¿Feliz Navidad?

22 diciembre, 2023. 09:37

Los seres humanos perseguimos ser felices y en estas fechas todo el mundo se llena de buenos deseos hacia el prójimo. Memes felicitadores inundan las bandejas de entrada de las aplicaciones de mensajería y de las redes sociales. Cenas de empresa, comidas de grupos de gimnasios, cafés o copas con amigos, regalos familiares, amigos invisibles o loterías compartidas diseñan el decorado de nuestras homogeneizadas vidas.

Sin embargo, la proximidad de otro fin de año también hace aflorar reflexiones sobre un futuro que nos espera ya a la vuelta de la esquina. Llega 2024 arrollando con su bisiestedad y cada vez son más las voces que claman por la inevitabilidad de un cambio climático del que nadie conoce las consecuencias reales pero que ya en 2023 se ha hecho presente con fuerza incontestable.

La imaginación es libre y puede llevarnos por senderos oscuros si ponemos la lupa en todos los males que nos rodean. Guerras, en Ukrania y Palestina, pero también muchas otras silenciadas por décadas en África. Consumismo occidental desaforado sostenido por los hombros de asiáticos, sudamericanos y africanos pobres. Derechos humanos pisoteados, muy bonitos sobre el papel pero cuya vara de medir cambia según el país en el que se nace.

La sacrosanta autonomía personal, en demasiadas ocasiones, nos hace olvidar que la libertad de cada uno tiene como límite las libertades de los demás y que somos un animal tremendamente vulnerable y social cuya supervivencia individual está entrelazada a la del resto. El neoliberalismo encumbra la autonomía personal porque nos necesita independientes, felices con nosotros mismos pero atomizados del resto. ¿Qué sería de él sin ávidos consumidores dispuestos a satisfacer nimias necesidades diseñadas a medida, pero desconocedores del impacto que esto conlleva en otras personas y en el medio ambiente? La sobreexplotación de recursos naturales limitados para configurar la opulencia consentida en occidente y vetada al resto, va a llegar a su fin conforme vayan escaseando esos recursos.

Ante la inmensidad del desbarajuste de una civilización que se nos cae, científicos y humanistas se revuelven clamando por un cambio de rumbo.

Es complicado compaginar la toma de conciencia de una realidad abrumadora en tantos frentes con la alegría que estos días todos asociamos a un aumento de consumo. Es la calidez del hogar, de la familia y los amigos, la que muchas veces consigue crear un ambiente relajado y reflexivo.

La felicidad se compone de momentos fugaces que iluminan nuestro sendero vital con destellos de luz. Momentos singulares, tan únicos e intransferibles, que cada persona los atesora con celo, y tan complicados de prever, que pueden aparecer y desaparecer de repente, como luciérnagas esquivas que en la oscuridad del camino nos confunden luciendo de modo intermitente.

Hace falta pasear por la vida con los sentidos y el corazón atentos a esos momentos. Un deseo para estos y todos los días: detecten sus luciérnagas y disfruten. ¿Feliz Navidad? Feliz Navidad.

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