En tiempos en que los otrora festivales de música alternativos, en los que la crítica política y cultural era uno de sus atractivos, han pasado a formar parte de oscuros fondos de inversión, el Hatortxu Rock es una rara avis, una luz en la oscuridad del mercado festivalero. Del 24 al 27 de julio en Lakuntza (Nafarroa / Euskal Herria) ha tenido lugar el último Hatortxu Rock, la 30ª edición en 26 años de reivindicación política por las presas y presos vascos.
El Hatortxu nació en 1999 con el objetivo de recaudar fondos que ayudaran a las y los familiares de los presos y presas vascas a sufragar los gastos ocasionados por la dispersión. Ha sido una herramienta de solidaridad política, que miles de jóvenes han asumido como propia, en la que han participado, y con la que se han comprometido para lograr el fin de esta política de venganza y excepción. Una situación que además de castigar a las presas y presos, lo hacía también con sus familiares.

La primera edición se celebró en el frontón de Berriozar, bajo el lema “Hator hator neska-mutil etxera!” (Algo así como ¡Venir chicas y chicos a casa!). Se eligió para este primer Hatortxu una fecha tan señalada como un 25 de diciembre, ya que, según los organizadores de la primera edición, “un 25 de diciembre se echa más todavía en falta a los y las que no están entre nosotros”. En esa primera edición, las paredes del frontón de Berriozar aparecieron llenas de pintadas fascistas y amenazantes que advertían que la reivindicación del fin de la dispersión a través de la música no iba a ser un camino de rosas.
El Hatortxu de Berriozar de 1999 nació con vocación de desaparecer. Fue un paso más en el trabajo a favor del fin de la dispersión y de la normalización política en Euskal Herria. Ahora que la política de dispersión ha terminado, el Hatortxu Rock ha perdido su propia razón de ser. Por fin ha llegado el momento. Agur Hatortxu.
Nacido para desaparecer
Duela zortzi urte hemen bertan ginen, hemen ez ginatekeela egon beharko esaten.
Eta gaur, azkenean, esan dezakegu emozioz baina pozik. Eskerrik asko maitia. Eta agur.#AgurHatortxu pic.twitter.com/uCWrWsjhBL
— Hatortxu Rock (@Hatortxurock) July 27, 2025
Esta 30 edición ha sido muy especial, más de 25.000 asistentes, cien grupos, espectáculos para todos los públicos, gran variedad y calidad musical y todo tipo de espacios culturales, desde los gratuitos hasta los grandes escenarios de un festival al uso, y todo ello sacado adelante con 7.049 personas voluntarias en cuatro días. Y eso, el auzolan o trabajo en común, ha sido una de las características de este festival a lo largo de los años. Y es que, ya quisieran muchos festivales profesionales, de aquellos de los fondos de inversión, tener el nivel de organización y profesionalidad que ha alcanzado el Hatortxu en estas 30 ediciones. Eso es lo que caracteriza como único al Hatortxu, la capacidad militante, que hace que todo se organice mediante grupos de trabajo de cocina, limpieza, electricidad, informática, tráfico, montaje, comunicación, management, merchandising, mantenimiento, punto seguro, comunicación, enfermería, seguridad (sin empresas de seguridad), etc. Todo ello en coordinación entre el pueblo de Lakuntza y la organización del festival.
En un tiempo histórico de triunfo cultural del neoliberalismo y el ultraindividualismo, el trabajo en común y en masa por un objetivo político, popular, y no material, inmediato e individual, es ya de por sí revolucionario y uno de los aspectos más bonitos de las múltiples resistencias anticapitalistas.
“Habéis hecho nuestras vidas más vivibles. Nos habéis fortalecido. De corazón, gracias”
Tras cuatro días de fiesta, conciertos y reivindicación, el Hatortxu se despidió de sí mismo y del pueblo que lo hizo nacer “con los cuerpos y mentes cansadas, pero con los corazones repletos de alegría” como apuntaron desde la organización. También añadieron que “este país ha dejado patente desde hace tiempo su capacidad para organizar el apoyo a sus seres queridos de las formas más innovadoras. Somos conscientes de la indiscutible voluntad y capacidad de transitar por ese camino hasta la vuelta a casa de la última presa política vasca, refugiada y deportada”.

Tras 26 años y 30 ediciones, Eztizen Artola, escritora e hija de preso, nacida el año en el que se celebró el primer Hatortxu, se encargó de poner las primeras y emotivas palabras a la despedida: “Habéis hecho nuestras vidas más vivibles. Nos habéis fortalecido. De corazón, gracias”. “Mi padre escuchó mi llanto por primera vez a través del teléfono, y cuando vosotras y vosotros estabais desmontando el primer Hatortxu en Berriozar, yo estaba haciendo mi primer viaje a la cárcel de Nanclares, tenía 15 días de vida. Cuando todas vosotras estabais en Huarte, Zizur o Villava, nosotras estábamos en Mansilla de las Mulas, en Burgos, Fleury, Badajoz, Picassent, Lannemezan o Aranjuez”.
Aduna Mendizabal, de la asociación Harrera Elkartea, un colectivo que se dedica a “ayudar a la integración social de las mujeres y hombres de Euskal Herria que han sufrido la cárcel o el exilio, para que puedan construir su vida de una manera digna”, señaló que los tiempos han cambiado, y que a pesar de que cada vez hay menos personas presas o en el exilio, sus necesidades todavía siguen siendo muchas, para que a las y los que quedan se les pueda garantizar un regreso digno: “Por eso, debemos centrarnos en ofrecer la ayuda que necesitarán para una vida digna, siendo nuestra solidaridad su compañera de viaje, para que el proceso de regreso sea más llevadero”, “Es imprescindible la implicación de todas y todos, de toda la sociedad, de las personas, de los agentes. Y sabemos que lo lograremos, entre todos y todas, aportando cada cual su granito de arena, para que puedan construir esa nueva vida que merecen. Y no los condenaremos, además de la condena, a una cadena perpetua. ¡La responsabilidad es de todas y todos!”.
Por su parte, Endika Alonso, concejal del Ayuntamiento de Iruña y uno de los primeros organizadores del festival señaló que “hace ocho años estábamos aquí mismo, diciendo que no deberíamos estar aquí”, que dos palabras, ”solidaridad y amor, ellas han sido el motor y el objetivo. Eso nos ha movido, eso nos sigue moviendo hoy en día. Y eso es lo que nos ha traído hasta Lakuntza”. Dijo que el Hatortxu nació desde el pueblo y por el pueblo, que “ha nacido para morir. Nunca fue un fin en sí mismo, sino una herramienta”. “Por Hatortxu, por todas las personas que lo han hecho posible y por quienes aún no pueden estar aquí. Hasta que todas estén en casa”, comentó. Por ello, y a pesar de ser una de las personas públicas comprometidas con la resolución y la normalización de la vida política en Euskal Herria, ha sido señalado por la derecha navarra.
26 años de camino, para despedirse “junto a 25.000 personas, que queremos en casa a las presas, exiliadas y deportadas políticas vascas. En casa, y de manera digna. Creyendo que es la forma de avanzar en términos de resolución. Hemos reivindicado, por tanto, bailar, cantar y disfrutar. Y celebrarlo. El orgullo y la ilusión por el trabajo de 26 años y 30 ediciones nos han dado fuerzas para organizar un festival de dimensiones tan grandes”. "Caerse, volver a levantarse y avanzar. Ese ha sido el camino de este pueblo. La espectacularidad y la imaginación siempre han sido también ingredientes de Hatortxu y de su camino”.

Nace Aske
Tras todos estos años aportando a favor de la convivencia en Euskal Herria, acumulando experiencia en la organización del Hatortxu Rock, el festival no se podía despedir sin anunciar que esto no acaba aquí. Que el camino no ha terminado, que “es hora de superar definitivamente las consecuencias del conflicto político que ha vivido Euskal Herria”. Con el fin de la dispersión se pone fin también al Hatortxu, sin embargo, nace Aske, con una nueva filosofía, propositiva, como han comentado desde la organización, “porque será la fuerza de este pueblo, que entre todos y todas teje y fortalece su libertad. Porque quienes nacimos para ser libres, debemos serlo”. Aske se presentará el próximo 27 de diciembre en la localidad navarra de Atarrabia.





