De cuando en cuando sectores ultranacionalistas españoles braman ¡Gibraltar español!, especialmente en actos festivos o cuando el alcohol u otras sustancias nublan la mente y, entorpeciendo el raciocinio, inducen a peticiones de deseos imposibles. Pero, ¿por qué empeñarse en reivindicar un peñón de 7 km² que nunca fue España, sino Castilla?
En 1715 se firmaba el Tratado de Utrecht. Certificaba el final del poderío del Imperio Habsburgo, con gravosos tratados comerciales en favor de Gran Bretaña, la imposición por derecho de conquista de la dinastía borbónica -que ha resultado funesta para la España contemporánea-, la imposición del centralismo, la pérdida de fueros y libertades de los territorios de la Corona de Aragón y el final de ésta y cesiones territoriales.

Por un lado, todo territorio europeo de fuera de la Península, tanto del Imperio: Luxemburgo, Flandes y el Milanesado -actual Lombardía, aproximadamente- como buena parte de la Corona de Aragón: el Reino de Nápoles -que incluía aproximadamente todo el sur de la actual Italia, las regiones de Abruzzo, Molise, Puglia, Calabria, Basilicata y Campania, es decir todas las que quedan al sur del Lazio, cuya capital es Roma-, Cerdeña, Sicilia y Menorca (recuperada por el Tratado de Amiens de 1802 y restituida por Napoleón Bonaparte ¡pásmense ultranacionalistas españoles!).
Por otro lado, Gibraltar, un punto estratégico para el control del Mediterráneo en ese momento y sin interés militar ni estratégico en la actualidad con los nuevos métodos de guerra. Territorio castellano (no se puede hablar de España como entidad política hasta el Estatuto de Bayona de 1808, que nombra a José I Bonaparte Rey de las Españas y de sus Indias). ¡pásmense nuevamente!.
Por eso, no se acaba de entender esa “reivindicación”. Puestos a demandas imposibles, reclamen con fuerza ¡Luxemburgo español! ¡Lombardía española! o ¡Flandes español!, territorios todos ellos con un alto PIB, aunque ninguno de ellos fue España, como tampoco Gibraltar o... ¿por qué no?: ¡Restitución de la Corona de Aragón, ya!.
O, en ese arrebato peticionario, reivindiquen los territorios que fueron perdiendo los Borbones desde su llegada, habiendo sido muchos de ellos, ahora sí, españoles: toda la América hispanohablante, Filipinas, Sáhara Occidental, Sidi Ifni, Guinea, parte de Marruecos, y buena parte de los EEUU: los actuales estados de California, Nevada, Colorado, Utah, Arizona, Texas, New Mexico, Oregon, Washington, Florida y parte de los estados de Idaho, Alaska, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma y la Louisana. Y todos ellos perdidos hace menos años que Gibraltar.
Exijan, por ejemplo ¡California española!, el Estado con mayor PIB de EEUU, con toda su industria cinematográfica y de nuevas tecnologías, su puntera industria, sus pujantes áreas metropolitanas, sus potentes universidades y centros de investigación e incluso con una candidata a presidenta de EEUU, Kamala Harris, que sería una española dispuesta a dominar el Mundo.
Todas esas “reivindicaciones” sonarían ridículas y extemporáneas, como la de Gibraltar. En estos tiempos lo lógico sería tener unas relaciones de eficaz cooperación con los territorios fronterizos y respetar su soberanía.
Conviene, además, recordar dos cuestiones:
- En el año dos mil dos hubo un referéndum en Gibraltar sobre la posibilidad de cosoberanía española en el Peñón, que con una participación del 87’9% de la ciudadanía se saldó con un 98’48% de votos negativos. Parece que el actual estatus es opción mayoritaria en el pequeño territorio.
- La selección de fútbol inglesa no representa a Gibraltar, que tiene su propio combinado internacional que no se clasificó para la fase final de la Eurocopa. Por cierto, en la UEFA hay unos enfrentamientos que no pueden darse en las fases clasificatorias por motivos políticos, estos son: Kosovo-Serbia, Kosovo-Bosnia Herzegovina, Kosovo-Rusia, Ucrania-Rusia y Armenia-Azerbaiyán. España solicitó esta peculiaridad en el caso de un posible España-Gibraltar, porque no reconoce a la selección vecina, petición que le fue concedida. De hecho, en el último sorteo clasificatorio de la Eurocopa 2024 quiso el azar el enfrentamiento entre estas dos selecciones, que no pudo darse por esa circunstancia. Un hecho absolutamente bochornoso y fuera de lugar, a mi juicio, y que solo se había dado en lugares con conflictos armados recientes o actuales y no por tratados legales de hace más de trescientos años.





