Marina Gros: "Debemos generar alternativas, futuros deseables por los que merezca la pena luchar"

La activista ecofeminista aragonesa ha sido premiada por el Instituto de la Juventud con el Premio INJUVE 2024 en la categoría de Medio Ambiente. Este premio reconoce una trayectoria precoz en la defensa del medio ambiente, caracterizada por el liderazgo de campañas educativas y movilizaciones. "No podemos permitirnos el lujo de dejar de luchar, debemos proteger nuestra casa, nuestros ecosistemas, nuestro planeta. No tenemos otro", afirma en esta entrevista.

22 noviembre, 2024. 09:00
Marina Gros | Foto: Pablo Ibáñez

AraInfo ha tenido la ocasión y el placer de charlar con Marina Gros Breto, la joven activista aragonesa recientemente galardonada con el Premio INJUVE 2024 en la categoría de Medio Ambiente. Este premio ha sido creado por el Instituto de la Juventud con la finalidad de "estimular y reconocer la trayectoria y el esfuerzo de jóvenes" que ponen de manifiesto "su compromiso en distintos ámbitos de la sociedad".

Marina, 29 años, biotecnóloga por la Universidad de Zaragoza a los 21 años, trabajando desde los 22 años en el ámbito medioambiental, y desde hace casi tres años en Ecologistas en Acción, desarrollando multitud de acciones y con una gran capacidad para movilizar y concienciar. Como se detalla en el premio, Marina es "un modelo a seguir para futuras generaciones de activistas"...

Pero tú también tendrías tus primeras veces, tu primera asistencia a una asamblea, el primer desarrollo de una campaña, incluso la primera frustración. ¿Qué consejo les darías a esas personas jóvenes con inquietudes que todavía no se han iniciado en el activismo y la militancia?

Uf… Eso de “modelo a seguir”... Díselo a mi síndrome de la impostora (ríe). Quizá no sea la mejor persona para dar consejos de ese tipo, pero mi experiencia es que si tienes una inquietud, ganas de participar en el cambio social, en lo que sea, lánzate. Busca un colectivo de un tema que te mole, y si no, crea uno con tus amigas. Lee mucho, infórmate, pero sobre todo escucha y aprende de compañeras referentes. Y bueno, al principio siempre hay momentos en los que a todas nos da miedo hablar. Y digo “todas”, en femenino, porque solemos ser más las mujeres que los hombres las que nos planteamos estas cosas, porque te sientes pequeña, porque piensas que tu perspectiva no es importante… Pero al final te das cuenta de que todas tenemos ideas, miradas o algo que aportar.

Es verdad que no todo es un camino de rosas, hay frustraciones, muchas. También me he topado con dinámicas no amables en colectivos y asambleas, como muchas de mis compañeras y activistas. Es difícil deshacerse de una cultura patriarcal y vertical en la toma de decisiones y a veces parece que por ser joven tus opiniones tienen menos peso o incluso tu voz tiene menos legitimidad. También hay que decir que estas dinámicas han ido cambiando y que hay espacios en los que se está haciendo un verdadero esfuerzo para incorporar herramientas de la comunicación no violenta, la cultura de los cuidados y la justicia restaurativa. Me da esperanza pensar que construimos nuevas formas de tratarnos, pequeñas utopías del día a día dentro de los movimientos.

Otro de los temas de los que se habla poco es la presión psicológica que sufrimos las activistas. Especialmente para las activistas climáticas la "ecoansiedad" es una realidad con la que tenemos que lidiar. A veces la sensación de impotencia y de agobio es tan grande que te paraliza y te puede llegar a desmovilizar. Pero ante esto, la respuesta siempre es el colectivo. Es necesario compartir nuestras emociones y nuestro dolor ante las imágenes devastadoras en Valencia por la DANA o las inundaciones de Pakistán en el 2022, la rabia por la deforestación de la Amazonía o la pérdida de una especie que no va a volver a existir. No podemos insensibilizarnos ni aislarnos ante el dolor del mundo, sino honrar ese dolor y desde ahí construir la acción. No podemos permitirnos el lujo de dejar de luchar, debemos proteger nuestra casa, nuestros ecosistemas, nuestro planeta. No tenemos otro.

En la entrega de los premios de 2021, la directora general del INJUVE criticó la “criminalización” que sufre la juventud. No sé si esa es la palabra, pero lo cierto es que estamos acostumbradas a una elevada media de edad entre las personas que lideran organizaciones sindicales, sociales y políticas. ¿Cuáles crees que pueden ser las causas y qué recomendarías a esas organizaciones al respecto?

Mi sensación es que estamos en un momento de baja movilización en general en muchos territorios del Estado. Siento que ha habido un cambio grande a  la hora de movilizarse tras la pandemia. Hemos perdido músculo y, de alguna manera, se han destruido vínculos y tejido social. También quizá la precariedad laboral y las afecciones en la salud mental. Poco se habla de cómo afecta esto último al activismo.

Como dices, es muy significativo que muchas de las personas dirigentes de las organizaciones, aparte de ser mayores, sean hombres. Al final no deja de responder a la dinámica de que quién ha tenido tiempo para dedicar su vida al activismo es porque, normalmente, ha habido un sustento del trabajo reproductivo que se lo ha permitido. Por suerte, creo que eso es algo que poco a poco va cambiando. En Ecologistas en Acción, por ejemplo, desde la asamblea de diciembre del año 2023 que celebramos en Zaragoza tenemos tres coordinadoras e intentamos que los  ecofeminismos sean un motor transversal en toda la organización.

¿Sobre qué hacer para mejorar la participación juvenil? Es una pregunta compleja, pero vuelvo a remitirme a mi propia experiencia. Desde el grupo joven de Ecologistas en Acción, Ecolojóvenes, estamos trabajando en analizar y ver cómo solucionar esta problemática. Hemos desarrollado la herramienta Rejuventest, que es un cuestionario inspirado en el Patiarcalitest, y que nos sirve para analizar qué dinámicas tenemos en nuestras asambleas, si se hace una buena acogida a la gente joven que llega a la organización, qué temas tratamos y de qué manera, etcétera. Como soluciones, nosotras proponemos amadrinaje y mentorizaje dentro de los colectivos, actividades que permitan la involucración de gente joven, tratar temas que puedan suscitar interés, y también fomentar la autonomía y las responsabilidades dentro del colectivo.

Pero además, creo que es importante que salgamos de la perspectiva del activismo del sacrificio, de las reuniones interminables que te impiden conciliar. Tenemos que valorar los cuidados dentro del propio colectivo. Si realmente queremos que exista un cambio social, donde tenemos que empezar es en nuestros propios espacios, teniendo en cuenta que no existen los “espacios seguros” per sé, sino que se construyen en lo colectivo.

“No podemos permitirnos el lujo de dejar de luchar, debemos proteger nuestra casa, nuestros ecosistemas, nuestro planeta. No tenemos otro”

El año pasado compareciste en el Parlamento Europeo como portavoz de una delegación en representación de Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, y criticaste con vehemencia la adjudicación de fondos Next Generation para la instalación de telecabinas, requiriendo que se proteja el valle de Canal Roya. El proyecto de ampliación de las pistas ha muerto, al menos temporalmente. Sobre la protección del valle, ¿crees que se va a producir de forma definitiva, o crees que volverán a intentar la ampliación en un futuro?

Si miras los mapas de los espacios protegidos del Pirineo, la respuesta salta a la vista. Ha habido una exención deliberada de Canal Roya de los espacios protegidos por la red Natura 2000, pese a contar con todas las características para ello, y ha sido por puros intereses económicos y especulativos. Estamos viendo como el anterior gobierno de Lambán, del PSOE, y el actual de Azcón, del PP, están negando activamente la protección de Canal Roya. No les interesa, porque no les interesa a sus amigos los de los negocios de la nieve y el ladrillo. A día de hoy, existe un PORN, un Plan de Ordenación de Recursos Naturales, de Anayet-Partacua. Pero sigue dentro de un cajón, no interesa.

Lo dije en el Parlamento Europeo: por mucho que les pese a los grandes poderes es nuestro patrimonio, es nuestro territorio y disfrutar de él es un derecho de las generaciones futuras. Nos respalda la mayor movilización por temas medioambientales que ha habido en Aragón desde la manifestación del trasvase del Ebro. Las compañeras se están dejando la piel, hemos realizado conciertos, una marcha por toda la provincia de Huesca, y os aseguro que tenemos muchas muchas ideas más. Así que no, no vamos a reblar hasta que consigamos proteger Canal Roya de una vez por todas.

También trabajas en la coordinación de la red Gas No Es Solución. ¿Nos podrías contar cuál es el trabajo de esta red, qué medidas estáis proponiendo y alternativas energéticas creéis que deben y pueden implementarse?

La red Gas No Es Solución surge en el 2018 como aglutinamiento de los movimientos contra el fracking de todo el Estado español. En el 2021 se incluye la prohibición de utilizar esta técnica destructiva para el medio ambiente, pero también para la salud de las personas, en la Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica. Sin embargo, seguimos importando gas procedente de fracking de otros territorios, en especial de EEUU. Las comunidades cercanas a los puntos de explotación y exportación están sufriendo graves impactos sobre su salud y el medioambiente. Estas operaciones crean "zonas de sacrificio", donde las comunidades más pobres, racializadas e indígenas, se llevan la peor parte de la destrucción medioambiental y del racismo sistémico perpetuado por la industria de los combustibles fósiles. Allí se ha establecido lo que se conoce como racismo medioambiental.

Además de denunciar y visibilizar los impactos en los derechos humanos que vienen asociados a la extracción, transporte y utilización de los combustibles fósiles, también tratamos de desafiar el status quo energético actual, donde el gas ha ganado una posición dominante en el discurso mediático, político y social. Tratamos de difundir los impactos devastadores que el uso indiscriminado de este combustible fósil ha tenido en nuestro medio ambiente, en nuestra estabilidad económica, en nuestra lucha contra la crisis climática, en los hogares más vulnerables. Tratamos de dar especial relevancia a la pobreza energética que se sufre en nuestro país en especial en la población femenina, ya que existe un claro índice de feminización de la pobreza, y más vulnerable, por los hinchados precios de la energía debido a nuestra dependencia con el gas.

Para proteger a la población de los volubles precios del gas, y para cumplir con los objetivos climáticos, debemos sacar al gas fósil de nuestro sistema energético, como tarde, en 2035. Y eso significa, entre otras cosas, sacar el gas de nuestros hogares ¡ya! Es un objetivo ambicioso, pero necesario para conseguir un mundo en el que poder habitar y que sea más justo.

“No vamos a reblar hasta que consigamos proteger Canal Roya de una vez por todas”

Eres una firme defensora de la introducción de la perspectiva ecofeminista en los procesos de transformación colectiva en los que te has involucrado. En la presentación de su libro ‘Trumpismos’, escuché a Miguel Urbán decir que los movimientos feminista y ecologista son actualmente la principal diana de los fascistas debido a que nos muestran un futuro, mientras que la extrema derecha propone regresar al pasado. El fascismo crece políticamente y mediáticamente, en cierta medida, por difundir discursos anticientíficos. En la pandemia difundiendo teorías acerca de que el coronavirus fue un invento, y ahora, tras la DANA, negando el cambio climático. Desde el ecologismo, ¿cómo se pueden combatir estos discursos y por qué crees que están calando tanto entre la población?

No soy ninguna experta en este tema, de hecho me parece complicado analizarlo, ya que afectan muchas variables, muchos intereses… Pero finalmente todo se resume a que somos seres emocionales y tenemos miedo ante un futuro que pinta complejo, que va a ser necesariamente diferente. Quizá es la falta de confianza, de descontrol e incertidumbre, la que arroja a ciertas partes de la población a los discursos de la extrema derecha, que generan una falsa sensación de seguridad y confort mental por lo conocido.

Lo estamos viendo estos días, las redes sociales son herramientas que podrían utilizarse enormemente para la difusión de lo que está pasando, de lo que nos dice la ciencia. Y sin embargo, vemos cómo a día de hoy están sirviendo para la difusión de bulos y discursos del odio, llevando a una sociedad cada vez más polarizada. Pero esto no es sorprendente, hay que entender que los algoritmos no son neutrales y desde luego las plataformas de redes sociales responden a los intereses económicos que las apoyan, ya sea visibilizando más unos mensajes que otros, o simplemente vendiendo nuestros datos a grandes plataformas. Y desde luego no podemos olvidar el tremendo gasto energético e hídrico que cada vez más generan este tipo de plataformas: la contaminación digital existe aunque no la veamos.

Para combatir estos discursos, para mí es clave la generación de alternativas, de futuros deseables más allá del capitalismo, lo que llamamos ecotopías. Sueños que, aunque no los alcancemos por completo, merezca la pena luchar por ellos. Y creo que también tenemos que hacer autocrítica desde el movimiento ecologista y desde la izquierda en general. Por lo menos desde el discurso intelectualoide. Creo que tenemos que ser más humildes, menos soberbios, entender las circunstancias de la gente y aunar las luchas. No me gusta el lenguaje belicista, pero el enemigo que tenemos delante, la extrema derecha, el oligopolio energético, la emergencia climática, es muy grande, y creo que debemos hacer todo lo posible en apoyarnos las unas a las otras. Desde la lucha por la vivienda a la resistencia por un nuevo centro social, desde la justicia climática a pedir el indulto de los seis de Zaragoza. Al final son luchas que nos interpelan a todas.

Parece que desde determinados gobiernos no se están tomando en serio las advertencias que nos está haciendo la naturaleza. Tenemos un ejemplo de actualidad: una DANA que ha provocado centenares de muertes e incontables daños materiales en el País Valencià. A día de hoy, ningún político o política parece asumir responsabilidades ni culpas, ni en la gestión de la alerta ni en la respuesta a la catástrofe. Mientras tanto, el pueblo pide ayuda y hay una sensación de que “nadie está al mando de la nave”. ¿Están la clase política y los gobiernos preparados para asumir la responsabilidad que les toca asumir como representantes públicos?

Está claro que no. No quieren asumir esa responsabilidad. Llevamos más de cincuenta años alertando del problema, se podrían haber tomado medidas mucho antes y, a día de hoy, no estaríamos en la situación en la que estamos. Y este tipo de eventos climáticos extremos, que estamos empezando a vivir en nuestros cuerpos por causa de la emergencia climática, serían menos frecuentes y menos virulentos.

La lucha contra la emergencia climática requiere de medidas valientes, requiere de cambios sistémicos, requiere señalar a los verdaderos culpables las grandes empresas y los políticos que apoyan un sistema capitalista depredador, basado en el expolio de los territorios y que no busca el beneficio de la sociedad en su conjunto sino el beneficio económico para unos pocos. La sociedad, y en particular la juventud, nos vamos a enfrentar a las consecuencias de unas decisiones que no hemos tomado, pero de las que existen responsables con nombres y apellidos.

Si buscamos ejemplos de personas jóvenes con reconocimientos por parte del Gobierno de Aragón, sin duda encontramos a la princesa Leonor de Borbón, una joven de 19 años con la Medalla de Aragón, Medalla de las Cortes de Aragón e Hija Adoptiva de Zaragoza. Sus "méritos" son extraordinarios (ironía). Sabemos que va a ser imposible que consigas superarlos algún día (nuevamente, ironía), pero, cuéntanos, ¿cuáles son los retos más próximos en los que estás trabajando o cuáles son los proyectos o trabajos en los que te vamos a ver?

Pues me estoy esforzando mucho por ser princesa, de verdad, yo creo que si sigo estudiando cuatro años más y me presento a las oposiciones me darán la plaza ¿así funciona, no? (ríe). Fuera de bromas, desde luego espero no recibir un reconocimiento del Gobierno de Aragón, aunque sería muy divertido, porque mi intención es seguir apoyando en la campaña de la Plataforma en Defensa de las Montañas en la lucha contra las dos telecabinas que siguen amenazando el Pirineo y por la protección de Canal Roya.

A corto plazo, participo en la huelga de hambre por Palestina que organiza Casa Palestina entre el 19 y el 29 de noviembre. Creo que es importante visibilizar las atrocidades que está cometiendo el estado de Israel contra el pueblo palestino, entre ellas matar de hambre a la población. Como proyectos a largo plazo, con Ecologistas en Acción vamos a seguir trabajando el tema del gas, hidrógeno, clima y juventud. Y bueno, así en confianza, tenemos entre manos un proyecto de podcast, que esperamos vea la luz a principios del año que viene. Por otro lado, mi idea es que este año la Escuela de Verano de ecolojóvenes se celebre en Aragón, pero estoy a la espera de ver qué dice el colectivo al respecto. Creo que sería muy interesante para activar la lucha eco social en la juventud aragonesa.

A nivel personal, espero que la música siga siendo una de las ramas que se pueda unir a la reivindicación. Además de seguir haciendo parodias de canciones, como la que hemos hecho este año con el anuncio de Aena de Bisbal. Si la República Independiente de Torrero sigue contando con nosotras, esperamos poder tocar en la Fiesta del Sol con Radio Parranda de nuevo.

“La sociedad, y en particular la juventud, nos vamos a enfrentar a las consecuencias de unas decisiones que no hemos tomado, pero de las que existen responsables con nombres y apellidos”

Marina, a riesgo de sonar a excusa, te confieso que aunque esté 100% de acuerdo con muchas luchas, no estoy directamente involucrado en todas ellas, y una es el activismo por la defensa del medio ambiente. Pero me gustaría saber que, en mi día a día, estoy realizando lo correcto. ¿Qué pequeños actos cotidianos me recomendarías para ayudar a salvar el planeta?

Bueno Rober, lo primero es que te quites la presión, no podemos estar en todas las luchas y todas las trincheras al mismo tiempo. Tenemos que quitarnos la paranoia de los carnets y los premios de ecologistas del año (bromea). Todas tenemos contradicciones y en lo que respecta a la lucha medioambiental los cambios a realizar son tan grandes y en tantos sectores que a veces nos podemos sentir abrumadas. Pero oye, se pueden hacer muchas cosas.

Para mí lo más importante son los cambios colectivos, los sistémicos, y no los individuales: no te voy a decir que cierres el grifo al cepillarte los dientes, tranquilo (ríe). Pero sí que apoyes, en lo posible, las iniciativas colectivas que están a tu alrededor. Desde la cooperativa agroecológica que te pille cerca, o el grupo de consumo de tu barrio. Que cambies tu electricidad de las grandes empresas del oligopolio energético a cooperativas de producción de energía renovable, o que participes en la creación de una comunidad energética. Que te plantees con tu familia o con tus amigos que modelo de turismo queréis, y si es necesario coger un avión para ello. Y siempre puedes hacerte socia de Ecologistas en Acción (ríe… pero ahí que la deja…).

Y por supuesto, en el caso de AraInfo, que sigáis dando voz a las iniciativas ecologistas y a las luchas del territorio contra los proyectos que poco o nada tienen que ver con la transformación ecosocial que necesitamos, como los centros de datos de Amazon, el clúster del Maestrazgo, las líneas eléctricas como la MAT de la Ribagorza, las macrogranjas o los grandes proyectos de exportación de hidrógeno y biogás.

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