Bajo el lema "Le sienta bien a todo al mundo", Zaragoza se unirá a la celebración del Día Mundial del Comercio Justo el próximo 14 de mayo, con un programa de actividades que ha sido organizado por la Federación Aragonesa de Solidaridad en colaboración con Proyde, Oxfam Intermón, Proclade, Isabel Martín, Vicente Ferrer y Cáritas.
Con esta jornada, las organizaciones de Comercio Justo quieren llamar la atención de los consumidores y consumidoras ante la condiciones abusivas de trabajo, la explotación infantil o la destrucción de bosques que se esconden detrás de productos cotidianos como el café, el cacao, el azúcar, el té o la ropa. Asimismo, recuerdan que los productos de Comercio Justo garantizan los derechos laborales y humanos y respetan el medioambiente. A través de la web interactiva de la campaña la ciudadanía puede conocer estas realidades y participar en esta iniciativa
En Zaragoza, la celebración tendrá lugar en el Parque Grande José Antonio Labordeta, Quiosco de la música desde las 10.30 hasta las 20.30 horas con una gran cantidad de propuestas en forma de animación, talleres, degustaciones y conciertos. Se puede ver el programa completo en su página web. Y a lo largo de todo Aragón también se celebrará este Día Mundial.
Pobreza, condiciones de trabajo abusivas, precios muy por debajo de costes, que dejan salarios alejados del mínimo legal, explotación laboral infantil o degradación del medio ambiente son algunas de las problemáticas que se esconden detrás del café, té, azúcar, chocolate o ropa. Estos productos, que generan ingresos millonarios para unas pocas empresas, tienen en común que su producción se desarrolla principalmente en países de América Latina, Asia o África. La desigualdad en el reparto de los beneficios a lo largo de toda la cadena de producción, es otro de los rasgos que comparten.
En el café, por ejemplo, un producto que genera unos 200.000 millones de dólares al año, en Uganda, los campesinos y las campesinas reciben el 6% del precio final del producto, mientras que la empresa multinacional recibe el 50%. Algo similar ocurre en el cacao: en los dos principales países productores, Ghana y Costa de Marfil, las familias cacaocultoras reciben un 40% menos del precio que deberían cobrar para poder cubrir costes y tener una vida digna.
La explotación laboral infantil es otra de las problemáticas comunes a estos productos. En las plantaciones de cacao, solo en esos dos países, más de 1,5 de menores trabajan haciendo tareas peligrosas como manipular químicos o usar machetes.
Por otra parte, la recogida de caña de azúcar (también conocida como la "planta de la miseria"), o del té esconde situaciones de semiesclavitud heredadas de los periodos coloniales. En el caso del corte de caña, un trabajo especialmente duro, mayoritariamente se sigue realizando de forma manual dado que la mano de obra resulta tan barata que a las empresas no les compensa invertir en mecanización. Este trabajo se suele realizar a pleno sol, con altas temperaturas, pocos descansos y escasa agua potable. De hecho, en Centroamérica, 6 de cada 10 jornaleros de caña de azúcar han sufrido enfermedades debido al calor durante la jornada laboral.
En las plantaciones de té, la mayoría de sus trabajadores y trabajadoras descienden de familias campesinas pobres que fueron reclutadas como esclavas hace más de 150 años. Su salario medio en las principales regiones productoras de India es de menos de la mitad del salario mínimo de un trabajador agrícola no cualificado.
La industria textil, además de ser la segunda más contaminante tras el petróleo, también consolida la pobreza: el 75 % de la mano de obra está en países asiáticos. En la actualidad, los salarios mínimos vigentes en ellos en este sector no son suficientes para cubrir las necesidades humanas básicas.
Ante ello, los productos de Comercio Justo garantizan el respeto a los derechos laborales y humanos, salarios y condiciones dignas, prohíben la explotación infantil, apuestan por la igualdad de género y son producidos con técnicas respetuosas con la tierra y el entorno natural. El café, el cacao, el azúcar, el té o la ropa son los productos más significativos de este modelo comercial que nació en los años 60 y hoy está presente en más de 70 países.
En el Estado español en el último año las ventas de Comercio Justo no han dejado de crecer desde el año 2000 (el primero del que hay datos). En el último año alcanzaron una facturación de más de 144 millones de euros, en su mayoría gracias a los productos de alimentación. El textil en el último año aumentó su facturación en 1 millón de euros.





