Altavoz

Es un negocio

Unos inmundos salvajes, atribuyéndose la representación de un ser que solo existe en su abyecta imaginación, han perpetrado una asquerosa masacre en Paris sobre unos periodistas a los que atribuían el terrible delito de ridiculizar su comportamiento terrorista. Para ello habían utilizado la imaginación y la sátira caricaturizando cómicamente a su adorado profeta. ¡Terrible ofensa para estos infra-seres!
| 10 enero, 2015 12.01
Foto: Diego Díaz (AraInfo)

Foto: Diego Díaz (AraInfo)

Unos inmundos salvajes, atribuyéndose la representación de un ser que solo existe en su abyecta imaginación, han perpetrado una asquerosa masacre en Paris sobre unos periodistas a los que atribuían el terrible delito de ridiculizar su comportamiento terrorista. Para ello habían utilizado la imaginación y la sátira caricaturizando cómicamente a su adorado profeta. ¡Terrible ofensa para estos infra-seres!

Para complacer a Alá asesinaron a los de acá. ¡Estará contenta la divinidad!

Como era de esperar, no han tardado las voces de los energúmenos en saltar a la palestra y a los medios de comunicación clamando venganza contra esos yihadistas del ultramundo que perturban la paz occidental de su armónico y bien organizado hábitat.

Las medidas que proponen adoptar, para eliminar la lacra que amenaza su bienestar, son las de siempre: modificar la legislación, endurecimiento de las penas, medidas de control más exhaustivas, en definitiva, recorte de derechos y libertades individuales en aras de una seguridad que rara vez aparece.

Se rasgan las vestiduras atribuyendo al atentado la finalidad de cercenar la libertad de expresión, como si para castrar la libertad de expresión necesitaran que hubiera un acto terrorista. Estamos hartos de comprobar cómo se censuran publicaciones que perturban la paz Real, o la paz de los jueces, o la de la iglesia, o la de los partidos políticos. Y si la censura no es suficiente provocan el cierre del medio por asfixia económica, le retiran la publicidad institucional, o lo que es más sencillo para quien posee el poder económico: Lo compran y sibilinamente van adulterando su línea editorial.

¡Qué no nos vengan con monsergas! La libertad de expresión les importa un bledo, al igual que les importa un pepino la situación de la humanidad. ¿Por qué les iba a importar a los musulmanes de Irak, Afganistán, Siria, Yemen…, los muertos de aquí, cuando a nosotros nos importan un carajo las muertes que hay allí?

Al igual que las plañideras contratadas sus lágrimas son falsas, son una pose para la galería. Los asesinos portaban armas bélicas de última generación ¿Donde las adquirieron? ¿Quién se las proporcionó? ¿Quién las fabrica?

El inmenso mercadillo en el que han convertido el mundo permite eso y mucho más en favor de una intocable economía de mercado; si no hay clientes hay que crearlos, hay que inocular la necesidad, las ventas y los beneficios mueven todo este andamiaje que nos ha construido la que es probablemente la generación de políticos más mediocre de la historia contemporánea.

Vendidos a las multinacionales de la energía destruyen países para gestionar su petróleo, comprados por multinacionales bancarias esquilman países para laminar derechos, no tienen reparo alguno en robar las materias primas de países africanos pobres para satisfacer sus ansias de poder y dinero ¿Qué nombre le ponemos a la actuación de las farmacéuticas dueñas de tratamientos cuyo coste de producción es de 100 dólares y los venden por 25000 euros? Eso sí, en nombre de no sé qué derecho de patente que sitúan por encima del derecho a la salud.

La actuación de estos laboratorios ¿cómo lo llamamos? ¿Indispensable economía de mercado o terrorismo empresarial? Elijan.

En esta gran bolsa de porquería no pueden faltar las fábricas de armamento y estas viven, no nos olvidemos, de las guerras, de la violencia, del terror. Si no encuentran compradores tienen que buscarlos o producirlos. Allá donde hay guerra y violencia hay armas, y donde hay armas hay destrucción, inseguridad y muerte. En definitiva diferentes oportunidades de negocio.

Con toda su carga de oscurantismo, de sumisión, de incultura, de papanatismo y de superstición no son las religiones las que disparan. Las religiones sirven para dominar a los pueblos con la finalidad de manejarlos al capricho de los sátrapas que los dirigen. No son los enfrentamientos de diferentes culturas los que alimentan esta espiral de sinsentidos.

Abrid de una vez los ojos

Madre, yo al oro me humillo,

Él es mi amante y mi amado,

Pues de puro enamorado,

Anda continúo amarillo,

Qué pues doblón o sencillo

Hace todo cuanto quiero

Poderoso caballero

Es Don dinero. (Francisco de Quevedo)

¡Es el dinero! Los jeques de los países que nos parecen tan peligrosos como deleznables se sientan a la mesa con nuestros dirigentes, comen y engordan mientras sus súbditos empobrecen y muere. En esas mesas de banquete no hay diferencias religiosas ni culturales.

Esas las dejan para los millones de esclavos que están fabricando expoliando al mundo en su beneficio. ¡Es el dinero!

[José Antonio Luque, socio de MHUEL]

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10 enero, 2015

Autor/Autora

José Antonio Luque, es socio de MHUEL (@MHUEL_), analista social y colaborador de AraInfo.


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