Hace unos días descubrí que en mis plantas se había instalado una plaga de insectos, mosquitas del sustrato las llaman, que ponen huevos en la tierra húmeda y se comen las raíces. Había cientos revoloteando por todas las macetas, por las paredes, cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.
Decidida a exterminar a esa forma de vida que amenaza con matar mis plantitas, comienzo a buscar en internet todo tipo de remedios. Primero lo natural, para no dañar a las plantas pensé. Jabón potásico, vinagre, ceniza.. etc.
Siguen ahí. Paso al insecticida, lo inundo todo hasta que me ahogo. Incluso hice trampas con agua y azucar para que mueran ahogadas. Pero tengo que acabar con los huevos, con las larvas. Sino la plaga volverá.
De repente, con el matabichos en la mano, me viene a la cabeza una analogía con el exterminio del pueblo palestino. Me sentí aplicando la misma lógica con los bichitos que los sionistas con la población nativa de Palestina.
Cómo se puede ser tan miserable, de hacerle eso a un igual. A otro ser humano. Porque con los bichitos es fácil, no hay efecto espejo, no hay empatía. Y aun así es bueno plantearse porqué nos creemos con la superioridad de asesinar otras formas de vida. Pero es que los y las palestinas son humanas.
Se me inundan los ojos de lágrimas, porque lo que más me duele de este mundo “civilizado” neoliberal y fascistoide es que hemos perdido el corazón. Y vemos como las potencias imperialistas asesinan a las poblaciones nativas en todo el sur global, en el Congo, en Palestina, en Kurdistán, en Sudán… Para robarles su tierra, sus recursos, su dignidad.
Y dejamos que pase, miramos para otro lado. Como si esos humanos fueran solo mosquitas del sustrato.
Hay que recuperar el corazón, no todo es la razón científica y la idea de progreso que nos han inoculado en las “democracias” occidentales. Resistir también es pensar con el corazón, actuar con el alma. Que no nos quiten lo único que no es monetizable, nuestra humanidad.
Cuántas guerrillas y movimientos subversivos contra el colonialismo y el imperialismo han sido alimentados con el corazón de sus combatientes, con piedras contra tanques, con AK-47 contra aviación y bombas de racimo, con coches blindados caseros contra armas químicas.
“Nada pueden bombas donde sobra corazón, ay carmela” cantaban las milicianas en el 36.
La resistencia de los pueblos es un derecho inalienable. Palestina vencerá como David contra Goliath.





