Los medios, muy pocos. La comisión que ha construidos esta colección de actos se ha rascado el bolsillo, motu propio, para poder garantizar el hotel y los gastos de viaje a varios de los conferenciantes o al gasto de la cartelería.
Desde la citada Asamblea Ciudadana se da el pistoletazo de salida para invitar y animar a las personas sensibles a manifestarse contra las barbaridades que se cometen en dos guerras específicas y en 57 más, para exigir a nuestros representantes algunas decisiones que las paren y conseguir la paz. Otros se pondrán al frente de los posibles micros en la rueda de prensa que se dará para anunciarla, esperemos que, también, algunos periodistas más sensibles a la idea de conseguir la paz que a los dólares de los medios que hacen muy poco para presionar con el mismo objetivo, se acerquen a dicha rueda de prensa.
Pero no cabe la menor duda de que será nuestra propia difusión, la que se consiga hacer replicando todas las personas de buena voluntad y las que sean amigas y amigos de quien escribe, los que puedan dar la notoriedad de los actos y se consiga llenar y más que llenar.
Ese es el primer ruego: replicad, por favor, el contenido de esta programa y consigamos que la la campaña sea un éxito de sensibilización.
Cualquiera que se detenga a leer los carteles y los actos verá que tienen suficiente carga como para, de por sí, acudir el día fijado para escuchar a los ponentes, a escuchar conciertos, a ver teatro, a una buena parte de la cultura de acá declamar, a contemplar los supervivientes de Hiroshima −Hibakushas− a quienes hemos logrado traer a Zaragoza, o comprar libros en seis librerías que se adhieren activamente a la campaña.
Termino con mi particular manifiesto explicando, desde mi punto de vista, el por qué de este movimiento. Explicación que acompaño con dieciséis carteles (que AraInfo | Diario Libre d’Aragón irá difundiendo) que hemos confeccionado para la campaña y de los que soy, asimismo, promotor.

¿Por qué este movimiento?
Hay 59 conflictos bélicos, en estos momentos, en el mundo. La mayoría causados por la avaricia de pocos, servirse de gobiernos corruptos para aumentar su riqueza, de la rapiña de los países occidentales en busca de materias primas o de la falta de escrúpulos de gigantescas empresas cuyos fabricados son unas armas que hay que venderlas, usarlas y vuelta al inicio.
Casi todos los conflictos, con cientos de miles de muertos al año, millones de desplazados y otros tantos afectados por heridas, hambre o enfermedades, están causados, en el fondo, por los países que llamamos del primer mundo. Con la OTAN y los Estados Unidos al frente.
De este ingente número, dos son los que sobresalen, por su espanto, por su longitud en el tiempo, por el número de afectados y por la cantidad de líneas rojas que se han cruzado. El de la OTAN, con los Estados Unidos al mando, contra la Federación Rusa en los campos ucranianos, con unos muertos casi todos ucranianos o rusos. Y la mal llamada guerra de Gaza que, en realidad, es un espantoso genocidio, de un gobierno sionista −gobierno y presidente que se parecen, peligrosamente, al alemán de 1939− contra un pueblo al que le han robado tierras, esperanzas y futuro a lo largo de tres cuartos de siglo.
Dos guerras en donde, también, los intereses espurios de quienes quieren ganar mucho dinero, mucho dinero con las armas, el gas o el litio del Donbass, se mezclan con los geoestratégicos de la OTAN y de la Federación Rusa en el caso de Ucrania.
En el caso de Gaza y Palestina, la rapiña no está al margen. Las enormes bolsas de gas, las más importantes de esa parte del mundo, en las costas gazatíes, están en la memoria y la cartera de quienes tienen la fuerza y los aviones. Eso y el intento pan-nacionalista de los gobiernos sionistas israelíes, Netanyahu en primera línea, de conseguir “el Gran Israel”, concepto que se asemeja demasiado al de la “Gran Alemania” nazi de 1930.
Pero, además, los dos conflictos en su posible escalada, podrían llevar al mundo a una nueva guerra mundial de bloques que, en este caso, serviría para enviarnos al “Invierno nuclear” y a la práctica destrucción de la Tierra.
Las guerras se pueden para, se deben parar. La ciudadanía debemos de obligar a nuestros gobiernos para que, a su vez, fuercen a los contendientes a parar la guerra, a conseguir la Paz en mesas negociadoras.





