Cuando en julio de 2022 escribí “Ucrania, una guerra falseada”1 creo que no sabía hasta qué punto “clavaba” acontecimientos futuros. Al cabo de dos años y medio el pasado es historia, maestra que marca el camino, y el presente, desgraciadamente para medio mundo, no hace más que corroborar, en su mayor parte, aquel trabajo.
La única diferencia es que, hoy, son dos los focos de tensión parecidos, dos los personajes que, por sus actos, corroboran aquello de "O yo o el caos", dicho de otro modo, "Detrás de mí, el diluvio".
Las dos cunas que pueden conducir a una tercera guerra “urbi et orbi”, para desdicha del género, puede que la última, están movidas por la misma mano: los Estados Unidos y su brutal resistencia para deponer el trono mundial.
Los dos personajes que las lideran, Zelensky y Netanyahu, están cortados por el mismo patrón. Ambos de corte autoritario, rayano en el fascismo; ambos con la seguridad de que frenar sus salvajadas les conduciría a su caída personal. Los dos con crímenes de guerra en las manos. Netanyahu, con la prepotencia de su inmenso poderío militar ─a lo largo de casi un año, ha asesinado, directa e indirectamente, a 190.000 palestinos2─, continúa la barbarie diaria y su pretensión de arrojar a los palestinos que sobrevivan al mar. Máxime cuando, de esta manera, rapiñaría las inmensas bolsas de gas descubiertas en aguas territoriales de Palestina. Sabedor de su poder militar y nuclear, de que Estados Unidos es franquicia suya o al revés, no vacilará en llevar la contienda más allá, aun a sabiendas de desatar una caja de Pandora muy difícil de tapar.
Zelensky, en cuestión de muertos enemigos, no llega a tanto. Enfrente no tiene a débiles adversarios, pero sí cuenta con el apoyo incondicional de Estados Unidos y de una Europa que, para desgracia suya, es perro faldero del maldecido “Tío Sam”. Su intención final es más abyecta y ruin: escalar todo lo posible para transformar el conflicto en mundial. Conflicto que devendría, más temprano que tarde, en nuclear. Para la OTAN y la sombra que decide, el poder financiero-militar de USA, la guerra contra la Federación Rusa, con muertos ucranianos y mercenarios de a seis mil dólares el mes, supone un tanteo, un juego de ajedrez mortal, geoestrategia que pone a prueba sistemas de ataque y defensa en función de los de la Federación rusa. A Zelensky y a las brigadas nazis les importan un rábano los centenares de miles de muertos que su megalomanía, disfrazada de jersey militar, han costado. Quiere más. Si flaquea, sabe que se juega el poder y, muy probablemente, la vida.
Aquí, hay perdedores: los muertos ucranianos y rusos, los palestinos asesinados. Esos son los principales. A nivel global y sin que, de momento, sus vidas estén en juego, es Europa la gran perdedora en este juego de perrillo faldero. Su anulación como polo de referencia en el tablero mundial, su pérdida de influencia económica y política, su camino hacia la recesión y disgregación, la tasa de inflación que la sobrevuela o los movimientos nazis que la asaltan, cada vez con más fuerza, son consecuencias de aquello. Extremas derechas, rayanas en la misma ideología nazi que los presidentes de Ucrania o Israel y que, de no solucionar las desigualdades, ampliar libertades, devolver niveles de calidad de vida, integrar, racional, justa y solidariamente, a la inmigración o combatir el abusivo “lawfare” judicial, compadreado con la extrema derecha, que se da en algunos estados miembros, irán a más y la fagocitarán.
Máxime si se ve, flagrantemente, que Bruselas está regida desde hace una veintena de años por una nueva casta burocrática que acapara los privilegios y los transmiten a sus hijos y allegados.
Pero aquí, no solo Zelensky y Netanyahu son los malos de la historia. Casualmente, en los dos casos apoyados por los mismos actores para nada secundarios: Estados Unidos y OTAN. Europa, en los dos conflictos, brilla por la ausencia de argumentos, destaca su nulo compromiso para la paz, tanto en su propia guerra de segundón de la OTAN contra Rusia como en el genocidio que, día sí y el siguiente también, lleva el estado sionista contra Palestina. Su actitud de monigote en un caso y de cínico hipocritón, lágrimas de cocodrilo incluidas, en el otro, no logra más que desautorizar su posible autoridad moral ─si alguna vez la tuvo─ en el orden mundial. Su talante da alas a los dos aprendices de Adolf para seguir en su oficio de matarife. Un proceder, por otro lado, incomprensible desde la óptica de la ciudadanía.
No se puede entender por parte del gobierno alemán, por ejemplo, y de aquellos que lo amparan, su mirada a otro lugar y su dejación de funciones en asuntos como la voladura de una estructura básica para Europa, sobre todo para Alemania: los gaseoductos europeos del “Nord Stream” por la CIA con la aprobación de Biden y Zelensky, voladura trascendental que podría ser un “casus belli” entre Alemania y Ucrania. No solo no fue, sino que le da las gracias derrochando miles de millones en la cesión de armamento a un nazi maníaco que, para redondear su historia, desde mayo es un dictador al no convocar elecciones y haber transcurrido su mandato.
La OTAN, pese a que Zelensky prosiga, con el apoyo de la CIA, del MI6, de los “voluntarios polacos o franceses”, o del ingente material militar, su escalada de manera suicida, provocaciones terroristas, bombardeos sobre civiles o el intento de desatar el pánico nuclear con proyectos de ataques a centrales como la de Kursk, tiene la guerra perdida. La masacre de soldados ucranianos es brutal y no dispone de reservas salvo las de la OTAN. Es evidente que a Biden, Zelenski o Von der Layen les importan un higo los muertos ucranianos o rusos, pero, por mucho que lo intente, no tiene salvación salvo que lo convierta, por activa o pasiva, en guerra mundial abierta y nuclear. Va a por ello con ahínco.
Por otra parte, Estados Unidos y la OTAN arriesgan mucho. Si pierden la guerra, es muy probable que la Organización militar ofensiva comience a desintegrarse y acelerarse, asimismo, la descomposición de la Europa actual de Bruselas. Las dos cosas serían óptimas para la ciudadanía de Europa, lo temible no es eso, lo terrible es que Estados Unidos se resista. Sabe del riesgo y sería probable que apostara por el diluvio nuclear.
En el caso del nazi Netanyahu, el alto el fuego permanente sería un revés importante muy difícil de encajar. Salvo que el pueblo israelí se manifestara, masivamente, para diferenciarse del modelo sionista de su actual gobierno, similar a aquel que les condenó al Holocausto, que ha traspuesto sus papeles y pasado de víctima a verdugo, la salvajada nazi del genocidio continuará. No solo eso, Netanyahu sabe que tiene el paraguas de Estados Unidos, la bendición de Bruselas, siempre con alguna lagrimilla compensatoria, y buscará la confrontación con Irán y el Líbano para devolverlos a “la Edad de Piedra” según deseos y palabras de un ministro suyo.
El problema en esa parte del mundo es que la política de bloques, hoy, es tan acentuada y confrontada que pondría al mundo en riesgo de una nueva conflagración sectorial, tan enorme que pasarla a mundial sería cuestión de muy poco más.
Con el paso del tiempo, la verdad, al menos las verdades relativas, se están imponiendo pese al vacío, o peor, la falsedad informativa de medios occidentales, en especial los españoles. Esa es la mejor enseñanza de la historia. La guerra en Ucrania se ha querido vender como el bueno, buenísimo, un David con honda, que se defiende del Goliat ruso. Sin adjuntar motivos, sin entrar en levantamientos populares del Donbass y de Donetsk, sin explicar que un treinta por cien de la población de esa Ucrania artificial creada por la desintegración forzada de la URSS, se siente rusa, habla ruso, tiene costumbres rusas, religión rusa; son rusos, en definitiva. Sin querer adjuntar motivos tales como la ocupación militar del gobierno ucraniano ─con la bendición de la OTAN─ de Donbass y Donetsk, el levantamiento popular desde 2013, con 14.000 muertos civiles a las espaldas del gobierno Zelensky, gobierno heredero, por cierto, de un golpe de estado.
Sin que el conjunto de medios “informativos” occidentales explicara que el gobierno ucraniano despreció, ninguneó, los acuerdos de Minsk, sus propios acuerdos. Ni que otro de los motivos esenciales del conflicto fuera la dejación de neutralidad y la aceptación de misiles nucleares a cinco minutos de Moscú si se incluía en la OTAN. Con idéntica vara de medir, ¿pensamos en la respuesta de Estados Unidos si a Rusia se le ocurriera instalar misiles nucleares en Cuba o en México? Todo lo contrario, las informaciones que se dieron, de manera uniforme, fueron torticeras, sesgadas, bazofia de guerra ideológica.
Entrelazamos este análisis con la voladura de los gaseoductos de Nord Stream. Hoy día, sabemos que tal sabotaje fue pergeñado por Biden y los servicios secretos a fines de 2021 para volarlos en septiembre de 2022. Las consecuencias económicas se cifran en 800.000 millones de euros a la fecha. Unas consecuencias transformadas en pingües beneficios para el gas americano. Visto esto, ¿acaso no se podría pensar en que los USA tenían pensada la provocación necesaria para que la Federación Rusa entrara al trapo e invadiera Ucrania? Es decir, sería Estados Unidos el auténtico provocador de la guerra por motivos, entre otros, económicos. De parecida forma a ese cuarto de millar de conflictos en los que ha intervenido desde su fundación como país.
Con el paso del tiempo, a pesar de las continuas falsedades presentando la guerra como esa historia del bueno contra el malo y la llegada del séptimo de caballería, las verdades se van transparentando por mil caminos alternativos, mil canales universales en redes. Verdades que colocan a Ucrania como un país vacío de libertades. Muchísimo más, comparativamente, que la Federación Rusa. Que Zelensky, hoy día, es un dictador según la propia constitución ucraniana, puesto que en mayo debería haber hecho elecciones o, en su defecto, pasar la presidencia de la república al presidente de la RADA, el parlamento ucraniano. Que Zelensky amparó y ampara a ingentes brigadas nazis, declaradas así, incluso por los propios Estados Unidos. Brigadas que violan, matan, torturan con la misma ferocidad, o más, que lo hicieran los propios mandos de las S.S. alemanas.
Tampoco airean que otro de los motivos para que Biden se haya implicado con tanta intensidad, y personalmente, en la guerra fueran los negocios corruptos de su hijo en empresas gasísticas ucranianas. Tampoco, las millonarias estafas, corrupciones, desfalcos, de una buena parte de la cúpula administrativa ucraniana, Zelensky y su mujer incluidos, de gran parte del dinero enviado por Europa o los USA para evitar la condición de estado fallido. Ni los poderosos motivos del negocio gasístico de los americanos que han entrado a saco en la monumental tarta robada a los rusos. Ni tampoco en los astronómicos beneficios de la industria armamentística occidental, en especial la norteamericana. Verdaderos motores, ambos, de la guerra.
Los medios occidentales ocultan que la práctica totalidad de misiles rusos se han dirigido hacia objetivos militares. No solo lo ocultan, sino que lo falsean. ¿Alguien piensa, si no fuera así, cómo habría quedado Ucrania? No hay más que comparar con la guerra del otro nazi, Netanyahu.
En diez meses, 190.000 muertos civiles y el cien por cien de la Franja arrasada. En cambio, silencian los objetivos civiles de una buena parte de los misiles de la OTAN, disparados gracias a la inteligencia de la OTAN, del MI6 en especial, y las órdenes de quien no debería ser presidente de Ucrania.
Como intentaron echar “el muerto” en la voladura de los gaseoductos “Nord Stream” a Rusia, repetidamente; o los bombardeos de la central nuclear de Zapohiriya o las muertes de civiles en la toma de Mariupol, solo por poner tres ejemplos machaconamente desinformados. Al cabo del tiempo se ha comprobado que las bombas sobre Zapohiriya eran ucranianas, que la voladura de los gaseoductos fue de la CIA con la aprobación de Zelensky, o que los civiles muertos en la ciudad del Donetsk lo fueron porque la Brigada nazi Azov los tuvieron de escudos humanos. Si en todos esos asuntos cruciales, nos han mentido de manera tan descarada, ¿podemos pensar que dicen algo de verdad?
Y aquí, que nadie cometa la insulsez de llamar a eso partidismo de un lado u otro. Solo el contraste de las noticias, la búsqueda de la verdad, siquiera la relativa, conduce a tener las ideas más claras en cualquier asunto. Esta es la esencia de este análisis. ¿Alguien piensa en las docenas de guerras manejadas por la OTAN o Estados Unidos? Vietnam, Siria, Libia, Irak, las dos o tres israelíes contra el pueblo palestino, Panamá, Granada, Chile, Colombia… Podríamos estar, solo con la relación de los conflictos o golpes de estado, llenando dos páginas. En los últimos días, el probable golpe de estado en Bangladesh como una advertencia a la India. O recordar la guerra de la OTAN, en contra de la ONU, fragmentando la antigua Yugoslavia para impedir que fuera un referente entre las naciones no alineadas. ¿Alguien piensa que la OTAN, como tentáculo de Estados Unidos, no sigue en este conflicto la misma estela de las docenas anteriores?
La guerra entre la OTAN y la Federación Rusa con muertos ucranianos y rusos, en tierras de Ucrania y rusas, terminará con la aniquilación militar del régimen filonazi ucraniano. Y lo hará rápido. Siempre, claro está, que las ansias de morir matando de personajes como Zelensky o de países como Estados Unidos, ensoberbecidos con su potencial militar, no nos lleven a todos, en especial a los europeos, a la catástrofe por culpa de una casta que, en Bruselas, Kiev, Washington, Londres, Berlín, París o Moscú, pretenden perpetuar privilegios sin importarles vidas o haciendas de la ciudadanía.
Y conducirá a una Ucrania rota, desvalidos sus pocos habitantes y con la pretensión de ser poco más que un estado fallido con todos los números. Además de llevarnos a una Europa descarrilada, corta de autoridad moral, a falta de cohesión y sobrante de castas bruselenses. Una Europa con inflación, perdido el norte económico e investigatorio, agobiada por las extremas derechas, debilitada en el mundo multipolar que está, ya, aquí. Una Europa en la que solo ganará la parte conocida como pérfida Albión. Una Europa que necesitará mirar ─si es que quiere volver a ser puntal del bienestar, de calidad de vida, de democracia, de justicia social, polo importante en el que se vean los restantes─, precisamente, a la Rusia de hoy y de mañana. Europa es una entelequia que solo es completa cuando se le añade lo que conocemos como Rusia europea. Es, entonces, cuando puede sumar y convertirse en un referente con independencia.
Pero esto, al decir de Moustache en “Irma la Dulce”, "Es otra historia".
Creo que, más que nunca, es necesario gritar muy fuerte por toda la ciudadanía mundial "No a las guerras".
Nota final. Por cierto, mi prueba del nueve, caso de tener dudas sobre el lugar del lado correcto ─por ejemplo, si se tuviera dudas en el tema de la guerra en Ucrania entre la OTAN y la Federación Rusa─, es sencillo, claro y fidedigno. Basta ver de qué lado están los medios globales cuya línea ideológica está rayando entre la extrema derecha y el franquismo ─de esos tenemos varios en este país, Mundo, Razón, Heraldo…─ para situarse, exactamente, en el lado contrario. Invito a comprobarlo.
Carlos Tundidor. 25 de agosto de 2024
(1) Libro publicado por Editorial Anteo en julio de 2022
(2) En julio de 2024 salieron informes en prestigiosos grupos médicos ingleses evaluando que la cifra total de muertos a esa fecha (muertos directos, heridos fallecidos finalmente, muertos por hambre, por enfermedades o peste consecuencia de la guerra, etc.) era de 186.000 personas, un ocho por cien de la totalidad de habitantes de Gaza.





