El primero de mayo no es una fiesta, es una conmemoración de la gran injusticia que vivió la clase trabajadora hace 125 años cuando fue reprimida brutalmente con el ajusticiamiento de un grupo de obreros de Chicago que luchaban por la jornada de ocho horas. Este mensaje ha sido la nota dominante en los manifiestos, declaraciones y expresiones de los sindicatos combativos de Aragón y de todo aquel que se ha querido sumar a las manifestaciones a lo largo de la jornada. Las injusticias, vejaciones y represiones del capital vuelven a repetirse hoy en día, como si los logros conseguidos con el sudor, las lágrimas y la sangre del pueblo fuesen papel mojado y de un plumazo pudieran emborronarse. Aquellos logros (derechos, garantías, vidas, recursos, cuidados y vínculos) que exigieron décadas de lucha y trabajo.




