Me gusta el silencio. Así a priori parecería que no guarda relación con el título porque el silencio de Feijóo tendría que ser positivo, humano, beneficioso, pero no es así. La diferencia estriba que el silencio, cuando oculta lo negativo e inhumano, no es ese estado de ataraxia que defendían los antiguos filósofos y que da paz, sino que oculta lo irracional, malinterpreta el significado de los hechos a través de significantes manipuladores, falsos, de virtud inexistente.
Sabía que mi anterior artículo donde trataba del feminismo y del machismo, iba a levantar interpretaciones varias. Lo hice conscientemente porque me gusta el “sabotaje microsociológico” y una vez que lo he llevado a cabo, espero las respuestas. Un método que define bien Peter Berger en su libro “Introducción a la sociología” que es algo así como mi biblia. Sí, me gustan ver las reacciones, alteraciones, suposiciones, dudas, trastocamientos sobre ideas preconcebidas o como digo siempre hay que buscar en las personas las máscaras, cuando no se hace es cuando estás acabado.
El silencio de Feijóo es la mascarada de supuestos avances y paz social que dice vender. Cuando algunos te dicen que no sigas el juego a la ultraderecha y el silencio cómplice de Feijóo, te están diciendo que no protestes ante el retroceso en derechos para las mujeres, a la negación del cambio climático, a una economía más neoliberal, al retroceso en derechos humanos. Esta situación se está viviendo en Europa, veamos los casos cercanos de Italia y Francia y los más lejanos de Polonia, Hungría, y, sí, esta situación preocupa. El ruido bárbaro se impone al silencio virtuoso y brillante.
El concepto “ideología” conlleva, en demasiadas ocasiones, el ruido porque surgirán variadas interpretaciones sobre la aplicación del mismo al feminismo, la economía, el medio ambiente, la cultura, la sociedad... Pero no se engañen, queridos lectores, se puede distinguir el grano de la paja ante tanta opinión, especulación (que tan bien reflejan el grupo musical “Ojete calor” y su canción “Opino de que”, pondré una nota de humor) aplicando los mismos baremos que al silencio. Si hay silencios oscuros, los hay brillantes. Si cualquier ideología trae la infelicidad de sus ciudadanos, hay que desecharla. Es sencillo y básico o como me decía cierto profesor de matemáticas: hazlo sencillo y añadiría yo, deja pasar el tiempo que es como la niebla, cuando se disipa se ve todo.
El feminismo es sencillo o, al menos, así me lo enseñaron las mujeres más cercanas a mí y, sobre todo, mi hermana que me dijo qué era esto del feminismo así como que me leyera “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir, cosa que hice aunque no he sido lectora ferviente de textos feministas porque la inmensa mayoría me aburren y demasiadas feministas también. El silencio oscuro en el feminismo es decir que odias a los hombres o algo malo te habrá pasado y estás amargada y llena de rencor. El silencio brillante es el integrador con los hombres para alcanzar la igualdad, pero contundente ante hombres y mujeres que no respetan al resto de mujeres fuertes. Agradezco a mi hermana que me enseñara que ante cualquier manifestación machista de obra y palabra, hay que hacer una defensa y derribo a primeras de cambio. Lo he aplicado a rajatabla, siempre he sido buena alumna. Y como ya dije en el artículo anterior, en el 2002 di muestras de ello, luego habrá gente que se quedará con lo circunstancial si previamente se contaminó el mensaje. No pasa nada, el paso del tiempo, ya lo dije antes, equilibra y descubre verdades.
El silencio oscuro en economía es aquel que trae las desigualdades sociales y que es caldo de cultivo para votantes de extrema derecha y, viendo los programas económicos de PP y Vox, es evidente que van a acentuar el neoliberalismo (reducción de impuestos y, por tanto, auge de empresas privadas que habrá que pagar para tener educación, sanidad y demás servicios). Es normal que estos partidos deseen la desigualdad, es su supervivencia, son sus votantes. Pero como ya dije antes no cuentan con el factor “tiempo”. Porque, cuando este se aplique, los descontentos lo estarán más ya que verán su situación más al límite y entonces no quiero pensar los estallidos sociales que pueda haber. Está claro que el silencio brillante en economía es una redistribución y reparto económico con sensatez así como una gestión firme de las administración en cuanto a su financiación.
Y en cuanto a la defensa de la naturaleza quien la destruye o niega el cambio climático es la mayor oscuridad silenciada que puede haber donde los intereses económicos son los garantes de su destrucción. El silencio brillante está claro cuál es, no creo que deba extenderme más.
Sobre los avances sociales, la ley contra la violencia de género, la de la eutanasia, la de la memoria histórica, la del cambio climático..., se irán recortando como ya se ha hecho en Extremadura (la violencia de género es intrafamiliar, le ha quedado claro a María Guardiola) o en las manifestaciones de Feijóo con lo del “divorcio duro” donde hay violencia y punto y sin saber, o no querer saber (hay que tener en cuenta que el hombre es despistado porque se iba de vacaciones con un narcotraficante y no lo sabía) que la violencia de género está reconocida por la OMS como un grave problema de salud pública global y una violación de los derechos humanos de las mujeres, o en las manifestaciones de S. Abascal sobre la derogación de la ley del cambio climático, la paralización de la reforma de la ley de costas y un largo etcétera que incluyen aberraciones que perjudican al medio ambiente.
Sí, la oscuridad nos cierne y el silencio brillante como sociedad debe existir si queremos vivir como personas con un mínimo de dignidad. A todos aquellos que me dicen que no defienda el feminismo (me aterra los y las que lo malinterpretan), una economía justa, una defensa de la naturaleza (porque tampoco es para tanto, dicen algunos) o en variados aspectos sociales es cuando salgo de mi silencio que tanto me ha gustado de siempre y les digo: Voy a ser la más habladora y la más combativa, porque siempre me aterró el ruido; este solo trae crueldad, manipulaciones y daña cualquier atisbo humanista y el silencio oscuro de Feijóo nos hará retroceder a tiempos que se creían superados.
NOTA: Lo más revolucionario que una persona puede hacer es decir siempre en voz alta lo que realmente está ocurriendo, Rosa Luxemburgo.





