Hablemos de la democracia

27 abril, 2024. 12:28

Hasta el lunes, y seguramente después, estaremos hablando de la carta en la que Pedro Sánchez dice que va a reflexionar sobre si continúa o no. No es de la carta de lo que hay que hablar, sino del peligro que corre la democracia, en general, no solo en este país.

Cada vez más se demuestra que hay una operación organizada por las derechas, las ultras y las más ultras, para; con el respaldo de esa bazofia de medios de comunicación montados y financiados para servir a los intereses de los poderes fácticos y económicos, con el apoyo de ese ejército mercenario de trolls que contamina, envenena y empozoña las mal llamadas redes sociales, con el entusiasmo servil de profesionales del bulo y la mentira que pueblan las tertulias de radio y televisión, conseguir con malas artes lo que no consiguen en las urnas.

Poco a poco, sin que la mayoría de la ciudadanía se haya dado cuenta, han diseñado, planificado y ejecutado una operación de acoso y derribo al Gobierno. La han personificado en Sánchez, en el sanchismo, porque son conscientes de que derribando al líder, acaban con el proyecto.

La campaña empezó el mismo día en el que las urnas les dijeron que no gobernarían, que seguiría gobernando un Gobierno progresista. La ciudadanía votó y, aunque lo hizo de manera fraccionada, dejó claro que no quería un gobierno presidido por el Sr. Feijoo y con el Sr. Abascal de muleta.

A partir de ahí la oposición salvaje y destructiva. Los bulos, insidias, mentiras, ataques a las sedes, apaleamiento de muñecos, amplificación de conflictos sobre la presunta ruptura de la unidad de la patria, sobre sometimiento a terroristas e independentistas y demás parafernalia que, sin cortarse un pelo, se adereza con machismo, racismo, xenofobia y odio al/la diferente. Todo, según esta gente, muy español.

Lo que han conseguido es que se hable de las porquerías oportunistas, y no de las políticas fiscales y laborales, tampoco de los compromisos con la igualdad, ni de las medidas ambientales, ni de que ya no existe el terrorismo, ni de que el independentismo acepta jugar en el marco de la constitución, ni de la urgencia de resolver el problema de la vivienda.

Esta campaña agresiva contra la democracia, no contra Pedro Sánchez, cuenta con un aliado imprescindible y fundamental en esa parte del poder judicial que, por encima de todo, demuestra su falta de justicia.

Hay actuaciones de jueces y juezas que forman parte de esa estrategia y practican una guerra judicial contra la democracia. Guerra judicial, recuerden, que anima el PP al negarse a cumplir el mandato constitucional de renovación de la cúpula del poder judicial y que permiten quienes se mantienen ahí, en su sillón, sabiendo que su mandato hace 5 años que acabó.

No puede negarse que, en este país, como en muchos otros, hay episodios de lawfare, de guerra sucia de una parte de la justicia. Como hemos visto, y sufrido, hay ocasiones en los que un juez, o una jueza, toma partido, se extralimita, se olvida de la separación de poderes, asume funciones políticas que no le corresponden y defiende intereses partidistas.

El objetivo, no se olvide, es tumbar el Gobierno. Y no se olvide, tampoco, que la cúpula del poder judicial está colonizada por la derecha.

La guerra jurídica, , sobre todo, da herramientas y soporte para el acoso, para el desprestigio social y político, para cuestionar las instituciones democráticas, para apoyar eso “del todos iguales”. Esa guerra jurídica llega, incluso, a derribar gobiernos. Recuerden por ejemplo, los casos de Evo Morales, o de Lula, o el más reciente de Costa en Portugal y, sin ir tan lejos, los casos de Mónica Oltra, Vicky Rosell, Alberto Rodríguez o el de la financiación de Podemos, entre otros. El esquema siempre es el mismo: denuncias falsas, a veces como es el caso de la compañera de Pedro Sánchez, apoyada en bulos que algunos tribunales admiten a trámite y los medios afines y las redes sociales que le dan un amplio eco.

El lawfare es una nueva forma de golpe de estado que, sin utilizar los tanques y cañones, quita gobiernos democráticos. Estos golpes de estado, no se producen por una sublevación fascista como protagonizó Franco en 1936, ni llegan por cosas como el "tejerazo" de 1981. En vez de tanques y fusiles se utiliza la mentira, el engaño, y se aprovechan momentos de tensión producida por algún agente o circunstancia que, aunque no sea consecuencia de la acción del Gobierno, debidamente jaleado y difundido, causa preocupación e inquietud social.

Utilizar la judicatura, porque se deja utilizar, para esta guerra sucia es pervertir la democracia. Es una prueba más del bajo nivel democrático de una parte del poder judicial en este país.

Dicho todo esto un par de reflexiones sobre la carta que es lo que me ha impulsado a escribir.

Respetando lo personal que haya llevado al Presidente a escribirla, tengo que decir que los ataques de las derechas, que la campaña de acoso y derribo de la democracia, que es de lo que estamos hablando, requiere decidida defensa de la democracia, de las instituciones, de la política seria, del Congreso, de lo público. Eso, en estos momentos, nos corresponde a todas y todos, pero en primer lugar a Sánchez que es el Presidente. Espero que su reflexión le lleve a ese convencimiento.

Por otra parte, lo que ahora sufre en su persona y su familia el Presidente del Gobierno, es lo mismo que han sufrido quienes cito anteriormente y algunos/as más, los/as titiriteros/as, artistas, twiteros/as, periodistas,… que han sufrido acoso y derribo y ha habido procesos judiciales, archivados en la mayoría de los casos, que han provocado su cese, dimisión o retirada de la vida pública. También es lo mismo que sufren los jóvenes antifascistas de Zaragoza, en la cárcel por manifestarse contra la ultraderecha y en función de un proceso judicial, sin pruebas determinantes, y apoyado en un montaje policial. Bien está que, por la carta de Sánchez, se entere la sociedad de que pasan estas cosas y apenas nadie ha dicho nada.

Si Pedro Sánchez se va, se nos va la democracia. Si se va el Presidente, legítimo y democrático, ganan quienes, así lo vienen demostrando, piensan que la democracia solo sirve cuando ganan en las elecciones, cuando se anteponen sus intereses personales al interés general, cuando permite ganancias inmorales a la banca, cuando se desmontan los servicios públicos para convertir los derechos ciudadanos en bienes de consumo y mercado. Si Sánchez se va perdemos todas y todos.

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