Después del 14N... Más huelgas para derrotar la austeridad

03 diciembre, 2012. 08:57
Foto: AraInfo

Pese a la propaganda contra la huelga y a la inmensa tasa de paro y precariedad que sitúa en condiciones muy desfavorables a la gente trabajadora que quiere luchar mediante la huelga, el 14N ha vuelto a ser una gran victoria. Los debates previos y posteriores han sido, al menos aparentemente, muy similares a los del 29M. Ambas huelgas generales se han percibido como actos de lucha aislados y los debates para el 14N empezaban casi desde cero: si sirve de algo una huelga general de un solo día, si los sindicatos mayoritarios siguen siendo una herramienta útil, si es posible ganar ciertas demandas, etc. Sin embargo, el masivo seguimiento de ambas huelgas indica que, por encima de todo, la gente siente la necesidad de luchar, y siente la huelga como un arma eficaz.

Aunque no ha habido un plan de lucha general y continuado, los conflictos como el de la minería de los últimos meses han mantenido y avivado la llama de la resistencia frente a los recortes. Si antes del 29M, el peso de la movilización social había sido el movimiento de los indignados, en los últimos meses las luchas de sectores laborales, desde el personal del sector público hasta los mineros y mineras, han creado un contexto en el que confluyen a menudo ambas luchas. Y éste es un paso importante porque un movimiento huelguístico potente y organizado sí puede tener la fuerza necesaria para derrocar un gobierno, como ha ocurrido en Grecia, o incluso revocar los planes de austeridad. Pero aun queda mucho camino por recorrer.

Ciclo de luchas

En medio de una crisis como la actual, en la que los capitalistas tienen enormes dificultades para mantener sus tasas de beneficios, la clase política que les sirve está arrinconada y es más difícil forzar medidas populares y progresistas. Es evidente que, a diferencia de otros momentos como la huelga contra el decretazo de Aznar, hoy una huelga general de un día no va a cambiar ninguna ley. Pero es imprescindible entender que es necesaria como parte de un ciclo de luchas que debe ir más allá de convocatorias puntuales, con un plan de luchas sostenido y radical.

Indudablemente, las cúpulas de CCOO y UGT no están por esto, pero los sindicatos son mucho más que sus dirigentes; decantar la balanza hacia más movilización y más radical es posible.

En estas últimas semanas han estallado conflictos laborales con bastante repercusión: la huelga de hambre de trabajadores de Movistar por la readmisión de un compañero, que duró 23 días, las huelgas contra los ERE’s presentados por el periódico El País y Telemadrid, las huelgas en los transportes públicos de Madrid y Barcelona, las huelgas y ocupaciones del personal sanitario en Andalucía y Madrid, y la huelga victoriosa de la limpieza en Jerez. Estos conflictos muestran, ante todo, la disposición a luchar desde los puestos de trabajo en amplios sectores laborales que se están viendo afectados por las políticas del Gobierno. El 14 de noviembre ha servido de empuje en parte para estas luchas. Igualmente, las huelgas sectoriales deben no sólo recrudecerse y ganar batallas, como ha ocurrido en Jerez, sino también confluir lo máximo posible entre ellas, empujando a las burocracias de los grandes sindicatos a convocar otra huelga general que dé continuidad a este ciclo de luchas.

Esta confluencia es indispensable porque los recortes impuestos por la troika y el Gobierno son un paquete completo, y no será posible pararlos parcialmente. La privatización de la sanidad o la educación avanzarán de la mano de más EREs, más precariedad y menos salarios, y no se podrán parar hasta detener todas las políticas de austeridad que están aplicando los gobiernos de la UE. La respuesta social debe tender a ser conjunta y lo más amplia y política posible.

Las organizaciones de izquierdas tienen un papel importante a la hora de difundir un discurso que aúne las luchas sindicales con una crítica profunda a la austeridad y la raíz de la crisis capitalista. Así ha ocurrido en Grecia, donde organizaciones como Antarsya o Syriza han puesto sobre la mesa la necesidad de no pagar la deuda, cuestionando la permanencia en la UE. Es por eso que la confluencia a nivel europeo es más necesaria que nunca; el componente político está muy vinculado a la crítica a la UE como corazón de las medidas de austeridad y como enemiga del estado de bienestar y los derechos de la clase trabajadora. Medidas necesarias para salir de la crisis como no pagar la deuda, aumentar el salario mínimo, o la nacionalización de la banca ganarán más fuerza frente al chantaje de la UE y el BCE sólo si se plantean desde varios estados.

En este sentido el ascenso de opciones como IU, Bildu, AGE o las CUP debe servir para reforzar estas ideas, a la vez que se aumenta la presión en la calle y en los centros de trabajo, así como dentro de los sindicatos, para continuar con movilizaciones, y darles un carácter más combativo. No sólo huelgas generales de 24 horas, sino avanzar hacia un movimiento huelguístico duradero y masivo, que se combine con otras formas de protesta contundentes, como bloqueos u ocupaciones de centros de trabajo. La lucha contra la crisis y la austeridad es un camino largo, pero el 14N ha demostrado que es posible, que existe la predisposición en los trabajadores y trabajadoras, y que la troika tiene mucho de qué preocuparse.

Dani Bravo | Publicado en La Hiedra (En Lluita) | Para AraInfo

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