Este domingo el Rock & Blues Café de Zaragoza se viste de fiesta. De una de esas locas. Muy locas. Cuando Paul-Ronney Angel aterriza en un local sus cimientos desaparecen y los Urban Voodoo Machine entierran unas raíces que beben del Mardy Grass de Nueva Orleans, del mariachi fronterizo, del blues más arcaico, del punk, del rockabilly y de las músicas gitanas del este de Europa.
La voz de Angel tiene el aroma de los grandes poetas del rock. Recuerdos y olores de Nick Cave o Tom Waits son una constante en sus interpretaciones, en las que el cinismo y la lucha contra el reloj de la vida se convierten en tema recurrente.
Añadan al cóctel una estética a caballo entre el cabaret burlesque y la escena punk, con el rojo y el negro como colores predominantes. Más remiendos para un pastiche que de juntar tantas influencias termina sonando original. "Bourbon Soaked Gypsy Blues Bop'n'Stroll", como Angel lo definió.
2014 fue un antes y un después para la banda. Publicaron su tercer álbum bajo el título ‘Love, Drink & Death’ y como una macabra premonición la muerte se llevó a su violinista Rob Skipper de una sobredosis y su guitarrista Nick Marsh (ex Flesh For Lulu) luchó enérgicamente contra un cáncer de garganta, que también terminaría con su vida en 2015.
Ahora presentan su nuevo álbum ‘Hellbound Hymns’, donde la guitarra de Nick Marsh continúa presente en ocho de sus 13 canciones, y en el que Urban Voodoo Machine viene a rendir tributo porque según afirman: “el mejor tributo que puedes pagar a los muertos es vivir la vida al máximo”.




