Antes de hablar de la exposición, un poco de contexto sobre quién es Gervasio Sánchez si es que no le conoce ya todo el mundo. Es un destacado fotoperiodista y periodista conocido por su extensa labor en la cobertura de guerras y cuestiones humanitarias en todo el mundo. A lo largo de su carrera, ha documentado numerosos conflictos y crisis, enfocándose en dar voz a las personas afectadas, para Gervasio lo importante siempre son las personas. Ha recibido numerosos premios por su trabajo, incluyendo el Premio Ortega y Gasset de Periodismo y el Premio Nacional de Fotografía, y se ha destacado por denunciar las violaciones de derechos humanos. Además de su labor como fotoperiodista, Sánchez ha escrito libros y realizado exposiciones para crear conciencia sobre los impactos humanos de la guerra y la violencia, contribuyendo a la defensa de los derechos humanos a nivel global. Para este maestro de las lentes lo importante siempre es contar historias y remover conciencias.
La exposición está compuesta por una selección de 114 fotografías capturadas por el autor en diversos momentos, que comenzaron en 1995 con un enfoque en el impacto de las minas antipersona. Gervasio Sánchez eligió a los protagonistas de este proyecto en diferentes países alrededor del mundo, como Angola, Mozambique, Camboya, Afganistán, Irak, El Salvador, Nicaragua, Colombia y Bosnia-Herzegovina. En su trayecto, se encontró con estas personas en hospitales a punto de someterse a amputaciones o gravemente heridas, en centros ortopédicos luchando por caminar de nuevo con piernas de plástico, en fundaciones donde sufrían maltrato y abuso, o en familias que sobrevivían con enormes dificultades.

Lo primero que Gervasio compartió con nosotros fue que dentro de otros 25 años, espera seguir fotografiando a los protagonistas de estas historias que ya son parte de su familia. Y publicar “Vidas minadas” 50 años. Habla de sus protagonistas como los anclajes para seguir haciendo su trabajo, por ellos, sus historias y la necesidad de hacer justicia merece la pena seguir trabajando cada día. Hay proyectos que abrazan toda una vida. Son tareas que trascienden el ámbito profesional para fusionarse con lo más íntimo y personal de quien las acomete.
El impacto de las minas en la población civil se vuelve más devastador una vez que finaliza el conflicto armado. En este periodo, las personas regresan a sus hogares, pero las minas previamente colocadas aún permanecen activas y letales. Curiosamente, es precisamente en este momento, cuando la atención mediática disminuye, que se registra un aumento alarmante en los accidentes relacionados con minas.

Gervasio nos habló magistralmente del poder de las palabras aunque él use las imágenes principalmente, un poder que según él consigue cosas que parecen imposibles. “Llegó un señor con un bigote de mierda siendo un hijo de la gran puta y convenció a la sociedad más alfabetizada del momento de que él era la respuesta”. Lamentó la falta de respeto de la sociedad a los derechos humanos, si los respetáramos asegura que los fabricantes de armas pagarían las consecuencias de esas minas, consecuencias que han llevado a personas a más de 30 operaciones. Se pregunta quién pagará las prótesis de personas como Sofía, otra de las protagonistas.
Paralelamente a la exposición, en octubre también verá la luz un libro del mismo título que glosa once casos. Una edición muy cuidada y lujosa que está ultimando en estos días. "El libro es otra piedra más en esta lucha contra el olvido”.
Escuchar hablar a Gervasio siempre es un regalo, el momento final de la exposición guiada que tuvimos la ocasión de disfrutar fue sin duda una de las cosas más bonitas que el proyecto Vidas Minadas le ha dado. La mozambiqueña Sofía Elface, forma parte de la muestra, y le ha puesto a su útimo hijo Gervasio, ver aparecer por allí a ese pequeño correteando y escuchar a Sanchez contar emocionado el momento en el que supo que se llamaría como él, son esas cosas que te reconcilian con la humanidad tras un recorrido tan duro.
Hasta el 7 de enero se puede visitar la exposición en la Lonja de Zaragoza de manera gratuita.




