Lo pregunta una a la que variadas personas de toda índole me han acusado de ello, pero fallan en sus pronósticos. ¿Qué es el rencor? El rencor es el odio perpetuo, la maldad soterrada, las medias verdades, la hipocresía manipuladora. Y yo pregunto de nuevo a modo socrático, ¿se puede perdonar cuándo nos hacen daño? Yo creo que sí, porque lo he hecho después de un período de soledad y reflexión a la que soy dada, pero tiene que cumplirse una máxima: que la otra parte tenga conciencia del daño que ha causado, pida perdón y cambie de actitud. Si esta máxima no se cumple, juro que no soy rencorosa ni maligna porque, a la persona que me haya injuriado o dañado, no le levantaré injurias ni comentaré sus miserias vitales (que todos las tenemos) a modo de venganza, pero lógicamente no podré perdonar y, sobre todo, olvidar. Por tanto, no lo llames rencor. Llámalo herida abierta o punzón doliente que, de vez en cuando, o, perpetuamente (en función del daño causado), sangra o duele. Y para que haya curación tiene que haber confianza, sinceridad y diálogo sin gritos ni pataletas ni violencia verbal; pero sobre todo tiene que haber perdón y no reincidir en los errores. ¿Existe esto entre judíos y palestinos?
No voy a hacer una cronología de la situación que surgió tras la Segunda Guerra Mundial en la zona y cómo el pueblo palestino ha sido empujado a vivir en guetos varsovianos. No voy a hacer una justificación de que, cuando una sociedad quiere tener unos derechos dignos y no lo consigue por vía diplomática o política, la fuerza bruta y armada surge instantáneamente. Y sí, la fuerza armada del lado de los palestinos se alinea con países e ideologías que distan de ser ecuánimes y racionales. Y sí, el odio engendra odio. Y sí, la justificación de matar a civiles palestinos (un 40% son niños) por un ataque terrorista deleznable como todos los ataques terroristas, no redime de que los israelitas puedan diezmar a una población que sobrevive entre escombros y a borde de enfermedades por la inexistencia de medicinas, agua potable, comida y esperanzas en un futuro mejor. Y sí, me gustó y aplaudí la intervención de Antonio Gutierres, secretario general de la ONU, cuando condenó la actuación de los israelitas con una palabras que deben ser contundentes, porque hay mensajes que no admiten las tibiezas y al decir que “el pueblo palestino lleva sometido a 56 años de asfixiante ocupación” decía una gran verdad así como que “los horribles ataques de Hamás no surgieron de la nada”. Lo dije antes el odio genera odio.
Estamos asistiendo a una violación del derecho internacional más sagrado en lo humano y divino, añadiría yo, sin que los líderes políticos de mayor enjundía sepan dar una respuesta clara que, si no fuera porque la geopolítica manda, ya se habría dado ante lo que vemos día tras día en los medios de comunicación. El pueblo palestino lleva años estrujado entre una pinza diabólica formada por Hamás y los judíos; así que da igual hacia dónde se dirijan porque unos y otros los utilizan como escudos humanos para consolidar el odio y la violencia más bárbara.
Lo que sí veo en las últimas semanas es un viraje en el posicionamiento de representantes institucionales, políticos, sociedad civil de los países que protestan o se atreven a decir lo que, tal vez antes, decían en privado. No hay que meterse con Israel, parecía la consigna, pero ahora cuando su respuesta es desmedida ante el horrible ataque de Hamás y asisten a una condena de su actuación el guión aprendido es que se es antisemita y piden dimisiones de todo aquel que ose hacerles una reprimenda.
No lo llames rencor, porque cuando la agresión es perpetua es difícil que puedas perdonar y olvidar. La herida siempre seguirá abierta e Israel debería saber que los palestinos heridos o que han visto a sus seres queridos muertos se convierten en un arma de destrucción masiva más potente que mil bombas atómica. Esperemos que ambas partes se sientan de manera tranquila, hablen sin gritos ni insultos y puedan olvidar toda la violencia, el daño, el odio que lleva incubándose hace décadas. Van a necesitar toda la ayuda de Mahoma y Yahvé.
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