la OTAN.
Se decidió crear Izquierda Unida. Su objetivo, era y es, la transformación social hacia un sistema socialista democrático, fundamentado en los principios de justicia, igualdad y solidaridad, y organizado conforme a un Estado laico, federal y republicano.
El primer documento político dice que se constituye IU como una Plataforma ante la “ineludible necesidad para recuperar la esperanza que subyace en los anhelos de tantos españoles que se pronuncian por la paz y la neutralidad, el trabajo para todos y la consagración, en definitiva, de una democracia avanzada sin espacios excluidos a la soberanía popular". Creo que no ha perdido vigencia el objetivo. No hay más que ver donde nos quieren llevar por ese camino belicista y el incremento de los gastos militares.
IU se presentó a las elecciones generales y se obtuvieron siete escaños. En ellas el PSOE de Felipe González revalidó su mayoría absoluta, 184 escaños, quedó en segundo lugar la coalición de las derechas que encabezaba el exministro franquista Manuel Fraga, 105 escaños.
IU fue, y es, una apuesta clara por la convergencia de las fuerzas sociales y políticas de la izquierda.
Aquí sigo, en esta organización imprescindible. Esta misma semana, por decisión muy mayoritaria del órgano colegiado de dirección federal, el 92 %, se ha decidido proponer al resto de organizaciones de izquierda la construcción de una alianza de izquierdas basada en el respeto a la identidad y pluralidad de cada organización.
Respaldo totalmente, y me alegra, esa decisión. Soy muy consciente del fracaso de Sumar. Por eso me parece necesaria una nueva alianza electoral de cara a las próximas elecciones generales que, si se acaba la legislatura, serán en 2027. En esa nueva alianza, entiendo que deberían estar Podemos, Sumar y el resto de organizaciones presentes en el actual grupo confederal de Sumar.
Creo que puede darse un acuerdo, serio y necesario, sobre la base del programa, el reconocimiento mutuo y el método democrático de funcionamiento y elección de candidaturas. No comparto las nominaciones ni los egos cesaristas.
En estos 39 años, siempre, en todo momento, junto a muchos compañeros y muchas compañeras, hemos intentado construir una alternativa. En muchas, demasiadas pienso ahora con la perspectiva que da el tiempo, ocasiones hemos antepuesto la convergencia a nuestra organización, a nuestras gentes, a nuestras siglas. Lo digo con profundo conocimiento y tras haber sido quien negoció, y acordó, con Podemos aquella primera coalición en 2016 con la que concurrimos a las elecciones de junio de aquel año.
Tanto y tanto hemos aportado a los sucesivos intentos de convergencia que hay quienes piensan que IU ya no existe. Pero aquí estoy, aquí estamos.
Defiendo las alianzas, las coaliciones, los frentes amplios, pero desde el respeto a lo que es cada organización que se integra, desde el reconocimiento de lo que es cada fuerza política y desde el respeto a las reglas democráticas de organización y funcionamiento.
La historia nos dice que los proyectos montados en torno a un líder o lideresa, en vez de con la base de un programa, fracasan y, lejos de aglutinar, acaban produciendo más división.
Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, la izquierda también, faltaría más. Lo que no se entiende es que la izquierda cometa, una y otra vez, los mismos errores.
Ahora, en estos tiempos en los que resurge con fuerza el fascismo, cuando nos llevan, otra vez, por la senda de la guerra y el militarismo, cuando vemos con ejemplos claros lo que hacen, y deshacen, gentes que, con el poder democrático de los votos, arrasan con derechos y libertades, motosierran los servicios públicos, son negacionistas del cambio climático, y de la violencia machista y quieren que regresen las dictaduras fascistas, pues en estos tiempos veo que, en la izquierda, hay gentecilla empeñada en ser gallo o gallina de un pequeño gallinero en vez de tener la altura de miras necesaria para incorporarse, aportando en vez de dinamitando, a un proceso de construcción de la izquierda.
Hay quien se alegra de que el CIS les da unas decimillas más de apoyo pero no ve que la suma de las derechas ultras, con las más ultras, da una mayoría a la que hay que enfrentar y eso no se hace con un minigrupo parlamentario.
Al fascismo, como nos ha demostrado siempre la historia, solo se le frena con unidad, con organización, lucha y decisión. Esa unidad es imposible construirla cuando es el ego el que se impone al compromiso.
Hoy, a pesar de todo, a pesar de las incertidumbres, estoy contento. Es el aniversario de Izquierda Unida, de mi organización. Sabemos, quienes compartimos esfuerzo, trabajo, militancia y compromiso, que Izquierda Unida es necesaria porque, como siempre ha hecho, debe seguir trabajando para construir la alternativa.
Me quedo con que, en estos 39 años de lucha y militancia he conocido a gente honesta y honrada, gente luchadora, gente con principios, gente con la que es todo un honor ser compañero. Gracias por estar y compartir nuestra mochila conjunta y seguir, junto a vosotros y vosotras, contento y orgulloso de ser, militar y compartir lo que es, lo que somos.
¡Felicidades y fuerza compañeros y compañeras!




