Este virus nos dice que si no damos respuestas globales, nos puede aplastar como lo que somos ahora. Saldremos de esta, seguro. ¿Pero en qué condiciones? ¿Qué precio final tendremos que pagar?
Jonas Mekas tras huir de su pequeño pueblo en Lituania por razones políticas escribió este libro: "Ningún lugar a donde ir". Y que por cierto me viene como anillo al dedo para escribir este relato. Son tiempos de confinamiento a causa de la pandemia del Covid19, o coronavirus. Son tiempos de reclusión, ya no es que no se pueda viajar, es que casi no se puede salir ni a comprar alimentos por temor a contaminar o ser contaminado a causa de este virus.
La situación es muy grave, lo que voy a narrar aquí parece ciencia ficción. Es un mal sueño, sin fantasmas con los que poder organizar una tertulia a los pies de la cama. Son hechos que dejan de ser actualidad a las pocas horas, porque se suceden otros de más relevancia que ningunean a los anteriores.
Todo comenzó en China, pero en el momento de escribir esto, la pandemia ha remitido en ese país, y están saliendo de ella. Su sistema económico-político, su disciplina, su hacer, su preparación y entrenamiento con otros virus destructivos se ha convertido en sus principales armas para casi derrotarlo. El control a través de los teléfonos móviles (geolocalización), los millones de cámaras instaladas por todo el país, el big data... han sido métodos muy eficientes para controlarlo. Claro que ha sido en detrimento de las libertades individuales.
El sistema capitalista, neoliberal, está ahora en entredicho, muchos afirman que ha fracasado, su individualismo, su negación del Estado..., se contradice ahora con las continuas llamadas de socorro para que les amparen y les protejan. Se refuerza la posición de que se deben mantener los impuestos para implementar el Estado de Bienestar. Qué lo público es la salvación de todos, sobre todo la sanidad. Que lo privado está llamado al fracaso ante un problema sanitario tan global y extendido como este.
La globalización es otro fiasco. En España fabricamos coches, lavadoras, colchones..., pero no existe ni una fábrica de mascarillas o epis (equipos de protección individual). La deslocalización ha sido otra pandemia. Y eso de que a causa de la globalización el virus se ha extendido mejor, pues sí, pero no olvidemos que ya en 1492, los españoles "transportamos" multitud de enfermedades y plagas en nuestros barcos a los indígenas del continente americano. Millones de ellos murieron a causa de estos virus para los que no estaban preparados.

EEUU, el país por antonomasia del capitalismo y el neoliberalismo está ahora expropiando medios de producción para ponerlos al servicio del Estado. Ahora todo ha quedado anestesiado, postergado, proyectos, viajes, estudios..., y nuestro ánimo muy erosionado, y no sabemos por cuánto tiempo.
Los aviones se han quedado en tierra, y por tanto los viajeros. Las fronteras se han cerrado para todos. Pasaran meses hasta que podamos viajar. Procesiones, olimpiadas, congresos, fiestas mayores, hasta las superligas de fútbol han pasado a mejor vida, quién lo iba a decir. Problemas gravísimos como el de los refugiados, inmigrantes, corrupción, conflicto catalán, han desaparecido de nuestras agendas, como si todo se hubiera resuelto.
En muchos países se han colapsado las morgues y los cementerios. Todos conocemos a alguien más o menos cercano que ha muerto.
Algunos dirigentes de países anglosajones han apostado antes por la economía que por la salud de sus ciudadanos. Y siguen haciendo apología de lo privado como una solución más efectiva. Por cierto, uno de ellos se encuentra grave en la UCI afectado por el COVID-19.
Somos débiles, muy frágiles, nos creíamos poderosos, pero un virus diminuto y cruel nos ha hecho besar la lona.
Los mercados, bolsas, Ibex... tiemblan y se ahogan entre estertores. El sistema económico en el que se apoyan está disminuido. Estaba pensando que quizás tengamos que disolver los ejércitos ¿qué sentido tienen ahora? y desviar esas partidas presupuestarias para crear ejércitos de sanitarios.
Esos terraplanistas ya conocidos, que viven en otra realidad: Trump, Bolsonaro, Erdogan, Boris Johnson ¿van a salir más airosos de esta crisis? ¿se van a cebar más en sus populismos y nacionalismos?
Hay algo de lo que estoy seguro, algunos comportamientos van a cambiar, quiero pensar que para bien.
Se trata de un virus educacional, porque nos está enseñando a comportamos de otra manera, a corregir errores, a valorar cosas que antes si apenas les dábamos importancia. No me gustaría ser demasiado optimista. Existen muchas incógnitas ¿cómo será todo después? ¿cómo nos veremos? ¿nos saludaremos como hace un mes?
Suceden cosas increíbles que colocan al mundo del revés: Cuba está venciendo al virus y exportando médicos a otros países, los mexicanos cierran sus fronteras con EEUU para que los estadounidenses no crucen a México, pues han visto la situación en su país bastante incontrolable. Varios cientos de jóvenes españoles que trabajaban o estudiaban en los EEUU no dudaron un instante en subirse a un avión de regreso a España y abandonar así el "sueño americano", el "american life". La mortalidad infantil, la esperanza de vida, la criminalidad, la población carcelaria, los trastornos mentales, el desempleo, la obesidad, la malnutrición, el embarazo de adolescentes, el uso de drogas ilegales, la inseguridad económica, las deudas personales, la angustia, están mucho más marcados en EEUU que en Europa continental.
Existe otro gran problema al que no le prestamos demasiada atención, en los países en desarrollo, gran parte de la población vive al día, y a causa del confinamiento no tienen ningún tipo de ingresos. ¿Sus respectivos gobiernos se sienten capaces de resolver esto? Esta claro que no. El hambre les acecha.
Este virus nos dice que si no damos respuestas globales, nos puede aplastar como lo que somos ahora.
Saldremos de esta, seguro. ¿Pero en qué condiciones? ¿Qué precio final tendremos que pagar?




