Cuando parece que los perros y perras de presa de la oligarquía añorante aminoran sus ladridos y las muñecas hinchables dejan de gritar vacíos y regresan a sus cuarteles de invierno, se puede abrigar la esperanza de que España siga siendo una democracia homologable en su marco geográfico.

En estas circunstancias el librepensamiento puede mirar la realidad del lado civilizado de la política española, cada vez más condensada en torno al PSOE que desde 2011 ha ido toreando con toda una sucesión de posibilidades y experimentos sociales, algunos desgraciadamente desechados, que nos abocan a la perpetuación de un bipartidismo poco fértil. En estos años hemos asistido al triunfo de una selección darwiniana en la que solo los más fuertes, que no siempre son los mejores, han sobrevivido al torbellino social y mediático que en se ha convertido la actualidad política y la convivencia ciudadana, en la que las aguas fecales de las cloacas del estado se han mezclado con los discursos destructivos del devocionario capitalista generando un barro altamente tóxico para la salud colectiva.
La desaparición de Podemos de la primera línea de la actualidad política, no es una buena noticia para la biodiversidad humana española. La triste costumbre del estrellato, del liderazgo de relumbrón y del triunfo de los individuos sobre la pluralidad que conforma la realidad, no debería de llevarse por delante la voluntad y los sueños de una parte de la población española que en su momento fue crucial para apuntar un cambio sustancial en el modelo de estado heredado de la transición del 78. Durante un breve lapso de tiempo se pudo pensar que la voz de los que habitualmente el sistema silencia, podía llegar a los centros de poder. Una oportunidad ecuménica de que “la izquierda a la izquierda” cobrara forma en el imaginario colectivo para que la totalidad de la sociedad estuviera efectivamente representada en sus órganos de gobierno, desde las visiones más conservadoras a las más anticapitalistas.
No hay que ser uno de los 7 sabios de Grecia para caer en la cuenta de que Podemos no ha manejado de forma inteligente la energía que el destino y muchas gentes bien intencionadas pusieron en sus manos. Personas tan formadas como la que han estado en los centros de decisión del partido, deberían haber mostrado mayor altura de miras y mayor capacidad de equilibrio para caminar por el embarrado pavimento de la política nacional. Especialmente embarrado para este partido emergente, no solo por unos medios de comunicación y de agitación colectiva que tomaron la decisión de que Podemos sobraba en el paisaje político nacional, sino también por miembros de su propia cúpula que por diversas razones optaron por aprovechar el empujón social de 2014 en beneficio de su propia visión de la “izquierda a la izquierda”.
En este péndulo crítico que oscila entre el reconocimiento por el valor de su “fondo” y el descrédito por sus “formas”, hay que reconocer que en algunos fundadores de Podemos, solo su ego es mayor que su capacidad intelectual. De esta forma los personalismos acabaron dominando las metodologías de trabajo con lo que la novedad de origen pronto dejó de serlo, los círculos se desdibujaron y el nuevo partido pasó a ser una pieza más en el puzzle de las veleidades políticas. Si a esta realidad interna se le suma la voluntad del resto de la “izquierda a la izquierda”, evidente en sus actos aunque negada en sus discursos, de no alterar demasiado el statu quo en el que los procesos del Común y de las Mareas suponían una crítica excesiva a su forma de hacer, el resultado es un proceso de acoso y derribo a “lo nuevo”, tan intenso desde fuera que hubiera necesitado una resistencia mucho mayor que la que desde dentro se mostró.
Desde la irrupción de Podemos ha habido situaciones para todos los gustos y disgustos y el caínismo tradicional de la izquierda española ha seguido activo en el panorama político electoral. Las formas y talantes del eurocomunismo de la transición siguen vivas, con otras caras y otras discursos, no solo en el partido que le dio su nombre, también en esferas del propio Podemos. El viejo revisionismo reconvertido en permacultura política, genera toda una práctica de gestión de oportunidades en la que nunca faltan personas que buscan la mejor manera de seguir estando sin alterar mucho la ecuación nacional. Hay casos de verdaderas sagas familiares que, primero con y luego contra los ideales de los Vistalegre, se han generado otra geografía de opciones políticas cuya última edición es Sumar. Más bien una reedición del posibilismo de unión de las izquierdas que adolece del impulso originario de Podemos y que se adapta con más marketing que fundamento a la nueva realidad de las Españas pos-gobierno de coalición y que en su conformación parece dejar atrás no solo a Podemos si no a otras visiones de la Eco-Política que, apostando por esa eterna e inalcanzable “izquierda a la izquierda”, ven como el viejo revisionismo se instala en los centros de poder. En eso la socialdemocracia capitalista que representa el partido en el gobierno es un habilidoso gestor.
Pero todo esto, no pasaría de ser un nuevo experimento que, ante la dialéctica de las fruteras y las muñecas hinchables, habría que apoyar sin fisuras, si no fuera porque en el transito, estamos dejando sin representación a mucha gente: trabajadores que no llegan a fin de mes, jóvenes pobres de sueños o viejos que, en el mejor de los casos, consumen su vida en el hedonismo del Imserso y en el peor sobreviven en residencias publicas privatizadas y que solo van a contar como estadística electoral. Personas cuya presencia activa en la sociedad constituyen la biodiversidad vital y humana que completan el circulo de una convivencia en libertad con capacidad para caminar hacia una fraternidad igualitaria. Una sociedad civil activa, solidaria, comprometida y, porque no, también alegre, se conforma desde unas bases que, hoy por hoy están, por su misma naturaleza, lejos de los espectáculos mediático-políticos con que las clases dirigentes, las de antes y las de ahora, parecen aspirar a contentar a la población de un país que ve como se merma su ecosistema vital.
Nuestro colaborador. Jesús Samperiz, mantiene la web La Ribagorzana.





