El 8 de febrero son elecciones en Aragón y, como siempre, el voto de la clase trabajadora —mayoría social— es el que determina los resultados. Entre los análisis y promesas se desliza una realidad tozuda: quien sea que presida Aragón tras estas elecciones no irá al día siguiente a nuestro trabajo ni por ti, ni por mí.
Esto que digo puede parecer de perogrullo, pero hay que tener en cuenta que las diferentes alternativas políticas se presentan como capaces de resolver nuestros problemas desde el Gobierno de Aragón. Lo cierto es que, al día siguiente, tú y yo seguiremos madrugando, o yendo de tardes, o a turnos, para poner nuestro trabajo a cambio de un sueldo que no alcanza. Seguiremos entregando nuestro esfuerzo y nuestra inteligencia para llenar bolsillos ajenos y para que, de lo poco que nos quede, la mayor parte se lo acabe llevando un rentista.
Da igual dónde trabajes. Este año, independientemente de quién gane las elecciones, también tendrás problemas en el trabajo. Esta es una de las pocas certezas que tenemos en unos momentos de tanta incertidumbre.
En la mayor parte de los programas de quienes aspiran a representar a la clase obrera encontramos propuestas vagas en lo tocante a lo laboral. En algunos casos esto nos habla de una desconexión con la realidad de las trabajadoras y trabajadores de Aragón. Como Pilar Alegría prometiendo “convenios colectivos”, cuando estos son producto de la negociación colectiva entre patronal y sindicatos. En otros casos, esta falta de definición proviene quizás de la conciencia, por parte de los propios partidos, de que es mejor no comprometerse demasiado en este sentido, ya que poco se puede lograr desde su posición.
Pero quienes estamos en la lucha sindical sí podemos hablar de realidades y triunfos concretos. Podemos hablar de cómo se logró que se condenara a un responsable de Litera Meat —empresa que recibió el Premio Empresa Huesca 2021— por agredir a un trabajador; o se logró que a otro le fueran abonados 8.000 euros en horas extra sin cobrar. Podemos contarte cómo en Hoteles Gargallo se paga por debajo del SMI —ese sobre el que el Gobierno de coalición se echa flores cada vez que aprueba subirlo— y que esto solo se solucionará con un sindicato presente en la empresa. También podríamos hablar de cómo Teleperformance racanea días de vacaciones a sus trabajadoras, y cómo tuvo que devolverlos gracias a que allí hubo un sindicato. O de qué manera se logró que Mercadona indemnizase a una trabajadora tras reconocer los daños ocasionados durante años.
La realidad que vivimos las trabajadoras y trabajadores en Aragón es así de dura. Sabemos quiénes son los dueños de Aragón, sabemos que esos no se votan cada cuatro años y también sabemos que, por tanto, el enfrentamiento contra ellos y sus privilegios no se produce en la arena electoral.
Pero se nos pide el voto, porque la clase obrera somos mayoría en Aragón y en cualquier otro lugar en este planeta.
Sin embargo, ¿han hecho sus deberes los partidos políticos de la izquierda? Los que forman parte del Gobierno de coalición mantienen a seis compañeras presas por algo tan básico como hacer sindicalismo. Y a dos jóvenes de Zaragoza por plantar cara al fascismo. ¿Y no hubo ya un gobierno de coalición liderado por el PSOE y apoyado por la izquierda en Aragón en el momento en el que se implantaron los mayores proyectos de extractivismo en esta tierra?
¿Y qué hay de todas las trabajadoras y trabajadores que no tienen derecho al voto en Aragón? Un 25 % de nuestra clase tiene un origen extranjero y está privada de derechos políticos como en los tiempos del sufragio censitario. ¿Acaso algún partido de la socialdemocracia se ha comprometido a actuar para abolir la Ley de Extranjería? La unidad de clase se forma con la organización de toda la clase obrera, de todos los acentos, de todos los orígenes. Esta es la única manera de poner freno a quienes se esfuerzan por fraccionarnos.
En una situación como la que estamos, es natural sentir miedo e incertidumbre y pensar que nuestros derechos vuelven a estar en juego. Temer que perderemos lo poco que nos queda. ¿Qué pasará si la derecha cumple lo que promete? ¿Podré seguir pagando la casa? ¿Tendrán mis hijos una educación de calidad o se pudrirán en barracones? ¿Tendrán mis padres una vejez digna?
Si formas parte de una organización sindical que busca la transformación social, al menos puedes tener una certeza: tu sindicato va a seguir ahí después de las elecciones y va a salir a dar la pelea, a partirse la cara por no retroceder un solo paso en lo que hemos ganado y por seguir avanzando en derechos y en condiciones de trabajo y de vida. Tenemos claro que, en el mejor de los casos, te están prometiendo que harán lo posible por mantener las cosas más o menos como están. Pero desde el sindicalismo tenemos clara la idea de que organizarse es empezar a ganar.
Se nos plantea elegir: o la socialdemocracia o el nuevo fascismo se abre paso y destruye todo lo que tiene por delante. Como si no hubiera una alternativa para la clase trabajadora en Aragón. Claro que la hay: esa alternativa se llama acción sindical y es la única vía que se ha demostrado efectiva para conquistar derechos. La vía de la independencia política de la clase obrera. Por supuesto que las trabajadoras y trabajadores disponen de organizaciones para la defensa de sus intereses: sus sindicatos, sus organizaciones para la lucha económica. Solo hay que volver a llenarlos de gente y trabajar desde ellos por la transformación social. Y a ganar un Aragón, y un mundo entero, para la clase trabajadora.

