Ixeya: "Creamos desde una realidad rural para reivindicarla"

Hablamos con el dúo, ahora convertido en cuarteto, sobre sus raíces, de su evolución, de los desafíos de hacer música desde lo rural, y del valor de la creación como un acto de resistencia y expresión

26 marzo, 2025. 07:00
Ixeya, en concierto el 8M en el CSA L'Argilaga | Foto: Marc Martí

Ixeya es un dúo (ahora cuarteto) que hace música desde Santa Engracia (Cinco Villas). Es el reflejo de una amistad de toda la vida. Ixeya es la conexión con lo rural y desde lo rural. Es el espacio donde Miryam y Eli han tejido con mimo un proyecto en el que la naturaleza, lo emocional y la reivindicación social se entrelazan. Su estilo, que ellas mismas han definido como “acústico rural”, es la consecuencia de años de búsqueda y aprendizaje musical. Hablamos de sus raíces, de su evolución, de los desafíos de hacer música desde lo rural, y del valor de la creación como un acto de resistencia y expresión.

¿Después de pasar por diversos proyectos, cada una en los suyos, cómo surge Ixeya, de dónde viene?

Ixeya es una extensión de nuestro ser, surge de forma natural como un resultado espontáneo de nuestra amistad, somos amigas de toda la vida y empezamos enseguida a cantar juntas, nos encantaba pasar horas jugando con las armonías de las voces y explorando nuestras inquietudes musicales. Estuvimos una temporada separadas físicamente en diferentes ciudades y aunque estábamos lejos nunca hemos perdido el contacto. Durante esos años de estudios, cada una estaba en otros proyectos musicales que nos hizo nutrirnos a cada una a su manera y cuando las dos volvimos a casa, a nuestro pueblo de origen, el reencuentro musical fue muy natural. Siempre hemos tenido muchas ganas de hacer música juntas y recordamos con mucho cariño nuestro primer concierto mostrando nuestras canciones propias, que fue en Artieda en unas jornadas de feminismos rurales. Tuvo una acogida tan cálida y bonita que a partir de ahí decidimos tomárnoslo más en serio y ponerle un nombre al proyecto. Tuvimos claro que queríamos hacer una mezcla de nuestra raíces y experiencias en el medio rural como de los aprendizajes posteriores en otros espacios, nos gusta componer con el corazón y desde un punto muy personal, jugar mucho con las armonías vocales y a la vez con la sencillez. Este proyecto es el reflejo de cómo vemos el mundo, cómo lo atravesamos, de la conexión que tenemos con la naturaleza y de contar historias propias, de otras personas, seres o cosas, de todo un poco por así decirlo, cualquier concepto que nos inspire o queramos contar.

¿Y a dónde va Ixeya…?

Va hacia el camino del aprendizaje, disfrute y el descubrimiento, dentro de que intentamos tomarnos muy en serio lo que hacemos. Al principio éramos un dúo, y lo seguimos siendo en cierta manera, porque son nuestras canciones, pero desde finales de este pasado 2024 nos preparamos en formato cuarteto para enriquecer los directos y las futuras grabaciones. Estamos muy contentas con este paso porque todo ha fluido cuando tenía que fluir, se presentó la oportunidad de que nuestras dos amigas Pato Badián (al bombo legüero y a la voz) y Anna Mir (al contrabajo y a la voz) se unieran a nuestras aventuras venideras. Es un placer abrir este proyecto a ellas y ver cómo va evolucionando, nos gusta mucho probar cosas nuevas y experimentar con lo que nos apetece, los directos se vuelven más potentes y da mucho gusto sentir ese apoyo tanto a nivel musical como de la amistad que tenemos. Por otro lado, también nos han surgido propuestas muy chulas como por ejemplo hacer la banda sonora del documental Abriendo Camino, una expedición en Angola del Equipo Femenino de Alpinismo a nivel estatal y que ha sido elaborado por Media PS. Acabamos de terminar de grabar ahora y lo hemos disfrutado muchísimo. Ojalá vengan más propuestas así.

Si digo Sinsilikona, ¿Qué es lo primero que os viene a la cabeza?

Jajaja fue nuestro primer grupo. Para nosotras fue un acto de rebeldía, de romper barreras y de enfrentarnos a un mundo donde la música y los festivales locales estaban protagonizados por chicos (aunque hoy en día no es que haya cambiado tanto). Podemos decir que era rock/punk melódico, aunque también tocábamos cosas más pop. Tocábamos versiones de las canciones que nos gustaban, era muy aleatorio, aunque también compusimos varios temas propios que hablaban de nuestra vida, nuestras inquietudes y todo lo que nos movía en ese momento. Lo recordamos con ternura, cariño y valentía. Otra anécdota es el significado del nombre, Sinsilikona nos transmitía potencia y un aire punk, para nosotras reflejaba la energía cruda, la libertad y la autenticidad que queríamos transmitir. Tocamos en varios bares y festivales en los pueblos cercanos. Uno de los recuerdos más especiales fue cuando tocamos en el ‘Fullatre Rock’, un festival que, en ese entonces, era uno de los más conocidos de la zona. Para nosotras, era algo muy nuevo tocar para la gente en un escenario, pero todas las experiencias y la gente con la que compartimos esos tiempos nos dejó huella, los recuerdos de Sinsilikona siguen siendo una parte divertida en la narrativa de nuestras vidas.

Os centráis mucho en lo rural, de hecho, os definís incluso como “acústico rural”, ¿pero… en qué se concreta más o menos ese acústico rural?

Lo de definirnos siempre nos ha costado bastante, nunca sabemos muy bien qué decir. En algunos momentos nos definimos como acústico rural porque es lo que somos en nuestros conciertos, llevamos instrumentos acústicos y en nuestras letras y nuestro discurso tiene mucho peso lo rural, por eso lo de acústico-rural. Es verdad que luego en nuestros discos hemos hecho diferentes versiones de nuestras canciones, cuando nos metemos en el estudio nos gusta mucho experimentar y meter también algún teclado, algunos sintes, que crean más una fusión que se acercan al indie-pop o al pop-folk, ante esa variedad de estilos nos sale definirnos más desde un discurso: creamos desde una realidad rural para reivindicarla. En todas o casi todas las canciones hablamos de la naturaleza y los pueblos porque vemos mucha necesidad de hacerlo, para valorarlo, protegerlo y que la gente de pueblo dejemos de estar en los márgenes a muchos niveles. Por otro lado, también es verdad que sentimos que estar en ese margen nos hace vivir un poco más lejos de la vida frenética capitalista y, desde nuestra forma de ser, lo consideramos un privilegio. Ahora parece que está más de moda lo rural y lo folclórico, pero nos gustaría que esta moda fuera acompañada de una conciencia totalmente profunda, y que eso se pueda integrar entre otras muchas luchas para construir un mundo más amable y justo.

Y en esa reivindicación del pueblo, de lo rural, desde vuestra genial ranchera a otros tantos versos… ¿Qué dificultades y potencialidades tiene un grupo de música para moverse, darse a conocer, desde un lugar como Santa Engracia?

La mayor dificultad que sentimos es la que creemos que tendrán casi todos los grupos que autogestionan y autoeditan sus trabajos; vivimos en la vorágine de la productividad que te pide publicar trabajos constantemente para estar “presente” en la escena, y eso es muy difícil. Hace falta una inversión muy grande de dinero y trabajo. Por el hecho de ser rural quizá se añade que para casi todo hay que ir a la ciudad, para cualquier evento de presentación de festis, para grabar en un estudio, para entrevistas o tocar en la radio, para reportajes... pocas son las veces en las que los medios vienen a grabar al medio rural, por eso cuando ocurre lo agradecemos mucho. Otra cosa es que en los pueblos hay falta de recursos y de locales de ensayo acondicionados, nosotras alquilamos uno en Zaragoza, con la logística de tiempo, dinero y esfuerzo extra que conlleva. También los recortes en cultura y la eliminación de festivales en los que encaja más nuestra música, que no es tan comercial (más alternativos, en zonas rurales o naturales) nos quita espacios en los que podríamos tocar. Y, a la vez, cuando sí que se hacen este tipo de festivales, el público que acude es pequeño en comparación con una ciudad, por lo tanto, te conoce menos gente. Aunque en lo rural nos sentimos como en casa, también agradecemos cuando tocamos en ciudades para sentir un público más grande y poder expandir un poco más nuestro trabajo.

Y en esa reivindicación del pueblo, también hay un sitio especial en Ixeya para el feminismo (rural). Supongo que, frente a la hegemonía de los feminismos urbanos, reclamáis el sitio de las mujeres que el pueblo pequeño hace aún más invisibles. ¿Cuál es el aporte que se puede hacer desde la canción a la construcción del feminismo en los pueblos?

Es un tema muy importante para nosotras. En nuestras canciones hablamos sobre todo del apoyo entre amigas, de la red de cuidados, de la importancia de lo emocional (algo que muchas veces es invisible porque los pensamientos patriarcales indican que es cosa del mundo de las mujeres y por lo tanto no es importante), de la validación, de poder ser contradictoria, y al fin y al cabo de la libertad. La libertad para ser quién eres, lanzarte a crear cosas y también tener el derecho a cagarla, porque a veces se nos mira con lupa para ver si de verdad nos merecemos estar en ese escenario. El feminismo rural además aúna dos tipos de discriminación, una por ser mujer y otra por ser rural, aparte del abandono institucional y del poco acceso a algunos recursos hay un montón de prejuicios sociales; que por ser de pueblo “eres tonta, no sabes cómo funciona el mundo, te infantilizan…”. A la vez también nos gusta mucho apropiarnos y dar poder a esos conceptos, hablar de lo infantil, lo naif, lo natural, la inocencia, pensar que somos animales. Nos flipan esos enfoques. Pensamos que el mundo iría mejor si nos parásemos a mirar más ahí.

Ixeya | Foto: Marc Martí

Vuestra primera grabación fue en aragonés, Ixeya también es en aragonés… ¿Qué os atrae hacia ese uso de la lengua aragonesa como forma de expresión artística?

Sí, fue con la Asociación Nogará en uno de sus recopilatorios de O Zaguer Chilo. Tomamos conciencia de que tenemos una lengua propia de la que estábamos un poco desconectadas hasta entonces, la habíamos oído sobre todo en canciones, pero muy muy pocas veces al hablar. Y es una lengua que está en peligro, hay gente que no sabe ni que existe o que piensa que es una especie de dialecto. Hace unos cuatro años una de nosotras empezó a estudiarla con la Asociación Boira de Cinco Billas, nos han ayudado con algunas transcripciones y tenemos varias canciones en versión aragonés. Es muy fuerte la historia de olvido que ha tenido el aragonés, lo bueno es que hay gente que hace grandes esfuerzos difundiendo, editando libros, dando clases y elaborando muchas estrategias para su conservación. Para nosotras la música es una vía más para hacerlo, aparte que nos encanta su sonoridad, por ejemplo, el nombre del proyecto lo escogimos por la sonoridad y porque nos inspiraba la naturaleza al ser una montaña.

Hablando de inspiración, ¿Qué os inspira a la hora de componer?

Cada una tenemos referentes que compartimos y otros más a modo individual. A la hora de componer, la inspiración surge principalmente de dos fuentes, la naturaleza y las emociones que vienen desde las profundidades.  A veces la canción nace de algo de lo que sentimos en un momento puntual, como si la canción fuera un reflejo directo de lo que nos está pasando. Las emociones, tanto las más intensas como las más sutiles, son un punto super presente en nuestras composiciones. A veces, una idea o una sensación nos llega de manera repentina, como si viniera de otro mundo, del mundo de las ideas y entonces la canción fluye casi por sí sola, como un susurro que tenemos que seguir. Otras veces, somos nosotras mismas quienes hacemos el trabajo de darle forma a ideas, de encontrar el ritmo y las palabras que expresen lo que sentimos. La naturaleza, por su parte, tiene un papel esencial en el proceso creativo. Ya sea un paseo por el campo, el sonido del viento entre los árboles o la quietud de la noche, estos momentos nos ofrecen una paz y una claridad que nos invitan a crear. La conexión con el entorno natural nos permite pensar con más libertad, y muchas veces la sensación de lo inmenso y lo efímero de la naturaleza se refleja en nuestra parte musical.

¿Y en cuanto a influencias musicales?

Sobre nuestros referentes musicales, la verdad es que nos encanta mezclar influencias de varios géneros. El folk tiene una presencia fundamental, por su sencillez, su cercanía y su forma de contar historias. También nos atrae mucho la música nórdica, con sus atmósferas misteriosas y profundas, que a menudo transmiten una sensación de conexión con la tierra y lo espiritual. Nos inspiran artistas que logran crear ambientes íntimos y a la vez expansivos, con pocos elementos, pero con una gran carga emocional. Hemos pasado por etapas donde teníamos otro tipo de influencias, pero ahora mismo nos encantan por ejemplo Lorena Álvarez, Los Hermanos Cubero, Blacksea dahu, Perota chingó, Aurora, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Eva Sierra, Eddi Circa, el estilo de compositoras como, Laura Marling o Björk (más experimental) nos han aportado mucho sobre la importancia de ser auténticas en la forma de escribir. La habilidad de contar una historia personal o universal a través de una melodía simple pero poderosa es algo que siempre nos flipa.

Supongo que el proceso creativo en un dúo es más sencillo que en una banda en la que cada una puede tener ideas muy dispares… ¿Cómo lo hacéis?

Cada una trae consigo su propia esencia, una perspectiva única basada en sus influencias personales, su forma de entender la música y sus emociones. Y eso es lo que enriquece el proyecto. Por lo general, nos enfrentamos a esas diferencias con mucha apertura y respeto. A pesar de que a veces nuestras ideas son dispares, siempre buscamos el terreno común donde nos sentimos cómodas trabajando. Nos entendemos lo suficientemente bien como para no caer en la imposición de una sola visión, pero también tenemos la flexibilidad para ceder cuando es necesario. Somos afines, y esa afinidad nos ayuda a entrar bastante “al barro” juntas: a profundizar en las ideas, discutirlas a fondo, experimentar y encontrar algo que funcione para todas. Trabajamos juntas y somos un equipo, por lo que remamos todas a una.  A veces, una de nosotras puede proponer algo que, al principio, parece fuera de lo común o incluso distante a lo que habíamos planeado, pero en el momento en que confiamos en esa idea, empieza a tomar forma de una manera que no habíamos imaginado. Nos dejamos llevar por las ideas de nuestras compañeras, confiamos en su criterio y nos arriesgamos a explorar nuevas direcciones. Esto ha hecho que nuestras composiciones crezcan y se expanden, porque cada una aporta algo distinto que, al unirse, genera algo mucho más grande que lo que podríamos haber creado de manera individual.

Tenéis dos discos algo conceptuales, el primero “2020”, cuyo hilo conductor eran las estaciones, y en este “2 Hermanas”, habéis utilizado la mitología griega. ¿En qué se diferencian ambos discos?

Creemos que la diferencia es justo un poco esa, el concepto. En el primero nos salió muy natural que cada canción nos evocara una estación… no le dimos muchas más vueltas. Después para el segundo, nos dimos cuenta de que, dentro de nuestro trabajo creativo, incluso en nuestra personalidad, tenemos muchas capas, muchos enfoques y nos gustan muchas cosas. Por eso quisimos relacionar cada canción con personajes de mitología del inframundo (por la dualidad del mundo de los vivos y de los muertos como reflejo de las contradicciones vitales) y además cada personaje del inframundo se corresponde con los nombres de los satélites de Plutón, el llamado no-planeta, con el que nos sentíamos identificadas porque cuando éramos pequeñas y existían los mapas físicos, nuestro pueblo nunca aparecía, quisimos rescatar ese pensamiento inocente. Bueno, son muchas cosas mezcladas que tienen significado interno para nosotras, y en el segundo EP dimos aún más importancia a eso del concepto. En cuanto al carácter de las canciones pueden parecerse un poco porque los temas sobre los que escribimos son muy recurrentes en nosotras. Pero nos gusta ir buscando el tipo de sonido que queremos y notamos a nivel interno una evolución, incluso en el mismo EP Dos Hermanas, sentimos diferencia de las primeras canciones que grabamos a las últimas, o, por ejemplo, cosas que grabamos de una manera en su día ahora las haríamos de otra… pero todo forma parte del proceso y no pasa nada.

El 8 de marzo, Día de las Mujeres, tocasteis en L'Argilaga, que creo que puede ser como vuestro espacio natural, un lugar muy cómodo. ¿Cómo fue por Massaliò?

El concierto en L’Argilaga fue como sentirnos en casa, aparte de porque es un sitio rural y afín políticamente es una maravilla de lugar, se nota el mimo que le ponen porque las personas que lo gestionan contemplan muchos detalles y ofrecen mucha cercanía, te hacen sentir parte de la cuadrilla. El público estaba muy receptivo y eso es muy valioso para nosotras, si la gente está en ese modo tú te abres, te expones y te conectas más, lo disfrutamos mucho las cuatro y eso se transmitió. Muy agradecidas de ver la sala llena de personas de diferentes lugares que se acercaron con muchas palabras bonitas post-concierto, ¡ojalá volvamos!

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