La simpleza como bandera

Horas después de producirse los brutales atentados en Bruselas, los mensajes xenófobos en las redes sociales vuelven a demostrar que la estupidez del ser humano no tiene límites

El hashtag #StopIslam es un claro ejemplo de hasta dónde puede llegar la ignorancia. Parece ser, según este hashtag, que todas las personas que profesan el Islam son de facto terroristas. Bravo, un argumento irrebatible. Hasta el aspirante a presidente de los Estados Unidos, el polémico Donald Trump, hace uso de tales justificaciones.

Brillante. Por esa misma regla de tres, todas las personas que profesan la religión Católica tendrían que ser pederastas por naturaleza. En fin, una relación absurda tanto en su fondo como en su forma, donde se establecen conexiones con argumentos absurdamente simplistas.

Véase sin ir más lejos que durante el día de hoy nos encontramos con aquellos que tienen el oportunismo como virtud y se dedican a lanzar ataques contra los partidos de izquierda por no firmar el mal llamado pacto antiyihadista. Como si la firma de dicho acuerdo por todas las fuerzas parlamentarias fuera a solucionar el problema del terrorismo porque sí.

Sin embargo, suele coincidir que esas mismas personas, normalmente son las que proclaman a los cuatro vientos que los bombardeos sobre el terreno son la solución definitiva a la barbarie terrorista.

Lógicamente, su ignorancia no les deja ver más allá y no pueden prever que esos mismos bombardeos con los que ellos están absolutamente de acuerdo, son los mismos que provocan que la población de un país se convierta en refugiada contra su voluntad.

Pero he aquí, que con otra gran maniobra justificativa, los dichosos ignorantes vuelven a lanzar sus trabajados argumentos contra las personas refugiadas por el simple hecho de ser musulmanes y por ende, terroristas que quieren entrar en Europa para convertirla en un infierno para los occidentales.

Sin duda, una excusa perfecta para fomentar la xenofobia como colofón a sus tesis integradoras.

Y como no podía ser de otra manera, no se le ocurra a ningún mortal sacar a la palestra la venta de armamento de nuestro país o del resto de países europeos a ese país tan democrático llamado Arabia Saudí.

El negocio de la venta de armas y su influencia en los conflictos actuales es un tema tabú del que no está bien visto hablar si no quieres que te tachen de demagogo.

O por qué el petróleo con el que se financian los grupos terroristas es comprado en muchas ocasiones por países europeos, por ejemplo Turquía, paladín de los derechos humanos.

O cómo el establecimiento de corredores humanitarios a través de Europa, aliviaría un poquito el sufrimiento de todas aquellas personas que se han convertido en refugiadas sin ellas desearlo.

O cómo por ejemplo los musulmanes, seguidores del Islam, son los principales perjudicados en la lucha contra el Estado Islámico en cuanto a número de víctimas se refiere.

Como ya ocurrió antaño con los comunistas, más tarde con los talibanes, luego Al Qaeda, ahora les toca el turno a los sirios y su irremediable relación con la aparición del Estado Islámico. Para los defensores de la libertad y la democracia siempre existe un enemigo con nombre propio donde situar el foco de atención.

El problema es que estos benditos ignorantes no se quieren dar cuenta de cuáles son las causas principales de todo este horror, la raíz del problema. Y no, no se encuentran al otro lado de las fronteras europeas, si no que se sitúan dentro de la propia UE, y por supuesto en Estados Unidos.

La aplicación de sus políticas neoliberales son las que han supuesto la precariedad, el aumento de la desigualdad, la destrucción del medio ambiente y  en definitiva, la lucha constante por sobrevivir en una sociedad cada vez más deteriorada e insensibilizada.

La mayor migración de seres humanos desde la II Guerra Mundial junto con la repugnante inoperancia de la comunidad internacional dan buena cuenta de ello.

Así que hágannos un favor y reflexionen un poquito sobre la marcha y las causas de los actuales conflictos, y por qué dentro de su complejidad, los países con intereses propios actúan como actúan, aunque eso signifique llevarse por delante los derechos humanos.

No utilicen la simpleza como bandera y usen en su lugar el sentido común.

Ganaremos todos.

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