Postnavidad y soledad

09 enero, 2024. 06:50

Ya pasadas las navidades, que en mi anterior artículo critiqué por el materialismo y superficialidad que se dan a las mismas, he de destacar otro aspecto que va implícito y que, aunque esté todo el año, se hace más evidente en navidad: la soledad. Se cree que más de un 60% de los ancianos pasan las navidades solos y eso tiene que hacer reflexionar no tanto sobre el egoísmo de familiares, sino también por cómo “se aparca” a los ancianos en residencias o en pisos vacíos. No hay frase que más odie que la de “no quiero dar mal a mis hijos” que dicen algunos padres que les delatan en la crianza de hijos egoístas o en el reflejo de que aquellos habrán hecho maldito caso a sus ancianos. ¿Desde cuándo el cuidar en los años finales a tus familiares es un mal?  ¿Nos hemos convertido en bestias?

La soledad cada uno la entiende y la asume de dos maneras: gusta o no gusta. A mí, personalmente, me gusta. Es más, que me den soledad porque, por fortuna, tengo buenos amigos os como dicen los estudios del antropólogo social Robin Durban de la Universidad de Oxford (sería interesante que vieran su trabajo), y hace siglos Aristóteles, tengo una media de 4,1 o entre 3 o 5 amigos íntimos, que son los esenciales en la vida (por eso siempre digo que tengo pocos amigos y que tanta gente malinterpreta). Así que hay personas que nos gusta la soledad y no llenamos nuestra vida de actividades para silenciar nuestro “YO” que como ya destaqué en otro artículo es sagrado.

Creo que la “soledad no deseada” no es más que el miedo a no haberse enfrentado a la vida, hecho que se agrava en la vejez siendo un mal endémico de estas sociedades occidentales y que genera poblaciones infantilizadas e inmaduras que, enganchadas a redes sociales y consumismo, dan apatía, muerte del intelecto y votantes que dan legitimidad a gobiernos que asustan por su barbarie e irracionalidad. Esa quietud de conocer hechos o al otro lleva tiempo, sosiego, calma, respeto y esto se ha sustituido por dimes y diretes, medias verdades, opiniones que no verdades y que hacen que las personas no salgan de la caverna platónica.

La “soledad no deseada” de siempre fue miedo a la vida y más a la muerte. Se pueden utilizar mil artificios para contrarrestarla, pero en sí la poseen aquellas personas que no están cómodos consigo mismos; claro que esto ya lo dijo Sócrates.

Algún día contaré un experimento sociológico que hice hace años sobre cierta página web donde quedaba la gente para vencer la soledad con mil actividades y que de manera fortuita fui a parar ahí de manera indirecta por otra persona y ya puestos me dije voy a observar y sacar conclusiones. Durante siete u ocho meses estuve analizando a los que allí estaban y saqué una conclusión: la mayoría no estaban cómodos con su yo y, desde luego, algunos arrastraban problemas desde su juventud desde ingresos en psiquiátricos, alcoholismo más o menos severo, despellejamientos de unos contra otros a sus espaldas, egoísmos; bajas autoestimas y dependencias patológicas en demasiadas mujeres que generalizaban su comportamiento al resto por esto de justificar su debilidad y no sentirse como perdedoras; complejos de inferioridad y miedo a la mujeres en demasiados hombres que lo suplían con prepotencias, machistadas verbales y demás actos que daba vergüenza verlo. Lo más lamentable es que, cuando se daban cuenta de que habían hablado o habían mostrado demasiado de sí, se retractaban de todo y lo proyectaban en los demás en un mecanismo de defensa tan inmaduro como inútil y yo me decía que hay que ser ignorante e ingenuo no saber que el tiempo siempre saca la verdad. A la mentira y manipulación aplícale el factor tiempo y se te desarma.

Pues ocurre lo mismo con la sociedad que estamos creando. Aplícale el paso del tiempo y veremos este individualismo de no atender a tus ancianos, del hedonismo de pasárselo bien sin complicaciones ni responsabilidades éticas, de la cobardía de vivir, de la falta de espíritu constructivo cuando vence el destructivo. El humanismo ha muerto y se ha sustituido por la mala fe, la falta de respeto, la violencia física, verbal, psicológica.

Vivir es un arte y hay que tener un cierto talento para hacerlo como casi todo en esta vida y reconozcámoslo hay gente que no lo tiene aunque ellos presupongan que sí lo poseen. Lo dije, siguen en la caverna.

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