Extractivismo a la aragonesa

30 julio, 2026. 10:20

El extractivismo, por si a alguien no le suena el término, es una dinámica económica que consiste en el aprovechamiento de las materias primas de un territorio sin que este proceso deje en el mismo tan apenas valor agregado, aunque el territorio tiene que absorber el impacto ambiental y poner las facilidades políticas, como en el caso aragonés.

En Aragón nos encontramos, como quien no quiere la cosa, no solo frente a varios ejemplos muy claros de extractivismo, sino que, además, se les está dando la bienvenida a bombo y platillo y naturalizamos que, por ejemplo, se vaya a construir un centro de datos que consuma tanta electricidad como toda la ciudad de Zaragoza.

Habrá a quien el término le suene exagerado. Por supuesto no es comparable a los destructivos monocultivos de algunos países del Sur o al trabajo en condiciones de semiesclavitud de la minería en África.

Pero, cuando en toda la UE las materias primas han sido esquilmadas, quedan amplios territorios que pueden ocuparse para la producción de energía y un recurso tan valioso como es el agua cuando estás en la cuenca del río más caudaloso de la península ibérica.

Por un lado el modelo por el que está apostando el Gobierno de Aragón es más de lo mismo: Zaragoza y alrededores. El poco impacto laboral que traiga todo el negocio de los centros de datos se queda en la capital básicamente. El resto del territorio queda destinado a la producción de energías renovables. Un bonito nombre para una energía fea.

En los últimos años el paisaje ha cambiado a ojos vista. No era raro ver campos eólicos en cualquier punto de la geografía aragonesa. Ahora lo que es extraño es andar cuatro pasos sin ver alguno.

A esto se han añadido las extensiones de placas solares.

Para completar el paisaje, aquí y allá alguna granja de cerdos (la proporción humanos/tocinos es de uno contra siete) y reservamos el Pirineo para la invasión turística.

Hasta el reciclaje de las industrias sucias es una industria sucia a su vez, como es el caso de las procesadoras de biometano como la que se quiere instalar en Calamocha para tratar los purines de las granjas porcinas.

Lo que más choca es el escaso o nulo interés ambiental en la evaluación de todos estos proyectos.

Incluso la citada planta de biometano cuenta con apoyo institucional y la correspondiente evaluación positiva. Nada sorprendente habida cuenta que se aprueban las instalaciones de las propias granjas que generan 20 millones de toneladas de purines anuales.

En la cima de la pirámide extractiva están los centros de datos.

Tan espectaculares son sus cifras económicas como opacas sus consecuencias.

Sabemos que se va a invertir muchísimo dinero, 33.700 millones solo Amazon. Pero se habla mucho menos del impacto en el empleo, que no termina de estar nada claro. En empleo directo se habla de entre 4.500 y 9.000 empleos. Cualquiera con unos mínimos conocimientos matemáticos sabe que hablar de una horquilla tan amplia es como no decir nada.

De momento la única cifra fiable son los 180 empleos de los seis centros de datos de Villanueva de Gállego. No parece una gran cifra para tanto eco.

Lo que sí impresiona es el eventual consumo eléctrico que podría ser exponencial: hasta 15 veces podría multiplicarse el consumo aragonés. Sobre el asunto del agua para su refrigeración se asegura que se retornará toda a los cauces. Tampoco tenemos datos, nos lo tendremos que creer.

Mientras tanto hay oposición evidente a todos estos proyectos y muchas preguntas pendientes sin responder.

Para algun@s queda la pregunta de si nos pasará como a los terrenos de monocultivo. Una vez terminado el tiempo de rentabilidad, o si simplemente hay una oferta mejor ¿Nos quedaremos los escombros y otros el beneficio? Todo apunta a ello.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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