Los muros

22 abril, 2020. 13:01

La caída del muro de Berlín ya es una vieja historia, pero al desaparecer éste casi olvidamos por completo los otros diez muros que le sobrevivieron: Melilla,, Corea, Chipre, Gaza, México...

Yanis Varufakis, antiguo Ministro de Finanzas con Syriza en Grecia los recorrió todos, se trataba de un viaje sin coloridas postales. Ahora necesitaría hacer otro gran periplo para poder conocer todos esos otros muros, murallas, alambradas, barreras..., que han ido apareciendo en el mundo. Muros económicos, ideológicos y xenófobos, de distintos materiales y texturas. Sería muy largo exponer aquí a todos y cada uno, solo voy a citar algunos.

A consecuencia de la pandemia causada por la covid 19 muchas de estas fronteras han surgido como nuevas, algo parecido a un rebrote, y otras se han recrudecido si cabe aún más.

En Eslovaquia, el ejército separa con un muro a los gitanos del resto de la población, ¿qué nos recuerda esto? El actual gobierno teme el ascenso del líder ultraderechista de corte fascista Marian Kotleba.

El genocidio de los rohingya en Birmania se ha agravado si cabe aún más. Viven a su suerte, en Bangladesh, en un agujero infecto, hacinados y separados. Su situación es desesperada. El virus y la violencia les acecha. El paisaje es feroz.

En la isla de Lesbos, Grecia, viven cerca de veinte mil refugiados en un campamento habilitado para tres mil. Han sido estigmatizados y son vigilados constantemente. Los cooperantes son agredidos por ciudadanos de la extrema derecha griega.

Podría estar enumerando aquí multitud de situaciones parecidas. Todos las conocemos y nos sentimos incapaces para evitarlas. Caminamos por una cornisa muy frágil. Las costuras están a punto de reventar.

Pero no puedo dejar de citar aquí de forma breve, algunas persecuciones más.

El presidente filipino Rodrigo Duterte ha dado orden de disparar a matar a quien incumpla el confinamiento. Hay miles de ciudadanos sin techo en el país.

El ultraderechista Viktor Orbán en Hungría, país miembro de la UE, ha dictado una ley para encarcelar a los mendigos que deambulan por Budapest.

El gobierno golpista de Bolivia, incapaz de resolver la hambruna de miles de ciudadanos que vivían de la economía informal ha obligado a que muchos de ellos tengan que colgar banderas blancas en sus casas suplicando ayuda urgente para no morir de hambre. Solo desean poder ver la luz el próximo día, casi nada.

No olvidemos que solo en América Latina viven de la economía sumergida ciento cincuenta millones de personas. En EEUU, el muro existente entre la población inmigrante junto a los afroamericanos y el resto de la sociedad es casi tangible; son las grandes victimas del coronavirus. Unos veinte millones de personas no pueden acceder a la sanidad de forma libre.

Qué fácil resulta confinar a la población menos afortunada.

Estaremos de acuerdo en que la actualidad española no es comparable a los casos citados arriba. Pero como cualquier otra situación, es susceptible de empeorar, y puede llegar a ser muy grave a muy corto plazo. Muchos compatriotas se sienten inseguros e indefensos ante esta incertidumbre. Es necesaria más que nunca una renta básica, me da igual el nombre que se le ponga, el Estado está obligado a tenderles una tabla de salvación, se trata de que no se hunda nadie.

Las minorías acomodadas nunca van a entender la necesidad de esta paga, pues ellos pueden comprar sanidad, educación y alimentos sin mayores problemas. La presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, afirma que este tipo de pagas crean dependencia del Estado, en esta postura se ha colocado también la Conferencia Episcopal Española. Yo solo veo en estas palabras otro muro, esta vez ideológico.

Apretemos los dientes, ya debatiremos más adelante sobre el Estado del bienestar, la erosión de lo público, el reparto de la riqueza... Ahora se trata de evitar que cientos de miles de compatriotas crucen la línea y caigan en la pobreza y la exclusión. No conozco otra receta mejor para revertir estos graves momentos que vivimos.

Deseo acabar con unas palabras de Luis Sepúlveda, viejo militante comunista chileno muerto hace unos días: "Es tiempo de derrota, de contar muertos, pero hay que seguir andando y salvar la alegría".

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