Miembros de la asociación Fondo Natural han comprobado in situ la tala de abetos centenarios en la umbría de Sierra Ferrera, en la localidad oscense de Laspuña. Los árboles se están cortando en el único abetal superviviente en el extremo más alejado e inaccesible del término municipal, sobre el refugio de Lostacho.
El presidente de la Asociación, Federico Sancho, ha solicitado ayer en conversacion telefónica al alcalde de Laspuña y al director general de gestión forestal del Gobierno de Aragón que paralicen inmediatamente la tala de abetos en este espacio natural.
El Gobierno de Aragón está incumpliendo la directiva hábitats al retrasar la aprobación de los planes de gestión de la Red Natura2000 en su territorio, lo cual evitaría que se produjeran este tipo de situaciones, que deben someterse previamente a evaluación ambiental. "Es una responsabilidad que compete al Consejero de Desarrollo rural y sostenibilidad, quien debe poner los medios y tomar decisiones para evitar males mayores", advierten desde Fondo Natural.
Se trata de un bosque relicto de pequeña extensión, en una zona de alta montaña con fuertes pendientes y muy sensible a la actividad humana, además de estar incluida en la red natura 2000, con presencia de varias especies de flora y fauna amenazadas.
La corta de los abetos se ha justificado por los promotores como una medida para combatir una plaga de muérdago, pero es una medida excesiva, inútil e incluso contraproducente, sin base legal ni científica.
Este pequeño abetal se encuentra en el limite meridional de distribución de la especie, sometido a un fuerte estrés causado por el incremento de temperatura estival en las últimas décadas. La proliferación del muérdago es un síntoma de dicho estrés, pero no la causa principal.
Generalmente su abundancia no compromete la supervivencia de los ejemplares, aunque puedan frenar su crecimiento anual afectando al rendimiento económico.
Varios expertos también acusan al abandono de la ganadería y a la explotación forestal forestal realizada durante la segunda mitad del siglo XX, que ha provocado cambios importantes en el ecosistema edáfico, al aumentar la insolación, desaparición de hongos y bacterias, crecimiento de especies competidoras, etc.
Algunos procesos son cíclicos, o responden a episodios climáticos adversos y bosque necesita tiempo para recuperarse, por lo que este tipo de intervenciones no le fortalecen y pueden acelerar o agravar más la situación, comprometiendo a medio plazo la supervivencia del abetal.
El aprovechamiento de los abetales por su madera no es rentable por lo que cualquier intervención debería estar dirigida a su conservación y a potenciar la resiliencia de los ecosistemas, de cuyos servicios se beneficia toda la sociedad.




